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Restaurantes

Albamonte: la cantina escondida en Chacarita donde la pizza es solo la entrada

Pablo Mascareño
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19 de julio de 2018  • 14:05

El ambiente familiar se percibe con solo ingresar. Una sensación que se contagia entre los comensales y entre los anfitriones. Es que la cantina Albamonte es de esos rincones de Buenos Aires a los que se recurre para comer rico y abundante, como en casa . Y, además, para ser atendido de manera personalizada, asesorado, mimado. Acá los mozos sirven la mesa como quien se la prepara a un ser querido. Nadie va solo. A Albamonte se va en barra: con la familia o con los amigos. Y, si bien siempre hay nuevos clientes, la gran mayoría conoce el lugar desde hace décadas.

Es que la tradición se contagia de generación en generación. "Hay gente que viene desde hace 30 años. Tenemos clientes que se fueron a vivir al exterior y, cuando regresan al país, deciden comer acá. Lo que más les gusta es que los platos se hacen igual desde el 58", explica Antonio Iannone, uno de los fundadores de este querido bodegón ubicado sobre la avenida Corrientes en el corazón neurálgico de Chacarita. A Antonio lo conocen todos. Los clientes lo saludan como se saluda a esos viejos y queridos conocidos.

Atrás del salón hay una familia que mantiene la tradición
Atrás del salón hay una familia que mantiene la tradición Crédito: Mauro Alfieri

En 1958, junto con diez compañeros con los que compartía el trabajo en un restaurante que acababa de cerrar, decidió fundar este lugar que pronto se convertiría en un mojón ineludible de la cartografía gastronómica de la ciudad. "Pasamos de empleados a ser socios. Cada uno tenía su puesto: jefe de cocina, jefe de pastelería, adicionista, mozo de salón. Todos sabíamos lo que teníamos que hacer. Así empezamos. Éramos todos conocidos, tipo familia. Este local estaba cerrado desde hacía más de un año, así que le hicimos algunas remodelaciones antes de abrir", recuerda Antonio, quien conserva intacto ese acento que rápidamente deschaba su origen calabrés hace 83 años.

Estirpe familiar

Antonio primero contagió su pasión a su mujer, María Inés, quien lo acompaña todos los días y es un puntal fundamental de Albamonte. Años más tarde, en 1992, se sumó Sergio, el único hijo del matrimonio, quien con su llegada le dio aires nuevos al lugar, sin dejar de lado la calidad, el estilo y los sabores que identifican la carta de la cantina. A sus 45 años, Sergio, que probó incursionar en otras vocaciones, sabe que la gastronomía y Albamonte son una pasión que se lleva como marca en el orillo. "Cuando comencé a trabajar, me propuse darle otra impronta, pero manteniendo la calidad y cantidad de los platos porque esa es la clave de nuestra casa. Más allá de eso, propuse sostener el ambiente, pero con algunas comodidades como incorporar aire acondicionado, cambiar los manteles de papel por los de tela, darle un uniforme diferente a los mozos, adquirir una máquina de hielo, una freidora de última generación, entre otras modernizaciones", detalla Sergio Iannone con el orgullo de haber aportado su mirada joven a ese lugar entrañable en el que transcurrió su infancia. Hoy, su mujer y Micaela, su hija de tan solo 15 años, continúan la tradición recibiendo a los comensales y atendiendo la caja. "Pasamos la vida acá. Las decisiones se toman en conjunto y mirando para adelante. Hemos sabido congeniar la vida familiar y el trabajo. Nos entendemos y nos queremos mucho, por eso, los lunes, cuando no abrimos, también estamos juntos", explica con orgullo indisimulable María Inés. Su hijo coincide: "Estamos siempre unidos y online con la cantina. Uno cree que puede hacer otra cosa, pero cuando se entra a Albamonte, el enamoramiento es instantáneo. Amamos este lugar, somos positivos y siempre tratamos de mejorar el servicio".

Históricamente, el querible bodegón de Chacarita ha sido muy frecuentado por personalidades famosas. "Cuando aún era presidente, Raúl Alfonsín vino a comer luego de un acto. Pidió pizza y pasta. También eran muy habitués Jorge Porcel y Alberto Olmedo. Susana Giménez venía con Héctor Cavallero y comía Rigattone a la Príncipe de Nápoli. Graciela Alfano llegaba con Enrique Capozzolo. También hemos tenido a Guillermo Francella y a Ricardo Darín sentados en nuestras mesas", enumera Antonio. Ahora es habitual ver a los actores Martín Seefeld, Diego Peretti, Rodolfo Ranni, o Alejandra Darín, entre otras personalidades de la farándula que se acercan, generalmente, luego de sus funciones teatrales.

