Envidia, plagio y cárcel: la historia jamás contada de "los susanos"

Desde que debutó como conductora, en 1987, Susana Giménez siempre estuvo rodeada por un grupo de secretarios para asistirla durante el programa Crédito: alesuarezestudio.com.ar
18 de julio de 2018  • 22:34

Forman parte del acervo cultural de la televisión y del imaginario cultural popular argentino desde hace 30 años pero poco se sabe de ellos. Silenciosos y eficientes, "Los susanos" son la mano derecha de Susana Giménez en pantalla y testigos de primera mano de mucho de lo que sucede alrededor de la diva pero ¿cómo nació y evolucionó este grupo heterogéneo de hombres y mujeres que estuvo alguna vez integrado por personas como Guido Süller, Karina K y "La coneja", entre otros?

Los susanos debutaron en pantalla al mismo tiempo que Giménez el miércoles 1 de abril de 1987, cuando segundos después de las 13 aparecieron bailando por la pantalla de Argentina Televisora Color en Hola, Susana!, un ciclo que se volvería un clásico.

En 1987, los televidentes dibujan a Susana Giménez y a sus susanos - Fuente: Youtube

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Al igual que mucho de ese programa, los susanos le deben su existencia a Rafaella Carrá. Ovidio García, representante de la italiana en nuestro país, venía gestando desde hacía años la idea de adaptar el ciclo Pronto, Rafaella! a nuestra TV. Y encontró en Giménez un reemplazo ideal.

Entonces, así como Carrá tenía un grupo de baile que la acompaña en las coreografías y los juegos, la futura diva de los teléfonos sumó una docena de bailarines hombres y mujeres, quienes fueron bautizados como "los susanos" algunos días después. Con gran despliegue de producción, también había un pianista (que la conductora llamaría "el maestruli") y un coro de tres cantantes.

Los televidentes pronto adoptaron como propios a los susanos y era común que a la hora de agradecer los regalos que llegaban al estudio, hubiese menciones y obsequios para ellos. Entre esos primeros bailarines, se encontraba Rafael Blanco y Karina K, quien se ganó el cariño de Giménez al imitar en los cortes a Niní Marshall, algo que divertía a todos detrás de cámara.

Los susanos pregnaron tanto en el público que ese verano el grupo armó su propia obra de teatro infantil con canciones y coreografías para la temporada de Mar del Plata y se llevó un premio Estrella de Mar.

Cuando Hola, Susana! se mudó a Canal 9, también lo hicieron los susanos, aunque vieron diezmado su número pero no su importancia. Entre ellos se destacaba Alejandra Suárez, "La coneja". De pelo corto y sonrisa constante, la bailarina acompañaba a Giménez a lo largo de casi todo el programa junto con Cristina Victorel, otra cara reconocible de la época.

"Susana adoraba a 'La Coneja' y le fue dando mucho protagonismo. Fue un proceso natural porque en la vorágine de un programa diario en vivo se van dando muchos sucesos y La Coneja era casi tan despistada como ella. De hecho, cuando aparecieron 'las perlitas', había muchas sólo de La Coneja", le contó a LA NACIÓN una persona allegada a la producción del ciclo.

Con La Coneja y Victorel se formó una dupla de "una rubia y una morocha" que divertían a Giménez y que seguiría por muchos años, incluso cuando llegaron a las tardes de Telefe. Fue allí que también comenzó a tomar protagonismo Marcelo Iripino, un susano que logró convencer a la diva de la necesidad de más musicales y coreografías y también logró gran destaque.

Con los años Iripino comenzaría a sentirse más y más limitado en sus funciones y terminaría migrando a ShowMatch, en donde participaría como bailarín y no se privaría de ventilar su despecho por supuestos destratos de la diva, aunque con el tiempo esas heridas se sanarían.

"La condición indispensable de un susano es estar pendiente de todo lo que necesita Susana en cámara, incluso anticipándose a sus pedidos pero también siendo flexible cuando ella se sale del libreto. No les va bien a aquellos que quieren crecer y tomar un protagonismo que no le corresponde", aseguran en el entorno de la diva.

Ése es el secreto del éxito de Marcelo Bezina, el susano encargado de los sorteos y que Giménez inmortalizaría con la pregunta "¿Marcelito estás ahí?". El bailarín y músico siempre entendió su lugar y jamás sacó provecho de su buen trato con la conductora.

Algunos susanos tuvieron un destino menos glamoroso: Claudio Adrián Cámara fue parte del ciclo de Telefe pero fue condenado a 18 años de prisión por un delito sobre el cual ninguno de los consultados quiso dar detalles (se sabe que es de instancia privada por lo que, pese a la magnitud de la condena, se entiende que no es un homicidio, por ejemplo), condena que aún está cumpliendo en la cárcel de Magdalena. "Susana es una diva, una cumbre, una máxima. Pero también es muy, muy sencilla. Habla con nosotros, insulta y hasta es medio cochina porque pega chicles por todos lados", reveló desde prisión en una entrevista concedida hace algunos años.

El crimen también estuvo involucrado con los susanos cuando dos personas se hicieron pasar por susanos en 2007 y defraudaron a varias empresas de ropa y accesorios.

Estos bailarines y asistentes también quedarían en medio de la guerra fría entre Giménez y Tinelli a finales de la década del 90, el conductor de Bolívar no se privaba de mofarse de su compañera y llegó a tener a sus propios susanos:

Marcelo Tinelli y sus humaristas se rien de los susanos en 1999 - Fuente: Youtube

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Un susano olvidado fue Guido Süller , quien tuvo un brevísimo paso en el ciclo en 1989. Según contó en varias entrevistas, fue despedido luego de intentar mejorar el peinado a la conductora segundos antes de estar al aire y dejándola mal arreglada en cámara. Siempre atento a crear polémica, también aseguró que el secreto del éxito de La Coneja era su condición de "chupamedias" de la diva.

Guido Süller, un susano olvidado - Fuente: Youtube

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Los celos eran moneda corriente entre los susanos y también la exigencia. En la década del 90 hubo un susano de Europa Oriental y otro oriental, quienes fueron rebautizados sin tapujos con nombres más sencillos de recordar por Susana.

El más recordado es el ucraniano Valera Varanoski a quien ella le puso "Vladimir" y estuvo tres temporadas, hasta que cometió el error de confundir un anunciante durante un segmento comercial en cámara y fue despedido. Terminó con Antonio Gasalla, quien había quedado fascinado al verlo en pantalla y lo contrató. Hoy trabaja a bordo de un crucero.

Otro susano de alto perfil fue Alejandro Cupito, quien llegó recomendado por Oscar González Oro en 2007, primero ganando el concurso de Míster Primavera y luego ya incorporándose al staff.

De hecho, poco queda del espíritu de la docena de bailarines que en 1987 formaron los primeros Susanos. El año pasado sólo fueron dos hombres que asistían a la estrella, aunque algunas cosas no cambian. "A Susana le cuesta acordarse de algunos nombres, así que a uno de los susanos tuvimos que rebautizarlo Matías para que sea más cómodo para ella", confesó un productor que prefiere mantenerse en el anonimato.

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