Daniel Heymann: "Para la desinflación se necesitan tarifas y un dólar sostenibles"

15 de julio de 2018  

Basar la política antiinflacionaria en un tipo de cambio bajo es comprar menor inflación en un momento al precio de una mayor inflación para otro momento. "Poner los precios relativos, como el tipo de cambio y las tarifas, en un lugar más o menos sostenible, es parte de un proceso de desinflación", advirtió el economista Daniel Heymann, en una entrevista con LA NACION. El investigador y docente de las universidades de Buenos Aires (UBA) y San Andrés (Udesa), señaló también que es esperable que en la búsqueda de soluciones a la situación actual haya lógicas no contractivas, como incentivar las exportaciones, y una mirada del FMI -"ese prestamista al que creo que se recurre sin entusiasmo"- que no se limite a medidas que resulten recesivas..

Según consideró, es posible que el país salga de la lógica de que cada movimiento del tipo de cambio derive en un traslado significativo a precios, aunque eso llevaría tiempo. Y respecto de la devaluación reciente, Heymann consideró que, por lo que se ve hasta ahora, el efecto sobre la inflación "parece moderado".

-¿Cómo evalúa esta devaluación abrupta, en cuanto a sus causasy sus efectos?

-Hay una reconfiguración de la economía en un escenario donde las condiciones internacionales cambiaron y hubo circunstancias particulares, como la sequía. Se venía con una cuestión cambiaria latente por el déficit en cuenta corriente, la economía en su conjunto necesitaba US$30.000 millones el año pasado para cubrir la brecha y este año venía para algo similar. Había financiamiento para cubrirlo hasta hace unos meses; no barato, pero había. Al mismo tiempo había una sensación de que el techo del tipo de cambio era bajo y de que el dólar era barato. Ahora empieza a haber un fenómeno de otro tipo. Hay una sensación de que el tipo de cambio tiene un límite que ayuda a sostener las condiciones externas con menos financiamiento que antes; ahí está un poco la cosa. La pregunta es si se definirá un nuevo nivel de tipo de cambio real, que genere la percepción de que se puede trabajar y que empiece a haber señales de que la necesidad de financiamiento externo se reduce. Lo que uno esperaría es que para ese objetivo haya alguna reacción no asociada con la recesión, sino con una movilización de exportaciones y una sustitución de importaciones.

-¿Hay algo que hoy permita sostener expectativas positivas para ese objetivo de exportar más?

-Hay elementos que creo que permiten pensar, si se mira al año que viene, en una recuperación. Las exportaciones industriales no habían tenido mal comportamiento en los primeros meses de este año. De la sequía nos vamos a recuperar, los precios están más bajos pero debería esperarse una recuperación significativa de la oferta exportable del sector agropecuario. Habrá que ver hasta qué punto el nuevo tipo de cambio estimula las economías regionales, las nuevas exportaciones industriales y el turismo. Y cómo impacta en el factor atesoramiento, porque cuando el tipo de cambio se perciba como ya ajustado, probablemente caigan los incentivos al atesoramiento. La pregunta crítica es si estamos en un sendero para tener niveles de actividad y de salario real razonables con una razonable demanda de fondos externos. Esto depende fundamentalmente de la oferta de lo exportable. En 2017 las exportaciones fueron considerablemente más bajas que en 2011, a precios corrientes y a precios constantes. Eso crea un problema de crecimiento, porque cada vez que se quiere aumentar la demanda interna las importaciones quieren crecer, y eso agrava el déficit en cuenta corriente. Hay un problema en la capacidad de generar divisas. Y está el tema fiscal. Teníamos un esquema donde la idea era que con sostener el gasto real el crecimiento permitiría bajar el déficit. Era una apuesta y tenía sentido probarla, porque lo otro era un ajuste brusco. Las condiciones cambiaron. Tenemos que vivir con menos déficit y va a ser costoso.

-Y con las nuevas condiciones llegó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, ¿cómo lo ve?

-El Fondo es ese prestamista de última instancia al cual creo que se recurre sin entusiasmo. Se pone a un actor muy relevante en la mesa de discusión de la política económica, del curso de la economía. Esperemos que el FMI tenga una lógica no solo contractiva.

-¿Cómo ve el objetivo de reducir el déficit fiscal?

-Los elementos de ajuste fuertes están en las tarifas, que es algo que tiene efectos inflacionarios; en los salarios del sector público, que se reducen por la inflación y que son un componente pequeño del sector público. Y está la inversión, la obra pública... Acá hay que juntar grandes números, y ojalá que todo sea lo más prudente posible, para que no se disparen dinámicas que espiralicen la recesión.

-El decreto de gastos de funcionamiento del Estado, ¿es un gesto?

-No veo ahí grandes números; es una señal. Y hay que ver los efectos sobre el sector público, porque no es solo que el Estado gaste menos, sino también que pueda funcionar.

-¿Qué cree que va a ocurrir con la inflación en los próximos meses?

