Un campeón discreto en un Mundial sin brillo

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
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15 de julio de 2018  • 16:34

Francia campeón, un campeón discreto que no se puede magnificar solo por el oportunismo del éxito. No es un equipazo. En estas competencias no siempre triunfa quien tiene el fútbol más excelso.

La final confirmó todo lo que le habíamos visto en partidos anteriores. Pese a algunos extraños errores defensivos, el equipo de Deschamps volvió a tener contundencia, a encontrar goles cuando nadie los esperaba, y a contar con Mbappé, un chico que demostró que el futuro puede ser suyo. Quizás Giroud, un 9 que no pateó al arco en todo el torneo y cuyo valor estuvo más relacionado con los de un número 5 sea la mejor explicación de esta Francia campeona.

Croacia no tiene nada que reprocharse, pero la realidad es que no fue superior a ninguno de sus rivales en las instancias eliminatorias. Llegó porque el fútbol sigue teniendo los mismos ingredientes que antaño: a veces pueden bastar un grupo de hombres con carácter y orgullo más algunos que juegan muy bien como Modric y Rakitic para ir superando los obstáculos.

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Los finalistas, en definitiva, fueron consecuentes con el Mundial que vimos. Tenía otras expectativas. Pensé que íbamos a disfrutar de más juego, de más fútbol, con equipos que se atrevieran a jugar mejor. Sin embargo, casi todos se parecieron y nadie deslumbró especialmente.

Brasil cayó en un partido que podría haber ganado, Bélgica aportó su calidad en ataque, a Inglaterra y México les faltó talento en los últimos 30 metros y me gustó el dinamismo de Japón. Pero todo fue muy parejo, muy pensado. Se juega con poca soltura y demasiada prudencia, con un temor permanente a ser declarado culpable de atrevimiento.

Casi todos eligieron esperar para salir con espacios abiertos. Recibir a espaldas de un volante defensivo fue una aventura y abundaron los centros. Tiene su lógica: la creatividad necesita de ensayo, y en las selecciones, con calendarios y jugadores saturados, no hay tiempo para ensayar. Por eso les doy más mérito a los equipos que intentan distraer y elaborar el juego para superar las defensas numerosas.

Rusia 2018: Francia festejó la Copa del Mundo

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La última reflexión es para pedir que en la Argentina acabemos cuanto antes con un mito. Ya nadie gana un partido solo, como en tiempos de Maradona. El fútbol ha cambiado. Hoy es uno para todos y todos para uno. La individualidad está en función del equipo y necesita el aporte del conjunto para sobresalir y resolver. Es lo mínimo para poder competir y deberíamos tenerlo muy en cuenta.

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