Suscriptor digital

Con el sabor de la venganza

TRAPOS SUCIOS Por David Lodge-(Anagrama)-Trad.: Jaime Zulaika-145 páginas-($ 15)
(0)
15 de agosto de 2001  

Un prolífico guionista de televisión y cine, de mediana edad, antaño joven promesa de la dramaturgia británica, es incautamente apabullado y vilipendiado por una niña terrible de la prensa londinense que lo entrevistó y, luego, ventila "trapos sucios" (home truths, según el título en inglés). La narración comienza el domingo en que el reportaje aparece en un suplemento literario y es leído por un matrimonio amigo de la "víctima" en la sala de estar de la casa de ellos, cercana al aeropuerto de Gatwick. El dueño de casa, otrora novelista promisorio, que dejó de escribir ficción porque las reseñas infaltablemente sugerían la inferioridad de sus nuevas obras con respecto a la primera, vive de preparar antologías. La amistad entre ambos se remonta a los tiempos estudiantiles, cuando quien es ahora dueña de casa mantuvo una relación simultánea con los dos.

Esta novela, originalmente una pieza teatral estrenada en Birmingham en 1998, se devora de un tirón de punta a punta. La acción se desarrolla siempre en la misma sala en que se inicia, con la excepción de una breve escena (evidentemente insertada para la versión narrativa y no del todo indispensable) que transcurre en un auto camino al aeropuerto e incluye fugazmente a un quinto personaje, el compañero de lecho de la periodista.

Como en muchas de sus varias novelas, casi todas publicadas en castellano por Anagrama, Lodge exhibe una notable capacidad para mezclar la compasión por las miserias humanas de sus personajes con la acidez de una sonrisa que raramente llega a la carcajada, mezcla focalizada en este caso en ciertas relaciones de los escritores con la prensa y de la prensa con el público. También da muestras de una fina inteligencia para armar la trama, sin que por eso los personajes deban decir algo inteligente o hacer gala de algún saber o información. Por el contrario, esta narración básicamente compuesta de diálogos hace cabal honor a su origen teatral y al sentido etimológico de "drama": es pura "acción".

Mientras los esposos están leyendo el reportaje, llega el sufriente entrevistado y convence a su camarada de que lo ayude a llevar adelante una venganza contra la entrevistadora maldita. Los avatares de esa venganza, finalmente poco exitosa en cuanto a los fines proyectados, constituyen la sustancia de la acción, a través de la cual irán surgiendo también "trapos sucios" de los dos amigos por separado y entre sí, de las relaciones de ambos con la esposa del segundo y hasta de la propia periodista. Y, como en el teatro que prefería Aristóteles, todo desemboca en una "peripecia" (cambio de la acción en sentido contrario). Lo único que podría objetarse al respecto es que con ese fin se recurra a la noticia de la muerte de Lady Diana como a una suerte de deus ex machina. De todos modos, los efectos de esa noticia en el relato se vuelven esenciales, y la compasión que despierta en Inglaterra aquella muerte se funde con la que surge en los personajes ante sus propias miserias, y con la que, con una sonrisa en los labios, experimentan el autor y sus lectores.

David Lodge, nacido en Londres en 1935, fue profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Birmingham hasta los cincuenta años, cuando se retiró para dedicarse por entero a la escritura. Además de narrativa, teatro y guiones de televisión y cine, ha escrito libros de crítica literaria (entre ellos El arte de la ficción, publicado en castellano por Península) no menos celebrados que su otra producción.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?