A la carta

La Mercedes Benz sale mucho como entrada
La Mercedes Benz sale mucho como entrada Crédito: Mauro Alfieri

El menú es bien heterogéneo. Rico y abundante como si se hiciese en la cocina de la abuela. El sello italiano está impregnado en la carta de sabores, pero no es excluyente. A la pizza de Albamonte no hay con que darle. "La gente nos pide la pizza como entrada", explica María Inés. La joya de la casa es la pizza Mercedes Benz, un manjar tripartito que incluye fugazzeta, muzzarella y pizzaiola. Una verdadera marca registrada. No se quedan atrás las pastas, todo un símbolo del lugar. Los rigattoni a la príncipe, los fusilli a la scarparo y los raviolones de ricota se llevan todo los premios. El pollo a la calabresa y los escalopes al jeréz son verdaderas especialidades. Y si de platos de mar se trata, el salmón, el lenguado, la trucha y la cazuela de mariscos arrasan. Para los que añoran un buen quincho campero, la formidable parrilla rápidamente los hará olvidar que se está en medio de la ciudad. ¿Lo nuevo? La pasta con mariscos, la flamante estrella de la casa. Cada plato se ensaya y se prueba hasta que logre el punto justo. Recién ahí, es incorporado a la carta.

Las pastas caserísimas salen caseras
Las pastas caserísimas salen caseras Crédito: Mauro Alfieri

Frente a los postres, los paladares golosos están de parabienes con manjares que hacen olvidar por un rato a la dieta. "Nuestro merengue se hace con la misma receta desde 1958 y es el mejor de la ciudad. Se elabora con clara de huevo, azúcar, limón. Y se le agrega dulce de leche, crema o se sirve mixto", dice Sergio Iannone. Su padre explica que "el tiramisú, la sopa inglesa y la torta de ricota también han tenido sus seguidores según la época". Si bien la carta es bien similar a la original, algunos platos como el minestrone, la tarta pascualina o la torta real ya no se hacen más porque los paladares de los clientes van cambiando y hay platos que ya no se piden. Clásico y actual, esa parece ser la fórmula de este formidable bodegón que es todo un refugio en medio de una zona de transeúntes apurados. Dentro de la cantina, el ritmo es otro. Quienes deseen comer en pocos minutos, tienen perdida la batalla de antemano. "Acá es todo minuta, no hay nada marcado. El que quiere un pollo, tiene que esperar los 45 minutos de la cocción. Lo mismo con las pastas que se hacen acá. Nada se trae hecho", dice María Inés.

Crédito: Mauro Alfieri

Un lugar en el mundo

"Uno no se da cuenta del lugar que Albamonte ocupa. Pero es muy gratificante. Vemos como van pasando las generaciones de clientes: abuelos, hijos, nietos, que más que clientes son amigos, y nos brindan gran afecto. Algunas chicas nos contaron que cenaron acá antes de ir a internarse para dar a luz", cuenta la esposa del fundador.

Los mozos son la otra familia. Aunque no llevan el apellido Iannone, tienen mucha antigüedad y son viejos conocidos de los clientes. "Ellos saben como guiar para que la elección del plato sea del agrado del comensal. Todos son mozos de oficio y vocación", agrega María Inés. Algo similar sucede con los cocineros, quienes acarrean larga data en Albamonte, y en su cocina aprendieron el oficio. 6 cocineros, 2 pasteleros, 2 responsables de atender el mostrador y 6 mozos conforman el staff que cada día recibe a los visitantes. Antonio, como gran maestro, es el responsable de trasladar los secretos de la pastelería de sabores exquisitos y únicos.

Crédito: Mauro Alfieri

"Si estoy en casa es porque estoy enfermo. Si no vengo, extraño, a mí me gusta hablar con la gente. Acá todos me conocen porque nuestra clientela es tradicional, como una familia", dice Antonio, el alma del lugar, el querible fundador de este bodegón arraigado en la cultura porteña. Ubicado a pocas cuadras se erige la zona cool de Chacarita. Pero por sobre la avenida Corrientes, el ritmo vertiginoso de la gente de paso convierte a la zona en un hervidero. Puertas adentro, Albamonte propone romper con esa vorágine, y adentrarse en un espacio que invita a la charla con viejos conocidos, acompañada por un buen vino y degustando esos sabores que recuerdan a las recetas de la abuela.

¿Dónde? Avenida Corrientes 6735, Chacarita.

¿Cuándo? Martes a la noche. Miércoles a domingos mediodía y noche. Lunes cerrado.

Reservas: 4553-2400 / 4554-4486

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