Qué tienen en común Homero Simpson, Don Pepito y la burbuja puntocom

Sofía Contreras
Sofía Contreras PARA LA NACION
Una versión 3D del auto que soñó Homero Simpson
Una versión 3D del auto que soñó Homero Simpson Fuente: Archivo
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17 de julio de 2018  • 00:12

Hace un par de días me puse a jugar con las nuevas funcionalidades de Instagram. Los que están familiarizados con la aplicación deben haber notado últimamente el incremento de Historias con la función de 'hazme una pregunta'. Es que ahora, los usuarios de la plataforma tenemos a nuestra disposición una función que permite publicar historias con un rincón para que nuestros seguidores puedan consultarnos lo que deseen, con la opción de responder públicamente, pero preservando el anonimato de quien pregunta.

Dejando de lado el análisis sociológico que podríamos hacer respecto a lo narcisista de las personas y cómo nos gusta contestar preguntas sobre nosotros mismos o el análisis crítico sobre cómo Instagram -por ende Facebook- s e está haciendo una fiesta de datos y lectura aún más detallada sobre tus gustos, miedos, sueños y esperanzas cuando contestás esas preguntas, lo que me llamó la atención fue la cantidad de consultas que recibí sobre dónde y cómo podían conseguir recursos o programadores para desarrollar apps. Tenía una leve sospecha de los motivos de estas preguntas, pero siendo que no conozco el contexto de todas las personas que me siguen en Instagram, antes de responder preferí entender por qué lo preguntaban y darles una respuesta acorde a lo que necesitaban. Me contacté con cada uno, y para mi no sorpresa, el motivo en todos los casos era el mismo: "tengo un negocio y quiero desarrollar esta app innovadora que haga tal y cual cosa".

Mi no sorpresa. Historia larga-corta

A nivel general, nuestro conocimiento sobre cómo emprender es acotado. En la mayoría de los casos, "emprendimiento" no es una materia que nos dan en el colegio, como matemática o historia. No nos enseñan las metodologías, herramientas, historias de éxitos y fracasos al emprender. Y si es que lo hacen, la forma de encararlo es desde una perspectiva anticuada, de desarrollo de productos. Haciendo la historia larga corta, esto significa que nos enseñan que para emprender hay que construir algo, durante mucho tiempo, gastar mucho dinero y después lanzarlo al mercado a ver si funciona. Para los fans de Los Simpsons, el mejor ejemplo es Homero construyendo el auto innovador que iba a cambiar la industria, después de meses y millones de dólares invertidos, y que terminó siendo un total fracaso. Pobre Homero.

Sumado a la falta de conocimiento sobre cómo emprender en general, otra cosa que no nos enseñan es que emprender, particularmente con tecnología, implica tener en cuenta variables diferentes que en negocios tradicionales y el conocimiento o ignorancia de estos factores significa afrontar un éxito o fracaso rotundo.

La falacia de la app innovadora

La historia que se repite: Pepito tiene una idea de una app re innovadora y piensa que nadie desarrolló algo similar en el pasado, no se toma el tiempo de buscar en Google para encontrar si ya existe algo similar en el mercado. Decide contratar una consultora o un equipo de desarrolladores que la haga, la consultora acepta y por un presupuesto bastante elevado, pero razonable, desarrolla el producto con las indicaciones de Pepito. Meses después, Pepito tiene su app con todo lo que pidió. Se la muestra a su equipo para que empiece a usarla y no la entienden. Se la presenta a sus clientes y posibles clientes, y no la usan; o sí, pero no la entienden. En el mejor de los casos, el 2% de los clientes la usa, pero ese número no vale el esfuerzo por el tiempo y recursos invertidos. Pepito pasa los próximos meses con el equipo de desarrolladores buscando los motivos por qué la app no se usa, no funciona o no escala. Pobre Pepito.