-El pass through [pase a precios de la devaluación] me parece moderado por lo que veo hasta ahora. Se habla de una inflación de 4% en junio; en cualquier lugar, excepto en casos particulares, ese número sería enormemente alto, pero para nosotros y después de este ajuste cambiario es relativamente leve. En parte es por la caída de demanda interna. Veníamos con un problema: si se basa la política antiinflacionaria en un tipo de cambio bajo, en algún momento rebota, se compra menor inflación contra una inflación que va a rebotar mañana. Poner los precios relativos, como el tipo de cambio y las tarifas, en un lugar más o menos sostenible, es parte del proceso de desinflación.

-Aun con la corrección de las variables y un tipo de cambio que se considere ajustado, ¿haría falta también un cambio cultural para que una suba del dólar no tenga un traslado tan significativo?

-Hay conductas que están afirmadas como la dolarización de carteras y la influencia del tipo de cambio en la formación de precios. Eso responde a una experiencia. Por ahí el agente económico exagera, pero es razonable que espere que la inflación se vaya a acelerar y que se comporte según esas expectativas. Ese tipo de lógica se puede cambiar. Lleva años, es cuestión de persistencia. Se pueden establecer objetivos muy ambiciosos en esta variable y, entonces, a las otras variables se las subordina. Es cuestión de calibrar cuánto peso se le da a cada variable: actividad, salarios, equilibrio externo; todo importa.

-¿Hay posibilidad de que los salarios lleguen al menos a empatarle a la inflación este año?

-Habrá que ver qué pasa con las cláusulas de revisión de los convenios. Para que el tipo de cambio real suba y el salario real no caiga demasiado, tienen que aguantar los markups [el margen empresario] porque son dos variables que se ponen en juego.

-Desde el punto de vista de la actividad de las empresas, ¿cuánto pesa el nivel de las tasas? ¿Cuánto se depende del financiamiento?

-Tenemos una situación financiera muy tensa, con una tasa claramente por encima de lo sostenible. Es cierto que el mercado financiero es chiquitito, chiquitito. Ahora, si es ya escaso el crédito y si se vuelve extremadamente caro, en el margen creo que a las empresas les toca. Imagino una empresa que hizo pedidos de importación hace meses y le llega la mercadería al nuevo tipo de cambio, y no le prestan... Que le saquen lo poco que hay de financiamiento puede ser una restricción importante.

-Este Gobierno asumió con su promesa de pobreza cero. Con esta situación, ¿cómo estamos parados frente al tema social?

-Hay que hacer varias cosas: en primer lugar, política social. De alguna manera está reconocido en el programa con el FMI que la política social seguirá. Es un paliativo. Un gran desafío de mediano plazo es generar demanda de trabajo de baja calificación, para quien llega al mercado laboral con desventaja por su vida previa.

-Generar esos puestos, ¿es tarea de las empresas o del Estado?

-Un poquito de ambos. Y ojalá sea empleo productivo. Porque es una manera de integrar a la persona al funcionamiento económico general, y posiblemente se pondría al descendiente de esa persona en el sistema educativo. Para ese objetivo es también importante pensar macroeconómicamente.

La conducta del mercado y quién es el mercado

La llamada economía del comportamiento, que tiene un gran difusor en el premio Nobel Richard Thaler, se propone tomar elementos de la psicología para explicar fenómenos de la vida económica. "En los movimientos bruscos de los mercados financieros claramente hay un elemento de comportamiento; por ejemplo, el comportamiento de manada", afirma Daniel Heymann, consultado por LA NACION sobre la lectura que, desde esa rama de la teoría económica, puede hacerse sobre lo que pasa hoy en el país.

Y agrega: "Una pregunta es si las bolas de nieve surgen de la nada, si son puramente efectos del comportamiento o si, en realidad, son multiplicadores de fenómenos; es difícil saberlo, yo tiendo a pensar que hay un poco de las dos cosas".

-Cuando se dice que los mercados creen o no creen, o hacen o dejan de hacer, ¿quiénes son los mercados hoy en la Argentina? ¿Solo los grandes operadores? ¿También los ahorristas?

-Los grandes son grandes y los chicos son muchos...

-¿Sería entonces toda la población con capacidad de ahorro?

-Y sí... Sería lindo saber empíricamente quién mueve el amperímetro. Por lo pronto, es cuestión de visión: por intuición, los grandes son los que tienen la primera movida.

-¿Cómo ve la actual estrategia en materia de deuda pública?

-Ahora se ve que cambia la composición de monedas y de plazos.

-¿Eso es positivo?

-Como siempre, hay dos caras. Si la gente quiere activos en dólares se le venden activos en dólares. Hay una especie de desplazamiento de la deuda del conjunto del sector público a corto plazo en pesos, es decir, de las Lebac. La lógica del gran stock de Lebac siendo renovados en períodos cortos le daba fragilidad a la situación. Si hay búsqueda de activos en dólares, se le ponen a los activos en pesos tasas muy altas y, por otro lado, se ofrecen instrumentos en dólares. Emitir activos en dólares tiene dos caras: es más fácil venderlos pero hace a la deuda más sensible por el movimiento del tipo de cambio. La pregunta es hasta dónde se llega. Y lo ideal sería que la gente acepte tomar o mantener activos en pesos a una tasa relativamente baja: eso es una economía estable.

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