La mano dura de Italia con los migrantes se anota un triunfo

Logró redistribuir en otros países los pasajeros de un barco rescatado el viernes
Elisabetta Piqué
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16 de julio de 2018  

ROMA.- La nueva política de mano dura y cierre de puertos a los migrantes del gobierno populista italiano volvió ayer a cantar victoria. En una nueva pulseada con sus socios de la Unión Europea (UE) , Italia logró, una vez más, redistribuir entre algunos de sus socios del bloque a 450 migrantes de una barcaza salvada el viernes, que Matteo Salvini, el ministro del Interior y hombre fuerte del gobierno bicéfalo italiano, había rechazado y que se encontraba frente al puerto de Pozzallo, en Sicilia, aún sin desembarcar.

"Después de Francia, Alemania y Malta, también España y Portugal han aceptado recibir parte de los inmigrantes presentes sobre naves frente a Sicilia. Bien, firmeza y coherencia pagan: ha terminado el tiempo de gobiernos cómplices y asustados", dijo exultante, a través de las redes sociales, Salvini, líder de la xenófoba Liga.

Salvini detalló que había dejado bajar a mujeres y chicos de las dos naves que habían salvado a los 450 desesperados a la deriva, salidos desde las costas de Libia. Y elogió el respaldo a su línea dura que le dio el primer ministro, Giuseppe Conte, abogado sin experiencia política que se encuentra al frente de la diarquía formada por la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas (M5E), de Luigi Di Maio.

"El próximo objetivo para derrotar de una vez por todas a la mafia del tráfico de seres humanos será volver a acompañar a los inmigrantes hasta donde partieron. En Italia y en Europa entra solo quien tiene permiso", agregó Salvini, que desde que puso en marcha su política de cierre y mano dura cosechó más popularidad entre los italianos.

Más allá de la satisfacción por haber logrado una vez más imponerse en la UE y redistribuir a los migrantes (cada país se mostró disponible a recibir 50 personas), la nueva vuelta de tuerca de Salvini enfureció al denominado grupo de países de Visegrad (Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría), desde siempre contrario a cualquier forma de solidaridad hacia los desesperados que buscan en Europa un futuro mejor.

"He recibido una carta del premier italiano en la que pide a la UE ocuparse de una parte de las 450 personas ahora en el mar. Semejante enfoque es el camino hacia el infierno", denunció el premier checo, Andrej Babis. "Nuestro país no recibirá ningún migrante, la única solución de la crisis migratoria es el modelo australiano, es decir, no dejar desembarcar a los migrantes en Europa", agregó.

Le hizo eco, poco después, su par húngaro, Viktor Orban. "Hungría no recibe a nadie. Los electores húngaros se expresaron claramente en las últimas elecciones: no quieren vivir en un país de inmigrantes", dijo Istvan Hollik, vocero de su grupo parlamentario. Se trató de una ducha fría para Salvini, "soberanista" que considera los países del grupo de Visegrad como aliados naturales.

Pero Conte no se dejó amedrentar. "Estas son la solidaridad y la responsabilidad que siempre le hemos pedido a Europa y que ahora están comenzando a ser realidad", escribió en Facebook, al celebrar el hecho de que Portugal y España hubieran decidido recibir a 50 de los 450 migrantes en cuestión.

En un clima de gran tensión, también intervino Roberto Fico, presidente de la Cámara de Diputados y miembro del M5E. "Quien no acepta las cuotas [de inmigrantes] debe ser sancionado pesadamente", dijo. Y en respuesta al premier checo, apuntó que "el camino hacia el infierno es no saber recibir".

Desde Moscú, adonde viajó para seguir la final del Mundial, Salvini reiteró su línea de intransigencia.

"Las ONG deben ahorrar tiempo y fatiga, que sepan que los puertos italianos ya no están disponibles. A Italia uno llega solo si tiene permiso, ya no somos el campo de refugiados del mundo", afirmó.

Por la calle, la nueva política de cierre y redistribución de migrantes del gobierno cosechaba adeptos.

"¿Francia recibirá a 50 de los 450 migrantes? Ahora que ganó el Mundial debería recibir a 5000", comentó Beppe Leonardi, mozo de un bar de esta capital.

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