Primero no flotaba; ahora, es muy grande: el caso del súper submarino español

El nuevo submarino español
El nuevo submarino español Crédito: Diario El País
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18 de julio de 2018  • 11:41

MADRID.- Los problemas que rodean la rocambolesca historia del nuevo submarino de la Armada española aún no se han resuelto del todo. Primero fue el excesivo peso de la nave, que impedía que flotase y obligó a aumentar en 10 metros su eslora y en 800 toneladas su desplazamiento. Ahora el problema es que, con sus nuevas dimensiones, el S-80 Plus no cabe en las fosas de atraque de la base naval de Cartagena (Murcia), lo que obligará al ministerio de Defensa a dragar y ampliar los muelles. El costo de las obras de infraestructura necesarias para adaptar la base al nuevo sumergible, incluida la ampliación de las fosas, asciende a 16 millones de euros.

El gobierno de España aprobará en los próximos días la elevación del techo de gasto del nuevo submarino S-80 Plus en 1772 millones de euros; lo que, sumado al presupuesto inicial de 2132 millones, da un total de 3907, casi mil millones por cada uno de los cuatro sumergibles, prácticamente el doble de lo previsto.

Los responsables del ministerio de Defensa del anterior gobierno de Mariano Rajoy dejaron listo el expediente de modificación del costo del S-80, pero no llegaron a aprobarlo, por lo que el nuevo equipo dirigido por Margarita Robles debe darle trámite con urgencia (pedir informe al Consejo de Estado, elevar el techo de gasto y rectificar la orden de ejecución a la empresa Navantia) si no quiere que en otoño se paralice su construcción.

El programa sufrió un serio tropiezo en 2013, cuando se demostró que se había producido un desvío de 125 toneladas en el peso, lo que comprometía la flotabilidad del submarino; es decir, que no estaba garantizado que saliera a flote tras sumergirse.

El ministerio de Defensa contrató como asesora a la estadounidense Electric Boat que, por 14 millones, confirmó el diagnóstico de los expertos: para reequilibrar pesos había que alargar la eslora en 10 metros. Se hizo incorporando otras 16 cuadernas (las "costillas" de un navío) al submarino y aumentando el desplazamiento hasta 3000 toneladas. El nuevo modelo se rebautizó como S-80 Plus.

Un efecto colateral de estos cambios es que el nuevo submarino ya no cabe en las fosas (muelles de atraque) de la base naval de Cartagena (Murcia), con una dimensión máxima de unos 78 metros. Para que quepan los cuatro submarinos habrá que dragar y alargar las fosas lo que, unido a otras obras de infraestructura necesarias para adaptar las instalaciones al nuevo sumergible, costará unos 16 millones.

No obstante, la mayor incertidumbre que sigue pesando sobre el proyecto es su sistema de propulsión independiente del aire (AIP), que lo dotará de una autonomía y discreción a mitad de camino entre los submarinos convencionales y los nucleares.

El ministerio de Defensa apostó por un sistema capaz de producir hidrógeno a partir de bioetanol y encargó su desarrollo a dos firmas españolas, Técnicas Reunidas y Abengoa. Fuentes militares aseguran que, tras algún fracaso sonoro, se están cumpliendo los hitos. Ya se dispone, según esas fuentes, de un demostrador de 25 kilovatios y ahora se trata de fabricar uno 12 veces más potente (300 kilovatios) como el que llevarán los S-80.

Para evitar más retrasos, se ha previsto que el AIP se integre a partir del tercer sumergible (el S-83, cuya entrega a la Armada está prevista para marzo de 2026), mientras que los dos primeros (con fecha de entrega en 2022 y 2024) empezarán a navegar con propulsión diésel e incorporarán el AIP cuando se les haga la primera gran carena (mantenimiento) a finales de la década.

Aunque el sistema AIP es relativamente barato en comparación con el costo del submarino (unos 80 millones de euros por unidad, de los que 30 corresponden a la pila de combustible comprada en Estados Unidos), constituye un elemento crítico, ya que le permitirá navegar sumergido casi dos semanas.

Fuentes industriales admiten que el éxito del S-80 dependerá de que funcione el AIP español. Si es así, subrayan, se convertirá en un producto altamente competitivo en el mercado de los submarinos convencionales, con prestaciones superiores a las del alemán 214. En caso contrario, admiten, será un proyecto fallido, pues nadie querrá adquirir un sumergible tan grande e indiscreto.

En cualquier caso, Navantia deberá abaratarlo drásticamente. Los casi mil millones que pagará la Armada por cada S-80 duplican prácticamente el precio de los sumergibles alemanes comprados por Israel. El valor de mercado de este tipo de submarinos oscila entre 400 y 600 millones de euros.

Los expertos alegan que un programa de esta complejidad presenta un alto grado de incertidumbre (el presupuesto final incluye 100 millones para imprevistos) y que, cuantos más submarinos se vendan, más se amortizará la inversión. Pero admiten que no controlar el peso de los elementos que se añadían al diseño inicial fue un fallo que pudo tener consecuencias catastróficas y ha costado finalmente casi 1800 millones. Sin que nadie asuma responsabilidades.

EL PAÍS, SL

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