Moralina progre

18 de julio de 2018  

No pudo haberlo dicho mejor el director de la Real Academia Española , Darío Villanueva: "La corrección política es una forma de censura perversa". Se refiere, entre otros, a los que demandan de manera prepotente que el idioma castellano se adapte a los últimos reclamos de género. Por ejemplo, que "les" reemplace a "los" y "las", y que "todes" abarque a todos y todas. El célebre escritor Arturo Pérez-Reverte, miembro de ese cuerpo, amenazó con dar el portazo si el organismo rector de nuestra lengua cede a esos intempestivos reclamos.

Hasta no hace mucho, la corrección política venía revestida de buenas maneras que ha perdido y que ya no le importa siquiera simular. Se comprueba en el insólito "prontuario" sexual que una periodista de Página/12 publicó contra Amalia Granata por el simple hecho de ser antiabortista. O el sorprendente pedido de Florencia de la V a Lizy Tagliani para que no haga más humor "trans" porque podría perjudicar esa causa.

La imposición de rígidas reglas, antes terreno exclusivo de religiones e ideologías poco laxas, viene ahora por el lado más inesperado. Los falsos progresismos penalizan a quienes no se avienen a sus nuevas retóricas moralistas. Por eso, quien no acata será atacado.