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La revolución sobre las tablas

La historia argentina, en el espejo de esta gran propuesta
La historia argentina, en el espejo de esta gran propuesta Fuente: LA NACION - Crédito: Gentileza Giselle Otero / FotoLucida
Mónica Berman
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16 de julio de 2018  

Yo, el espejo africano. Texto: Liliana Bodoc. Intérpretes: Sergio Berón, Néstor Navarría, Pedro Risi, Mariela Sasha Salaverry Vicente y Leticia Torres. Diseño de vestuario y escenografía: Laura Ávila. Diseño de luces: Fernando Raíces. Diseño sonoro: Fernando Cerra. Producción general: Compañía Teatral Tres Gatos Locos, en coproducción con Comedia de la Provincia de Buenos Aires. Dirección general: Galileo Bodoc, Federico Costa y Juan Manuel Gabarra. Sala: Hasta Trilce (Maza 177). Funciones: martes y domingos, a las 17. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: muy buena

"Hay objetos que jamás nos pertenecerán del todo", así se inicia El espejo africano, la bellísima novela de Liliana Bodoc, "objetos con rincones que no podemos limpiar ni entender". Y si un objeto que es material y concreto, que tiene dimensiones acotadas, deviene en un elemento inasible, ¿qué podría suceder con las historias? Esta, por ejemplo, se extiende largamente en el tiempo y viaja por el mundo atravesando culturas y lenguas. A la vez, es la historia de un espejo y de sus sucesivos portadores.

Un cazador africano talla con sus manos un espejo de ébano y se lo regala a su esposa. La cronología tiene allí su momento de inicio. Pero el relato no es tan lineal ni tan ordenado. Por el contrario, se trenzan los tiempos y los lugares. ¿Cómo hacer de esta propuesta que se sostiene en la potente escritura una puesta en escena? Con una serie de gestos de profunda inteligencia. En primer lugar, la construcción de un personaje narrador y el libro que lo acompaña. El espejo, devenido en esta función, ordena el relato, guía los pasos y sin tener una mirada condescendiente con sus espectadores niños (eso sí, no demasiado pequeños) arma un mapa por los lugares, por el tiempo y por la historia entendida en su doble acepción de relato y disciplina. Porque sí, aparecerán los esclavos africanos, San Martín y sus batallas, los conventos españoles, las damas de Mendoza. Pero además se abren múltiples temáticas.

Dar cuenta de todo lo que se plantea llevaría casi el mismo tiempo que el de la duración de la obra. Y, sin embargo, se comprende y se disfruta. Se goza de la poesía, pero también del humor. Como si se constituyera a partir de duplicaciones, como las que propone un espejo, pero no uno que construye identidad, sino divergencia. Para hacernos viajar, ocupan todo el espacio escénico, mudan vestuario, recurren a objetos de una acertada síntesis, con un ritmo que no decae, pero deja el tiempo suficiente para reflexionar: encuentran un delicadísimo equilibrio. Sin renunciar a una mirada crítica sobre la sociedad (las sociedades), pero sumando gestos solidarios que atraviesan clases sociales, la geografía y los tiempos.

Esta vez, Juan Manuel Gabarra, Federico Costa y Galileo Bodoc han dejado su lugar en el escenario para dedicarse a dirigir y, como era de esperar, esta nueva propuesta resulta magnífica. Nacida de una coproducción con la Comedia de la Provincia de Buenos Aires, por suerte, sigue rodando y multiplica espectadores.

En el escenario, Sergio Berón, Néstor Navarría, Pedro Risi, Mariela Sasha Salaverry Vicente y Leticia Torres (hay que señalar que su trabajo adquiere un carácter que la destaca por sobre un elenco de por sí bueno). En el diseño de vestuario, el papel de Laura Ávila es central porque el signo de los trajes es determinante cuando se atraviesan tantos tiempos y lugares diferentes; la iluminación de Fernando Raíces, indispensable para recortar espacios, focalizar miradas y construir sentidos; Josefina Lamarre se encarga de la dirección vocal.

La compañía Tres Gatos Locos propone un nuevo trabajo imperdible tanto para grandes como para niños.

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