Hasta pronto, disco compacto

Guillermo Tomoyose
Guillermo Tomoyose LA NACION
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22 de julio de 2018  

La mudanza es un momento ideal para poner en orden todos los elementos que acumulamos a lo largo de uno o más contratos de alquiler. Quienes somos inquilinos sabemos que hay que realizar una limpieza de aquellos objetos que ya cumplieron su ciclo y no tienen lugar en el futuro hogar.

Del lado emotivo, entre los que rara vez suelen pasar el control y llegar a destino están los objetos que marcaron un momento puntual. Como las entradas de recitales de artistas que luego regresaron a la Argentina, los mapas impresos de algún viaje memorable pero desplazado por la última gran travesía, una foto instantánea de una fiesta con compañeros del trabajo de hace dos años. Será un balance, una suerte de duelo que uno realiza para desprenderse del recuerdo materializado en un objeto. En cambio, es más fácil con lo que nunca terminó de convencernos y, por algún extraño motivo, se acumuló en el armario. Con tiempo, Internet es una buena vidriera para realizar esa venta de garage virtual.

La biblioteca es un rincón de la casa que se muda sin dudar. Casi siempre suele ser lo más engorroso y pesado, incluso más complicado que trasladar un sillón, una cama o la heladera con el lavarropas. Los ejemplares impresos se mantuvieron firmes en las últimas décadas, incluso tras la irrupción del libro electrónico. La música no tuvo la misma suerte. Cada tanto, algún amigo en plena mudanza anuncia por las redes sociales que se desprende, gratis y con retiro a cargo del interesado, de una colección de discos compactos. Son gemas pasadas de moda, relegadas en la historia por las descargas digitales de iTunes, primero, y por los servicios de streaming de Spotify, después.

En este traslado a un nuevo hogar no puede faltar el reproductor de vinilos, un dispositivo retro que regresó en los últimos años al igual que los discos, usados o reeditados, que se consiguen por Internet. Tal vez, en un futuro no muy lejano, los CD tengan una segunda vida para cautivar a nuevas generaciones ávidas por redescubrir la forma de consumo de contenidos de décadas pasadas, con sus cajas de acrílico, el arte de tapa de esos libritos y la fidelidad de los discos brillosos e inmaculados.

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