El regreso de los muertos vivos

Diego Golombek
Diego Golombek LA NACION
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22 de julio de 2018  

Crédito: Enríquez

Todos los conocemos: son los muertos vivientes que, al menos en las películas, son contagiados de manera que pierden control de sus acciones y se dedican a perseguir humanos desprevenidos para comerles el cerebro. Sabemos también que el origen del mito parece ser haitiano, cuando en el siglo XVIII un viajero francés habló de los primeros zombis o nzambis (relacionado con la palabra para alma), esos aparecidos que merodeaban la isla. Si bien hay reportes de que sustancias como la tetrodotoxina (un veneno que se extrae del pez globo) podría explicar a esos cuerpos que quedan inmóviles por largo rato y de pronto vuelven a la vida, o especulaciones sobre las semejanzas entre la rabia y los zombis, las explicaciones más racionales tienden a culpar a diversos trastornos neurológicos o psiquiátricos.

Eso no quiere decir que no existan numerosos casos de zombificación en la naturaleza. Muchos parásitos toman el control de sus hospedadores y los obligan a comportamientos de lo más estrafalarios. Varias de estas conductas son claramente suicidas: allí está un parásito de hormigas que las obliga a subir a la punta de los pastizales, donde las ven sus predadores y. zácate. O un camaroncito que es infectado por una larva de gusano que le cambia el color y el comportamiento, lo hace nadar en grupos para que, así, lo reconozca fácilmente un flamenco, se lo coma y el gusano siga su ciclo.

Estas larvas son bastante sofisticadas, como la de otro gusano que es comida por grillos; cuando la larva crece, le manipula el cerebro y lo hace andar erráticamente hasta que se suicida y se ahoga en un cuerpo de agua, en donde el gusano se tiene que reproducir. También tenemos una oruga que se vuelve zombi de avispas. En el cuerpo de la oruga crecen los huevos y literalmente le explotan en el cuerpo, pero, muerta viviente, se queda defendiendo a los gusanitos como un feroz guardián. O una cucaracha parasitada por otra larva de avispa que le inyecta veneno en el cerebro y la controla: la lleva de las antenas como se lleva un perro con correa. Asimismo, las telas de algunas arañas parasitadas son muy extrañas, y generan sombra para proteger las larvas (que se comen a la araña desde adentro). Hay gusanos que parasitan caracoles y los vuelven ciegos, coloridos y bailarines, para que se los coman los pájaros. Otros que hacen que los camarones naden a la superficie para que se los coman los patos. Hay de todo en el mundo del terror.

Pero también hay zombis mamíferos, claro que sí. Uno de los mejores ejemplos es Toxoplasma gondii, que infecta muchos mamíferos, pero solo se reproduce en un gato. Si infecta un ratón o una rata, los convierte en un misil buscagatos. En lugar de salir corriendo, salen a su encuentro y les dicen: "Cómeme, cómeme". Ojo: podría pasar también en humanos: la infección con Toxoplasma cambia el comportamiento, y hasta nos vuelve más arriesgados.

En las películas, la causa de la zombificación suele ser biológica: un virus, una manipulación genética, radiación. Los zombis son brutos, agresivos, insociables. Son criaturas de estímulo-respuesta, buscan carne fresca; se descomponen, y son contagiosos.

Hay neurólogos que se han divertido diagnosticando a los zombis. Quizá los más lentos tengan problemas de coordinación, o una lesión en el cerebelo. Seguro tienen problemas de memoria, y no pueden hacer planes de grupo. Tampoco tienen mucho control cognitivo, lo que sugiere algún trastorno en los lóbulos frontales. Y claramente tienen afasia. ¿O alguna vez pudieron mantener una conversación con un zombi?

Algo es seguro: los zombis comen cerebros. Es como vampiros y sangre, u hombres lobo y la luna. Si se viene el apocalipsis zombi, mejor usar casco. En realidad, todo lo que hacen los zombis es comer: seguramente tenga que ver con algún trastorno en el hipotálamo, un área del cerebro que regula el metabolismo y el apetito. Por si fuera poco, los filósofos los tienen como mascotas favoritas para entender de qué se trata la conciencia.

Para pensar la próxima vez que veamos muertos vivientes en las pantallas o caminando por la calle.

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