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Su sobrino tenía cataratas y creó una empresa de libros para leer con las manos

Jimena Barrionuevo
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16 de julio de 2018  • 08:08

Aunque es diseñadora gráfica y cursó algunos años de la carrera de Historia del Arte, no fue hasta que nació su sobrino Hilario que a Ludmila Carman Chiesa se le "prendió la lamparita" y logró poner en marcha Nina's Cheese , un proyecto en el que invirtió su alma y corazón. Es que Hilario nació con catarata congénita, una afección visual que, no detectada ni tratada a tiempo, puede derivar en la ceguera. "A pesar del golpe que significó para la familia, las cosas tomaron otro color gracias al impecable trabajo de los médicos y al minucioso trabajo que diferentes profesionales hicieron con él en el área de estimulación. Esto despertó mi interés y, cuando pensé en un regalo original para él, descubrí que no había en las jugueterías lo que yo imaginaba. Pensé en un juguete didáctico integral en formato de libro, que no sólo incentivase la estimulación visual, táctil y sonora y el desarrollo de la psicomotricidad fina, sino que fuese un medio para ayudar a crear un vínculo y potenciar el juego compartido".

Así, con un lápiz en la mano y algunos retazos de tela que encontró en su casa, nació lo que es su actual proyecto, Nina´s Cheese: una serie de libritos sensoriales o "quiet books", inspirados en la mística de los cuentos y la magia de los juguetes, que se puede tocar y explorar y que permite recrear, junto al adulto, una nueva historia cada día a través de páginas llenas de color. Siguiendo la esencia de los quiet books o libritos sensoriales, que son los que se suelen pasar de madre a hijo, abuela a nieto como un objeto único y original, definido por quien lo crea, puso en marcha la idea. No siempre hay alguien habilidoso en las familias y Ludmila quería ofrecer esta posibilidad como regalo.

"Los primeros libros, en la etapa más experimental, fueron hechos y cosidos por mi, luego incorporé costureras y empecé a trabajar con la cooperativa textil Mandarinas, que me permitió escalar la producción. Hoy, dos años después, los libritos son 100% hechos a mano por costureras que adoran lo que hacen, por que además de coser, les tienen que gustar las manualidades", explica. Cada diseño tiene ocho motivos para interactuar con el animalito sonajero elegido para jugar. Los motivos de las páginas tienen una suerte de hilo conductor gráfico, como para ir contándoles un cuento nuevo cada día, mientras los chiquitos tocan texturas, abren y cierran cierres, ponen y sacan botones, hacen sonar un chifle y ponen y sacan al animalito de cada una de las formas. Así, durante el tiempo que juegan trabajan la motricidad fina, la habilidad óculo manual, la coordinación y, por supuesto, ¡la imaginación!

Nina's cheese en números

Los libritos, que tienen un valor de $700, están pensados para chiquitos de 9 meses a tres años. Se pueden personalizar (hay temáticas de viajes, granja y paseos) y están listos entre las 48 y 72 horas desde que se confirma el pedido. "Tener un juguete en formato de libro, que además permita que se pueda contar un cuento diferente cada día y vincularse al inicio del lenguaje y al hábito por la lectura, ayuda a seguir dándole valor a los libros y al tiempo compartido con el adulto que inevitablemente en esta instancia, es decir la primera infancia, se necesita para narrarle una historia al pequeño mientras juega y descubre el universo con tiempo y amor".

Ventas: alrededor de 1000 libros por año.

Facturacion: 800 k.

Equipo: 3 personas, incluida Ludmila, se ocupan de los asuntos administrativos. Además, trabajan en forma independiente prestando sus servicios cuatro costureras y la cooperativa Mandarinas. Todo lo que tiene que ver con la producción, el diseño, el desarrollo de contenidos y la atención al cliente lo hace la misma Ludmila.

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