En el torneo de la seguridad extrema, Pussy Riot realizó un acto político en el corazón del Mundial

Varias personas ingresaron a la cancha en medio del partido - Fuente: TV Pública

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Marcelo Gantman
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15 de julio de 2018  • 23:59

MOSCÚ, Rusia.- Miles de cámaras de seguridad en estaciones de trenes y de metro. Puertas metálicas que solo giran si las acreditaciones de prensa y las entradas de los espectadores no son falsificadas. Cuerpos palpados con intensidad para revisar que nadie ingrese elementos prohibidos. Mochilas revisadas por escaners y notebooks que tienen que ser puestas en funcionamiento para demostrar que no son artefactos explosivos. Drones, satélites, Fan ID y personal de seguridad por donde se mire. Pero una banda de punk rock logra invadir el campo de juego en la final del Mundial, entre Francia y Croacia ,cuando se llevaban jugados 52 minutos del partido. "Only in Russia" diría la simpática cuenta de Twitter, si no fuera que este acontecimiento, para el gobierno de Vladimir Putin, no tuvo nada de divertido.

El ingreso de cuatro personas vestidas como policías (pantalón negro, camisa blanca y gorra también negra) fue un impacto inesperado para el juego. A los saltos, con la intención de establecer contacto con los futbolistas y saludarlos, (algo que consiguieron con el más joven de la cancha, Kylian Mbappé) los invasores tenían un plan: hacer una declaración política cuando el corazón del Mundial latía mas fuerte y desafiar a todas las autoridades presentes en el lugar. Lo lograron.

Fuente: Reuters

Todo fue obra de Pussy Riot, un colectivo feminista que en sus origenes era un trío de punk-rock. La invasión del campo de juego fue acompañada por una declaración en su muro de Facebook en el que recordaban los once años de la muerte del artista conceptual ruso, Dmitry Prigov, nacido en 1940 y considerado disidente durante la existencia de la Unión Soviética. El manifiesto de Pussy Riot incluyó un poema de Prigov que habla de los "policías celestiales" y los "policías terrestres" de Rusia que cuidan o reprimen a la sociedad según esa división. La indumentaria usada por Pusy Riot para invadir el campo de juego hizo referencia a esa alegoría.

En 2012 cinco integrantes de Pusy Riot fueron detenidas por vandalismo y odio religioso luego de improvisar un show en el interior de la Catedral de Cristo Salvador. El motivo del acto era protestar por la reelección del presidente Putin. El colectivo artístico-político está abiertamente enfrentado con las autoridades y sus intervenciones son para reclamar por presos políticos y por defender los derechos de los grupos LGBT . Por aquel acto en la Catedral fueron detenidas y juzgadas a dos años de cárcel tres integrantes de Pusy Riot: Nadezhda Tolokonnikova, Ekaterina Samutsevich y María Aliojina. El caso alcanzó gran repercusión internacional y luego de reclamos de diferentes organizaciones fueron liberadas antes de que se cumpla la pena.

Fuente: Reuters

La aparición de Pussy Riot en plena final del Mundial puede ser considerada como el desafío a la autoridad más grande que hayan hecho al gobierno ruso. Además, desarma toda la estructura reglamentaria y de mensajes explícitos que la FIFA utiliza para que el fútbol en los Mundiales no aparezca "contaminado" de declaraciones políticas. Se trató de justamente de eso: un acto político en las narices del presidente Vladimir Putin; el presidente de Francia Emmanuel Macron; la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

A los 52 minutos de partido ingresaron los miembros de Pussy Riot. A los 54 minutos se redobló el cordón de seguridad de los "Steward" de chaleco verde flúo, pero ya no había a quien intimidar. El acto político improvisado ya se había producido. Pusy Riot dejó su mensaje, una integrante se saludó con Kylian Mbappe y el aguerrido defensor Dejan Lovren "colaboró" para atrapar a una de las invasoras. Lovren hizo lo de siempre: intentar que nadie pase por su sector.

Algo de normalidad en el desafío de autoridad más grande que haya tenido el gobierno ruso durante el Mundial.Tan normal como que Vladimir Putin haya sido el único que quedó a resguardo de la lluvia con un paraguas, mientras Grabar, Macron e Infantino sentían como la pesada lluvia despedía a un Mundial al cual, ahora sí, no le faltó nada.

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