En varias ciudades de la India, muy pronto el verano podría ser literalmente intolerable

El aumento de la temperatura podría disminuir los niveles de vida de 800 millones de personas
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19 de julio de 2018  

NUEVA DELHI.- Un abrasador miércoles de junio, una mujer flaquísima llamada Rehmati estaba apoyada con ambas manos sobre el escritorio de su médico: apenas podía tenerse erguida, de tan intensos que eran sus dolores de estómago.

Después de viajar 26 horas en micro que era un horno para visitar a su marido en Nueva Delhi, la ciudad tampoco le dio respiro: 44°C. Para ese mediodía, Rehmati estaba en una sala de guardia de hospital.

La atendió Reena Yavad, quien relacionó el cuadro de Rehmati, de 31 años, con el golpe de calor. La médica sospechaba que podía tratarse de un cuadro de deshidratación, posiblemente agravado por el ayuno de Ramadán. También podía ser intoxicación alimentaria, muy frecuente en verano, ya que la comida se degrada más rápido. Yavad la canalizó y le puso suero. Rehmati estaba doblada de dolor y con arcadas.

El calor extremo puede matar, como ya lo hizo en mayo en Paquistán, y de a decenas. Pero a medida que muchas de las ya abrasadoras ciudades del sur de Asia se vuelven cada vez más calurosas, los científicos y los economistas advierten de un peligro más silencioso y de mayor alcance: el calor extremo es devastador para la salud y la calidad de vida de decenas de millones de personas más.

Si las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global siguen aumentando al ritmo actual, los niveles de temperatura y humedad podrían volverse intolerables, especialmente para los más pobres.

"Son ciudades que van a ser invivibles a menos que los gobiernos municipales apliquen medidas para lidiar con el fenómeno", dice Sujata Saunik, exfuncionaria del Ministerio del Interior de la India . "Enfrentamos un desafío de salud pública mayúsculo".

De hecho, un reciente análisis sobre la tendencia climática en grandes ciudades del sur de Asia reveló que de seguir la tendencia de calentamiento actual, para fines del siglo, la llamada "temperatura de bulbo húmedo" -una medición de temperatura y humedad que indica el punto en el que el cuerpo ya no es capaz de autorrefrigerarse- podría ser tan alta que quienes se expongan de manera directa a ella durante 6 horas podrían perder la vida.

Para la Agencia Nacional de Manejo de Desastres, las alarmas empezaron a sonar después de la ola de calor que en mayo de 2010 afectó a la ciudad normalmente cálida de Ahmadabad, en el oeste de la India, cuando las temperaturas alcanzaron los 53°C. Sus consecuencias fueron un aumento del 43% en la tasa de mortalidad respecto del mismo período del año anterior.

Desde entonces, en algunos lugares, las autoridades implementaron medidas muy simples. En Ahmadabad, por ejemplo, hay camiones municipales que reparten agua gratuita durante los meses más calurosos. En Bhubaneswar, en la costa oriental, los parques permanecen abiertos durante la tarde, para que los trabajadores al aire libre puedan refugiarse a la sombra.

Las evidencias científicas son unánimemente alarmantes: según el Banco Mundial, las crecientes temperaturas en toda la región podrían disminuir los niveles de vida de unos 800 millones de personas.

En la India se encuentran 24 de las 100 ciudades más pobladas del mundo, donde se espera que para 2050 las máximas estivales alcancen al menos los 35°C, según estimaciones de la Red de Investigaciones sobre Cambio Climático Urbano. También a nivel mundial, para 2030, las temperaturas extremas podrían generar pérdidas por 2 billones de dólares por caída de la productividad laboral.

El índice de temperaturas de Nueva Delhi subió abruptamente: 0,6°C en verano y 0,55°C durante la temporada de monzones por década desde 1951 hasta 2010. Mientras tanto, los investigadores tratan de encontrar paliativos. Ahmadabad, por ejemplo, financia el pintado de los techos de chapa de las villas miseria con pintura blanca reflejante, que hace descender la temperatura interior de las viviendas.

En Hyderabad están probando con la misma medida. Un proyecto de ingenieros y urbanistas cubrió algunas casillas de chapa con lona blanca, y así lograron bajar la temperatura interior al menos 2°C, lo suficiente para que fuese tolerable. Ahora se proponen extender su experimento a un sector de un kilómetro cuadrado de la ciudad, instalando techos frescos, paredes frescas y veredas frescas, y plantando árboles. El principal obstáculo, claro está, es el financiamiento.

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