Del arquero al técnico: así es la ruta de la mística de Croacia

En los penales, Subasic se recibió de héroe; Dalic es el DT finalista con menos pergaminos de los últimos años
En los penales, Subasic se recibió de héroe; Dalic es el DT finalista con menos pergaminos de los últimos años Fuente: Reuters
Sebastián Fest
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13 de julio de 2018  • 23:59

MOSCÚ.- Uno ataja con la foto de su amigo muerto pegada al pecho, el otro dirige sin dejar de aferrarse a un rosario. Es, sin dudas, gracias a su fútbol que Croacia lucha mañana por el título mundial, pero quizás haya algo más que eso.

La foto pegada al pecho de Danijel Subasic es la de su amigo Hrvoje Custic. Era el 29 de marzo de 2008 cuando, durante un partido por la Liga croata, Subasic le dio un pase largo y a la banda a Custic, que intentó controlarlo y luchó por la pelota con un rival. En la disputa perdió el equilibrio y terminó estrellándose contra el muro que delimitaba el campo de juego. El fuerte golpe en la cabeza determinó su muerte cinco días después. El NK Zadar no volvió a ganar un partido en ese campeonato, y a Subasic le costó horrores volver a jugar sin culpa. Es probable, incluso, que a sus 33 años aún se siga sintiendo responsable.

Fue evidente durante el Mundial, porque pocas veces un deportista se quiebra en público como lo hizo Subasic tras atajarle en octavos de final tres penales a Dinamarca y llevar a su selección a cuartos. No fue la hazaña deportiva lo que venció emocionalmente al arquero, aunque eso de desviar tres penales solo tuviera un precedente en la historia de los Mundiales: el portugués Ricardo ante Inglaterra, en Alemania 2006. No, lo que desestabilizó a Subasic fue la pregunta de un periodista acerca de Custic, su amigo inseparable de juventud, parte de un grupo que también integraba Luka Modric. Arquero del Mónaco, Subasic se quedó sin habla, primero, se tapó los ojos, luego, y terminó hundiendo la cabeza entre las manos para llorar. "Es difícil para mí hablar de eso", se disculpó luego. "Perdonen las lágrimas".

Más difícil le debe haber resultado lo que llegó después, cuando la FIFA le envió una advertencia por vestir ropa inadecuada durante un partido oficial. Es un evidente caso de falta de sutileza reglamentaria. Lo que la FIFA busca evitar, y es lógico que lo haga, son las manifestaciones políticas. La idea es que el fútbol no sea utilizado políticamente, pero nada de eso hay en la remera de Subasic con la foto de un sonriente Custic.

"Cuando sucedió lo que sucedió me pregunté por qué había jugado la pelota así. Me dije que si no se la hubiera pasado, él seguiría vivo. Después de aquel partido sentí que necesitaba desaparecer, me fui a Estados Unidos, pero no podía dormir, absolutamente torturado por el jet lag. Cada vez que me despertaba, y aún estaba oscuro, recordaba lo que había pasado y me preguntaba por qué había elegido pasarle la pelota a él, por qué no la había tirado al medio. De haberlo hecho, probablemente él no se hubiera golpeado. ¿Por qué quiso el destino que pasara algo así?".

Pregunta sin respuesta. El destino que le quitó a su amigo cruzó a Subasic con Dalic, el entrenador de curriculum más modesto que haya llevado jamás a una selección a la final de un Mundial.

El contraste de Zlatko con Didier

La final de mañana en el estadio Luzhniki de Moscú es la cumbre de la carrera de Dalic, cuyo nombre de pila, Zlatko, significa "oro" en croata. No es oro lo que cobra como seleccionador -seis veces menos que su colega Didier Deschamps-, pero sí lo es lo que logró con Croacia. Davor Suker, el presidente de la federación y tercero en el Mundial de Francia 98, lo llamó de urgencia hace nueve meses, cuando la selección se encaminaba hacia el fracaso en las eliminatorias. Dalic asumió dos días antes de un partido clave ante Ucrania (un 2-0, el 9 de octubre de 2017) y luego llevó al Mundial a su país imponiéndose en el repechaje con Grecia.

Si como mediocampista llegó a jugar en un club renombrado de su país como es el Hadjuk Split, en su papel de técnico, Dalic recorrió caminos muy secundarios, ligas de tercera o cuarta categoría hasta que Suker le dio la selección. En su paso por Croacia dirigió a Varteks Varazdin, HNK Rijeka y a Slaven Koprivnika. Estuvo en Albania, al frente de Dínamo Tirana, y en Arabia Saudita para dirigir consecutivamente a Al-Faisaly y Al-Hilal, antes de desembarcar en el Al-Ain de los Emiratos Árabes Unidos.

El contraste no podría ser más brutal: Deschamps dirigió a Mónaco, Juventus y Olympique de Marsella antes de desembarcar en la selección. Dos ligas de renombre como la francesa y la italiana, un mundo de distancia con la secuencia Croacia-Albania-Arabia Saudita-Emiratos Árabes de Dalic.

Pero algo poderoso debe anidar en el espíritu del seleccionador croata, de 51 años y del que muchos destacan su capacidad de motivación y su manejo tranquilo del grupo.

"Antes, en un tiempo distinto, era monaguillo. Iba feliz a misa todos los días", recuerda el técnico que dirige sin prácticamente sacar nunca la mano derecha del bolsillo del pantalón. ¿Qué hay ahí? Un rosario que prefiere no mostrar. Creer o reventar, pero la fe de Dalic movió a Croacia hasta la final. Quizás por eso no duda en dejar frases grandilocuentes, propias de alguien que no se conforma con haber llegado al último día: "Mi corazón es tan grande como Moscú".

La gambeta de Rakitic

Sugirió que se retira si gana el Mundial, pero después...

Ivan Rakitic es una de las figuras de Croacia y, además, una pieza indispensable de Barcelona. Al ser consultado sobre qué sería capaz de hacer con tal de ganar la final, se excedió: "Pagaría cualquier cosa por lograr el triunfo, la victoria de mi país, Croacia... Sí, definitivamente colgaría los botines el mismo lunes si ese fuese el precio por ganar la Copa". Al rato, sonrió: "Aunque no lo voy a hacer". Y elogió la designación de Pitana: "Me puso contento".

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