La historia ficticia de Pepito suena exagerada, pero es algo que se repite. Le pasa a personas, empresas, gobiernos, y organizaciones de todo tipo. Dentro de otras cosas es lo que pasó con la burbuja de las puntocom en el 2000. En una explicación extremadamente simplista, personas con ideas de soluciones tecnológicas salen a pedir inversión de inversores de riesgo para financiar sus proyectos, consiguen inversiones millonarias, valúan las empresas en millones, contratan profesionales, desarrollan productos, siguen levantando capital para, meses o años después, darse cuenta que al lanzarlos al mercado, el mercado no existía. Los inversores perdieron la confianza en su inversión, las empresas sin mercado no podían soportar las operaciones con números exorbitantes y tienen que cerrar. Explota la burbuja. Misma historia que Pepito y Homero.

Cómo evitar ser Pepito y Homero

La buena noticia es que, como he dicho en otras ocasiones, hay luz al final del túnel. La burbuja puntocom dio paso a una serie de empresas tecnológicas, escritores y emprendedores con experiencia y foco en emprender en tecnología o desarrollar productos tecnológicos disminuyendo el riesgo de fracaso al mínimo. Nombrando a los más conocidos: Paul Graham con ensayos como "Cómo empezar una startup", Steve Blank con "Desarrollo de Clientes", Eric Ries con "The Lean Startup", Alec Oxenford con "Business Model Canvas" y todo lo que significó también el surgimiento de los procesos de Design Thinking en la Universidad de Stanford. La mejor parte es que al día de hoy estos procesos y metodologías han sido implementados, validados y mejorados hasta el hartazgo. Podemos encontrar todo lo que necesitemos online y gratis.

Emprender y especialmente emprender con tecnología no es simple, pero existen principios que podemos tener en mente hoy y cambiarán nuestra forma de encarar nuevos proyectos.

3 claves para pensar antes de saltar a desarrollar esa idea innovadora

  • Enfocate en el problema, no en la solución

Las personas usan y compran productos porque resuelven un problema, solucionan una necesidad o satisfacen una pasión. Así de simple. Entender esto es la clave para construir una solución que se quiera usar y evitar desarrollar productos que fracasan. Antes de pensar en desarrollar una app que haga tal o cual cosa, primero hay que estudiar el problema, definir el perfil de las personas que lo padecen, pasar tiempo con ellos, entender y aprender cómo piensan, cómo actúan y así llegar a saber el trasfondo de ese problema o esa pasión. Cuanto mejor hagamos este trabajo, más probabilidades de éxito tendrá nuestro proyecto. A partir de ahí la ejecución es el segundo pilar del éxito. Como punto de partida, no es lo mismo decir: Quiero desarrollar una app que conecte médicos y pacientes online a Las personas pierden gran cantidad de tiempo debido a la ineficiencia actual del sistema de salud.

La opción dos, por un lado nos da el pie para empezar a identificar quiénes son esas personas, qué características tienen, entender que es la "ineficiencia" y todo lo que podamos descubrir de ese problema, y por otro, permite eventualmente idear distintas soluciones en base a toda la información que tenemos, que podrá o no ser una solución tecnológica y podrá o no tal vez ya existir.

  • Todo lo que desarrollamos lo usan personas, no te olvides de sumarlos a la ecuación

La inclusión de los futuros usuarios de las soluciones o de las personas que padecen los problemas no es algo que deba hacerse únicamente al inicio. Su involucramiento debe atravesar todos los procesos de punta a punta en el desarrollo de soluciones. Las personas tienen que estar en el centro de todo lo que desarrollamos y en todas las etapas. Entender el contexto y probar lo que vamos desarrollando con usuarios reales es una parte muy importante de desarrollar tecnología. No por nada otro de los trabajos mejores pagos y en auge actualmente aparte de los vinculados a programación son los de Diseño UX/UI y Especialistas en Usabilidad.

  • No quieras reinventar la rueda

Al día de hoy ya existen innumerables soluciones tecnológicas a disposición. Las probabilidades son que las ideas innovadoras que tenemos, no sean tan innovadoras y alguien ya las haya desarrollado, Googlear antes de saltar a desarrollar es muy aconsejable. Enfocarnos en el problema ayuda a orientar los esfuerzos a encontrar los mejores modelos para resolver lo que identificamos y entender a las personas que van a usar la solución ayuda a saber por ejemplo si están listos para adoptar esa tecnología o si tienen realmente ese problema. Tal vez la mejor solución sea la implementación a conciencia de soluciones ya existentes, la mejora de procesos o de interacciones.

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