El conmovedor video de la historia de Sebastián, la víctima más joven de la AMIA

Rosa, l

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18 de julio de 2018  • 13:38

"Ese día lo desperté, lo levanté, le di la lehe. Lo cambié, cambié a la hermanita y salimos para el lado del Hospital de Clínicas", dice Rosa sobre su hijo Sebastián Barreiros. Ese día era el 18 de julio de 1994, cuando explotó la bomba que voló la AMIA , y el chico, de 5 años, se convirtió en la víctima más joven del atentado .

En el acto de homenaje que se realizó hoy, en el 24° aniversario del ataque, las autoridades de la institución presentaron un conmovedor audiovisual animado llamado "Rosa y Sebastián" que reconstruye esa mañana terrible con la voz de la mujer en off, relatando los hechos en primera persona.

Como era el primer día de vacaciones de invierno, cuenta Rosa, quiso llevar a su hijo a pasear por la ciudad y a comer a un local de comidas rápidas. Aunque ella quería ir en colectivo, el chico prefirió el subterráneo: "No, yo quiero ir en subte porque a mí me dijeron que los túneles son como los túneles de las Tortugas Ninjas", le pidió Sebastián.

Rosa y Sebastián pasaron por la puerta de la AMIA justo en el momento del ateantado
Rosa y Sebastián pasaron por la puerta de la AMIA justo en el momento del ateantado

Bajaron en la estación Pasteur de la línea B y caminaron de la mano por la calle homónima en dirección al Hospital de Clínicas: eran exactamente las 9.53 y estaban jugando al "veo-veo" cuando pasaron por la puerta de la AMIA. Fue el minuto en que la vida de Rosa se detuvo para siempre.

Del estallido, la mujer recuerda un ruido atronador y "un viento muy muy fuerte" que los levantó del piso y le arrancó a su hijo de las manos. Cuando recuperó la conciencia estaba tirada en el piso, descalza, y se puso a buscar desesperadamente a Sebastián entre los escombros. Lo encontró, pero no pudo levantarlo y empezó a gritar desesperadamente hasta que llegó un hombre que lo llevó al hospital.

Esa fue la última vez que Rosa vio a su hijo.

Aunque fue hace mucho tiempo, para ella las cosas no cambiaron: "Cada 18 de julio es otra bomba porque siguen pasando los años y yo sigo igual que en el 94", concluye. Como los familiares de las otras 84 víctimas del atentado que dos décadas más tarde no tiene aún culpables, todavía espera que se haga justicia para poder empezar a cerrar esa herida.

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