Una vieja norma para nuevas exportaciones: la vigencia de la ley de promoción 23.101

Diego Dumont
Diego Dumont MEDIO:
Hace 35 años, Alfonsín envió al Congreso una plataforma legal de respaldo para las ventas argentinas al exterior, que hoy se destaca por contemplar las estrategias necesarias para el desarrollo del sector
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19 de julio de 2018  

En mi pasada columna destaqué la imperiosa necesidad que tiene el país de impulsar aún más las exportaciones. Es cierto que se han tomado no pocas medidas proexportaciones en estos últimos tres años, pero queda mucho por hacer. De todo ello, tenemos una herramienta que se destaca por constituir la columna vertebral de un país con vocación exportadora y aún hoy está desaprovechada.

Se trata de la vieja pero increíblemente vigente ley de promoción a las exportaciones 23.101, que Alfonsín envió al Congreso a apenas días de asumir su gobierno, hace ya 35 años, y proveyó a nuestras ventas al exterior de una plataforma legal de respaldo. Se trata de una ley de apenas 31 artículos (que se debe reglamentar y acompañar con otras leyes), en la que el eje central son las economías regionales y las pymex (pequeñas y medianas empresas exportadoras) de capitales nacionales, de la cual sobresalen los siguientes puntos:

  • Versa no solo sobre exportaciones de bienes, sino además sobre las de servicios. Esto no es un dato menor cuando en el mundo el comercio de servicios cubre casi el 80% del producto mundial total, y cuando la Argentina tiene un déficit comercial de estos en crecimiento, que en el último año superó los US$ 9700 millones. La ley propone reembolsos adicionales para la exportación de servicios nacionales (algo ya se avanzó a través de la Ley 25922/04, inherente a software).
  • Busca que se beneficien quienes realizan esfuerzos para incremento continuado de sus exportaciones. Esto es importante: exportar no debe ser para las empresas solo una oportunidad coyuntural, sino una razón de ser invariable en el tiempo. Es muy difícil ganar mercados y es muy fácil perderlos, basta con desatenderlos.
  • Se focaliza en las exportaciones con mayor valor agregado. En este punto, el rol de las pymex es central. Las pymex necesitan sí o sí incorporar valor a sus exportaciones para poder competir, distribuyen el ingreso geográficamente mucho mejor que las grandes empresas y generan más empleo por dólar embarcado que las exportaciones de commodities. El 90% de las empresas exportadoras de la Argentina son pymex, pero venden al exterior por menos del 10% de las exportaciones totales. La Argentina debe seguir el camino de países como Italia y del sudeste asiático, donde las exportaciones de las pymes son mucho más relevantes.
  • Propone intensificar las relaciones comerciales con mercados existentes y nuevos mercados. En los últimos años se han multiplicados los Tratados de Libre Comercio (TLC) en el mundo. El país debe aprovechar estos instrumentos para impulsar las exportaciones.
  • Fomenta la creación de compañías para el comercio exterior públicas, mixtas y privadas; y la formación de consorcios y cooperativas de exportación. Se podrían otorgar aportes no reintegrables a entidades que impulsen a estos sujetos y reintegros adicionales a consorcios que obtengan resultados. La existencia de cooperativas y consorcios de exportación conlleva una semilla de transformación increíble en la estructura de las exportaciones, ya que permite a pequeños sujetos sumar esfuerzos y competir con los más grandes. Como en las Aventuras de Gulliver, no existe trabajo pequeño, sino solo gente pequeña.

Muchos de los instrumentos que la ley 23.101 proporciona ya tienen legislación propia, pero sería bueno encolumnarlos dentro de un único programa

  • Propone incentivos novedosos como la deducción en el balance impositivo del impuesto a las ganancias del exportador de hasta el 10% del valor FOB de los bienes y servicios exportados, reintegro adicional por conquista de nuevos mercados; y la creación del FoPex (un fondo nacional para la promoción de las exportaciones, que se financiaría con un 0,5% de las importaciones a consumo del país).
  • Incluye a la financiación de las exportaciones (pre y post), como un instrumento ineludible con el que deben contar las pymex argentinas. Sería muy bueno avanzar en la creación de un sistema de financiación a las exportaciones con tasas inferiores y distintas del sistema financiero tradicional.
  • Pretende que se tenga en cuenta la localización geográfica de la producción de los bienes y el uso de los puertos o aduanas más cercanas a las zonas de producción. En este sentido, es importantísimo avanzar sobre un país realmente federal en el que el puerto de Buenos Aires tenga el soporte de otros puertos complementarios que hay que reactivar a lo largo de la hidrovía, como el de Santa Fe capital, por ejemplo.
  • Sugiere crear mecanismos de compensación para fletes que resulten más caros que los de países competidores (misma distancia- mismo producto-flete más caro). Se podría pensar en una marina mercante mercosureña, aunque el principal problema que tienen muchos exportadores argentinos hoy es que el flete interno es mucho más caro que el internacional, por eso la importancia de la hidrovía.

Algunos de los instrumentos que la ley 23.101 proporciona ya cuentan con legislación propia (exportaciones planta llave en mano, seguro de crédito a la exportación, admisión temporal, drawback, reintegro de exportación y recupero de IVA son solo ejemplos). Sin embargo, sería bueno encolumnarlos dentro de un único programa o ley central, que es la ley 23.101. A la vez, al ser la incorporación argentina a la OMC posterior a la sanción de esta ley, habrá que lidiar con la compatibilidad de estos instrumentos y las reglas establecidas por este organismo. Pero ello, de ninguna manera significa que la Argentina no pueda con determinadas estrategias moverse con cierta flexibilidad para favorecer los intereses nacionales (como los países que se dicen más liberales hacen).

Hace tres años, en un Foro de Reflexión de Políticas Públicas, que desarrollamos en el marco de la Semana Comex en Santa Fe capital, coordinado desde Cacesfe, elaboramos un documento en el que logramos un consenso sobre la importancia de su relanzamiento y puesta en valor. Pasa el tiempo, pero no el desafío.

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