Elogio de la soledad literaria: los frutos de separarse un rato del mundo

Dos libros recientes, uno de Antonio Muñoz Molina y otro de Carlos Skliar, reivindican el aislamiento como condición de la escritura; historia de una experiencia fundamental
Silvina Premat
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15 de julio de 2018  

"Horas y horas acodada sobre un escritorio silencioso, en una habitación cerrada donde el mundo en guerra era puesto en suspenso y el mundo en letras comenzaba". Así describe el escritor e investigador argentino Carlos Skliar a LA NACION la "atmósfera" en la que escribía la poeta rusa Marina Tsvietáieva como ejemplo de una experiencia compartida por sus pares escritores y sobre la que muchos se han ocupado y se ocupan en sus obras: la soledad.

Hoy que la soledad se está convirtiendo para algunas sociedades desarrolladas en un problema al que atender hasta con políticas públicas, como es el caso del Reino Unido donde recientemente se designó una "ministra de la soledad", desde la literatura llegan intentos de rescate.

El miércoles de la semana pasada, Skliar presentó, en la librería Waldhuter de Buenos Aires, Escribir, tan solos. Una biblioteca de la soledad (Mármara Ediciones), una especie de ensayo, o más bien una poética, sobre la soledad literaria que en España va por la segunda edición y que desarma la identidad, que el autor considera errónea, entre la soledad, lo solitario y el padecimiento. Lo hace a través de las "figuras de la soledad" que le dejó la lectura de unos cuarenta grandes de la narrativa contemporánea como Emily Dickinson, Jorge Luis Borges, Marguerite Yourcenar, Stanislav Lem, Victor Hugo, Fernando Pessoa, Cesare Pavese, Coetzee, Alejandra Pizarnik y Chantal Maillard. Y desde principios de este mes, las librerías argentinas ofrecen Un andar solitario entre la gente (Seix Barral), la última novela del escritor y académico español Antonio Muñoz Molina, en la que un personaje camina, mucho y a solas, en la soledad peculiar de las ciudades.

Para Muñoz Molina, entrevistado por LA NACION, se trata de "una exploración de la propia soledad y la de otros que nos han precedido y a los que seguimos de manera inevitable. La observación que requiere el tipo de caminata que yo intento retratar en el libro es tan absoluta que parece incompatible con la compañía".

Ambos escritores sienten cierto desconsuelo frente a la soledad extrema a la que son abandonados hoy tantos niños y ancianos y advierten la necesaria distinción entre la soledad elegida, o como espacio de libertad, de la soledad que llega a la vida sin previo aviso y se padece. Muñoz Molina recuerda que en inglés existen dos palabras: solitude, una soledad que elegida o no siempre es gozada, y loneliness, la que no puede evitarse y tiene mucho de sufrimiento.

En tanto "experiencia humana fundamental", señala el escritor español multipremiado, la soledad forma parte inevitable de la literatura para la cual "más que un problema es un campo de conocimiento y expresión fundamental, un desafío para la indagación".

En la perspectiva de Skliar, que también es docente e investigador del Conicet y de Flacso, "la soledad, aún la más doliente, es condición para una relación íntima con la escritura, como si no hubiera literatura sin una soledad buscada. La diferencia abismal entre la soledad literaria y la soledad vital es que la primera es un punto de partida casi inexcusable y, la segunda, un destino a veces irremediable". Y agrega que "quizá también exista una dolencia que pueda describirse en términos de la imposible soledad, la permanente interrupción a la intimidad a la que estas sociedades nos fuerzan todo el tiempo, el no poder estar ni dejarnos en paz, en sosiego".

En su caminata el personaje de Muñoz Molina se encuentra y dialoga, además de con carteles, sonidos, situaciones reales y objetivas, con personajes e historias de otros escritores. "Miramos y caminamos de una cierta manera porque lo hemos aprendido de otros, que a su vez aprendían de los que habían caminado antes que ellos. De Quincey el primero de todos, y después Poe, y Baudelaire que los traduce a los dos y arrastra su influencia a la literatura europea y latinoamericana (yo descubrí a De Quincey a través de Borges), y más tarde Walter Benjamin, que traduce a Baudelaire al alemán y al mismo tiempo incluye la ciudad de Berlín en lo que podríamos llamar el mapamundi de las caminatas. Es una influencia literaria, y una influencia práctica: lees lo que ellos miraron y miras con tus propios ojos tu mundo de ahora mismo", explica Muñoz Molina.

La obra de Skliar es fruto de su experiencia como lector e investigador. Después de años de escribir reseñas de libros para revistas digitales notó que siempre se detenía en los personajes solitarios y en la experiencia de soledad de su autor. Y se encontró con que tenía un libro entre las manos. El tema de la soledad se volvió en él "un pensamiento sobre la atmósfera en la cual cierta literatura contemporánea se produce: la voz íntima de la infancia, la vejez, la adultez, la juventud, que va construyendo una determinada narración sobre la relación singular con la vida y con el mundo". Y concluyó en "una suerte de elogio a la soledad, un elogio cuidadoso, tenue, que contrasta con las figuras actuales de identidades siempre ruidosas, apresuradas y comunicativas", afirma Skliar.

Entre los que lean Escribir, tan solos habrá quienes puedan repetir con Fernando Pessoa: "La soledad me desola, la compañía me oprime"; toparse como Werner Herzog con esa "soledad del bosque en negro profundo, silencio de muerte, (donde) solo el viento se agita" o afirmar, junto a Marguerite Duras: "Solo puedo decir que esa especie de soledad la hice yo, fue hecha por mí. Para mí. Y que solo estoy sola en esa casa". O pararse de la vereda de Ana Blandiana: "Los miro y me asombra/ su soledad/ y lo culpables que son/ de estar tan solos". Y también habrá tantos que, como Dino Buzzati, se identificarán con aquel que "después, en la oscuridad, aunque nadie lo vea, sonríe".

Skliar confía en que la poesía sea el rescate para una lectura errónea de la soledad que en "Goethe o Dostoievski, Tolstoi o Dickinson son gritos encarnados en historias de desencuentros extremos que hoy nos cuesta reconocer como propias y, sin embargo, nos son contemporáneas y multiplican la idea torpe de soledad que hoy nos rodea".

Y reflexiona: "Quizá hoy la soledad regrese como problema, sí, pero también coexiste con toda una industria editorial de la soledad -no necesariamente literaria- que tiende hacia una imagen equívoca: que se trata de un problema o de una enfermedad a curar. Aun así, es la poesía, cierta poesía, la que mantiene y sostiene el hilo invisible de la soledad inherente a lo humano a lo largo de los siglos".

El caminante de Muñoz Molina registra todo con lápiz en un cuaderno, lápiz y cuaderno que "sostienen el reino de la autonomía personal, que me parece cada vez más valioso y más amenazado. Pero el cuaderno se escribe para que lo lea alguien, y la caminata se cuenta para instigar otras caminatas. Quizás la literatura nos importa tanto porque ofrece un punto de equilibrio entre la soledad y la comunicación".

Para leer en silencio

Fuente: LA NACION

Un andar solitario entre la gente

Autor: Antonio Muñoz Molina

Editorial: Seix Barral

Páginas: 496

Escribir, tan solos

Una biblioteca de la soledad

Fuente: LA NACION

Autor: Carlos Skliar

Editorial: Mármara

Páginas: 320

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