El método es la magia: por qué a la selección argentina le fue tan bien en el Mundial

Andrés Eliceche
Andrés Eliceche LA NACION
Fuente: Reuters
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16 de julio de 2018  • 08:06

Que la AFA haya echado a Jorge Sampaoli es un dato menor, casi irrelevante. Al final, se trata de un apellido más fagocitado por la lógica que domina a los dirigentes del fútbol argentino, incesantes buscadores de soluciones mágicas, incapaces de atender los problemas de fondo. Ni, mucho menos, de mirarse entre ellos y hacer una autocrítica real. Se apila este nombre a los de otros cinco que ocuparon el cargo de entrenador de la selección argentina de mayores en los últimos diez años: Maradona, Batista, Sabella, Martino y Bauza. El listado es suficiente para advertir un rasgo: no hay detrás de esas elecciones una búsqueda coherente sino apenas bandazos de un lado a otro detrás del técnico de las encuestas, el de moda o el que quedaba a mano después de que otros dijeran que no. ¿Por qué creer que el próximo paso no será otra manera de seguir retrocediendo?

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Haber quedado fuera del Mundial en los octavos de final es un triunfo si se compara cualquier resultado futbolístico de la Argentina con el ecosistema que le da forma. ¿Qué ha hecho la AFA para merecer algo mejor en los últimos años? No hay un proyecto integral que prepare a un futbolista para ser parte de la selección durante muchos más años que los que le dan marco a la etapa formativa. No, al menos, desde la salida de José Pekerman en 2006. Aquella camada integrante del plantel que ganó el Mundial Juvenil 2007 que dirigía Hugo Tocalli, última reserva de los años dorados, acaba de mostrar en Rusia que también para ellos los mejores tiempos son los que pasaron: Di María, Agüero, Mercado, Fazio y Romero (ausente en este Mundial) son la representación perfecta de todo lo que se hizo bien pero se abandonó. Y el precio se paga en efectivo.

Pekerman, eje de un camino que la AFA abandonó hace más de diez años
Pekerman, eje de un camino que la AFA abandonó hace más de diez años Fuente: AFP

En su carrera autodestructiva, la AFA de Grondona también aplicó la regla de la urgencia para los procesos juveniles. Sergio Batista, Walter Perazzo, Marcelo Trobbiani, Humberto Grondona y Claudio Úbeda -este último elegido por Armando Pérez- dirigieron a la Sub 20 en los últimos cinco Sudamericanos, que se realizan cada dos años: manotazos de torneo a torneo, que suelen terminar mal. En tres de esas cinco ocasiones se consiguió la clasificación al Mundial de la categoría, de donde la selección salió eyectada rápido: solo en Colombia 2011 superó la fase de grupos, antes de haber sido eliminada en cuartos de final. En el próximo Sudamericano, en Chile en enero, no estará Sebastián Beccacece al mando, que ocupó el cargo durante un año pero ya renunció.

Sergio Batista, Walter Perazzo, Marcelo Trobbiani, Humberto Grondona y Claudio Úbeda dirigieron a la Sub 20 en los últimos cinco Sudamericanos, que se realizan cada dos años: manotazos de torneo a torneo, que suelen terminar mal

Pero hay algo más significativo que esos datos duros: apenas cuatro jugadores de esos ocho planteles -los cinco Sudamericanos y los tres Mundiales- escalaron hasta un Mundial de mayores. Son Federico Fernández, Eduardo Salvio, Nicolás Tagliafico y Cristian Pavón -el primero en Brasil, los últimos tres en Rusia-. Un cosecha mínima, que deja en evidencia lo mal que se sembró. No hay magia, hay método. Y cuando se carece de él, las costuras quedan a la vista del público, aunque el agite patriótico que se inflama cada cuatro años empuje a crear ilusiones de campeón. Pensándolo mejor, hay que entender que dentro de esta lógica la magia es el método.

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"En el fútbol, si un tipo puso dinero, pues ya lo puso y ya por eso sabe de fútbol y toma decisiones y pone al técnico que se le ocurre." La analogía del Patrón Bermúdez -parte de una interesante entrevista del suplemento Enganche del diario Página/12 del último sábado- explica en esas pocas palabras una parte central del problema que ha llevado al fútbol argentino a este punto de quiebre. No hay por encima del Sampaoli del día el trazo grueso de un plan: ¿quién los va a escribir, el dirigente de turno? Cuando ganó la Copa América de 2011 con Uruguay -en la Argentina, además-, el Maestro Tabárez dijo que él no había "inventado nada", que solo había cruzado el Río de la Plata para ver lo bueno que se había hecho en las selecciones juveniles de aquí durante tantos años para replicar el modelo a la uruguaya. Esas palabras hacen hoy el mismo ruido de entonces: el del vacío.

En el fútbol, si un tipo puso dinero, pues ya lo puso y ya por eso sabe de fútbol y toma decisiones y pone al técnico que se le ocurre
Patrón Bermúdez

Pero también Pekerman debería ser un nombre más, porque ninguna solución puede descansar en una persona. Quizás ahora, con el agua al cuello, piense Claudio Tapia que llegó el momento de pensar en grande. Que no era Sampaoli el punto. Que tampoco lo será el que agarre la sortija que él mismo ofrezca en la calesita infernal de la AFA. Que mejor sería juntar los que saben de fútbol y no solo de arreglar o desarreglar contratos. Que así seguro se podrían identificar mejor tantos errores acumulados, analizarlos y ponerlos en perspectiva, para achicar el margen de repetición que viene dándose. Que solo de una mirada hacia adentro podría nacer una mejor hacia afuera.

O no. También puede Tapia contratar al técnico que le venga en gana y decir que es "el mejor del mundo". Porque los gustos hay que dárselos en vida.

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