La ciudad de Buenos Aires podría mirarse más a sí misma

Gonzalo Roqué
Gonzalo Roqué PARA LA NACION
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19 de julio de 2018  

Cuando comenzó el debate público de la modificación de la ley de basura cero de Buenos Aires para incorporar la valorización energética de residuos, tomó fuerza un paradigma que reza que Buenos Aires se mira a sí misma en Europa. De un lado funcionarios y legisladores del gobierno de la ciudad argumentaban que estas tecnologías son usadas con éxito por las ciudades más desarrolladas del norte europeo, mientras que del otro lado las ONG, cooperativas de recuperadores urbanos y otros actores advertíamos sobre los riesgos de este tipo de tecnologías, poniendo de ejemplo el camino que recorren varias ciudades europeas, que gradualmente están dejando estas tecnologías para proponerse normativas y metas de economía circular para el manejo de sus residuos.

No es el objetivo aquí profundizar ese debate. Por el contrario, considero que Buenos Aires debería mirarse a sí misma en lugar de apuntar los ojos al otro lado del océano. Cuando, en 2010, la Ciudad lanzó la política pública para la gestión social de residuos secos (que existía como programa desde 2008), los ojos del sur global apuntaban hacia estas latitudes. Ese instrumento establecía de manera formal la separación de la gestión de los residuos secos de la de los húmedos y otorgaba la potestad a las cooperativas para, con soporte técnico y de recursos del Estado, prestar el servicio de gestión de los residuos reciclables, aportando a cumplir las metas de la ley de basura cero, de 2005. Esta ley y el pliego de secos representaban una política pública de vanguardia en materia socioambiental y era tomada como ejemplo en la discusión sobre gestión de residuos en otras ciudades del mundo.

Siete años después, llamativamente, la falta de cumplimiento de lo establecido en esas normativas es uno de los argumentos que el gobierno porteño esboza para justificar su propuesta de ir hacia la incineración. Quienes acompañamos y conocemos el trabajo de las cooperativas seguimos creyendo que la oportunidad más potente para Buenos Aires está en el cumplimiento efectivo de lo que propone el pliego de residuos secos y en contar con un sistema que formalice y aproveche el trabajo de los recuperadores urbanos en favor de una gestión sostenible de residuos. Al igual que lo expresamos en las audiencias públicas, seguiremos ofreciendo nuestra experiencia, apoyo y recursos para aportar a que esto sea posible.

El autor es responsable regional del Programa de Reciclaje Inclusivo de la Fundación Avina

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