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La reunificación de las dos Coreas: brillantes historias de criaturas vulnerables

Juan Carlos Fontana
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14 de julio de 2018  

Muy buena (la réunification des deux corées) autor: Joël Pommerat. dirección: Helena Tritek. intérpretes: Ingrid Pelicori, Pablo Lambarri, Maruja Bustamante, Natalia Cociuffo, Caro Solari, Esmeralda Mitre, Javier Pedersoli, Mario Alarcón, Agustín Rittano y Alejandro Viola. escenografía y vestuario: Sebastián Sabas. iluminación: Verónica Alcoba. sala: Cunill Cabanellas del San Martín. funciones: miércoles a domingos, a las 20.30. duración: 120 minutos.

El francés Joël Pommerat provoca y enternece o inquieta al espectador con esta tournée de personajes que habitan un espacio vacío y por instantes lacerante, como la soledad que transmiten y transitan sin pudor, inmersos en un humor tan absurdo como ácido.

Exponentes de distintas clases sociales son arrojados a un ámbito escénico cuya distribución, con plateas enfrentadas, se asemeja a la pasarela de un desfile de modas. Dieciocho son las pequeñas historias de esta pieza cuyos protagonistas van vertiendo su contenido de desencanto en la platea. Se ha dicho que el sentimiento que los une es el amor y sus variantes, pero no es tan así, porque acá los afectos de toda índole y las emociones parecen estallar casi desenfrenadamente.

Si el dolor y la tristeza se dan la mano con la impotencia y la resignación, también la traición y el desprecio coinciden en estos seres que no se dan tregua y exigen de los actores un máximo compromiso y expresión. Como si por instantes estuvieran atravesados por una brisa contenida o desbocada. Es el caso de Esmeralda Mitre en cuatro apariciones muy elocuentes. En su original y excelente interpretación de esa mujer que a pesar de la violencia recibida confía en reencontrarse con su marido. En el papel de la novia engañada, o en otro personaje en el que la actriz se luce con inteligencia y aciertos cuando hace de esa madre que junto a su marido encara al maestro que abusó de su hijo, o en el de la joven que se niega al aborto. En similar posicionamiento se destaca Ingrid Pelicori, con esa sensibilidad que la actriz expone a flor de piel en el personaje de la mujer que padece Alzheimer y en esa verborrágica prostituta que intenta disimular la vergüenza al tener que rogar por una mísera suma de dinero. También en escenas controvertidas y jugadas con valiosa entrega actoral aparecen Maruja Bustamante, Agustín Rittano y Mario Alarcón.

De Joël Pommerat (Roanne, 1963) se vieron dos piezas en Buenos Aires. Au monde (2004) y Todo saldrá bien (1) Fin de Luis, el año pasado. Su dramaturgia, que habla de las pérdidas y la separación, del desorden sociopolítico y de una intimidad tan sensible y perceptiva que provoca extrañeza en el espectador, se emparenta con la de otros autores europeos como Botho Strauss, Steven Berkoff, o Thomas Bernhard. Todos ellos hablan de un contexto histórico polémico, de contradicciones, disoluciones y esa ironía que Pommerat vierte al aludir a las dos Coreas, siempre enfrentadas, refiere a la urgente necesidad de un punto de encuentro, de una reunificación, que como puede observarse en esta pieza piden, se diría a gritos, sus personajes.

Joël Pommerat ha dicho en entrevistas que para él la importancia de su teatro se apoya en las ideologías, porque son estas las que incitan al debate, a ese aquí y ahora que permite sentirse vivo en el instante de la representación y posibilita esa cercana comunión entre el público y los intérpretes. Helena Tritek entendió muy bien este postulado, y con soltura y amable mano firme guio a los intérpretes por una extrema e inquietante galería de personajes, en la que los actores exponen sus emociones con absoluta convicción. En el final la canción interpretada por Natalia Cociuffo se yergue como símbolo de la necesidad de una reunificación a pesar de las disidencias, del reencuentro con un eslabón perdido.

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