Para Qatar, el Mundial es un paso más en su ambición de ser una potencia

Tras el Mundial de Rusia, el emir de Qatar recibió la posta del presidente de la FIFA y de Vladimir Putin
Tras el Mundial de Rusia, el emir de Qatar recibió la posta del presidente de la FIFA y de Vladimir Putin Fuente: Reuters
Ricard González
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19 de julio de 2018  • 09:55

TÚNEZ.-Después de alzar la selección francesa la Copa del Mundo en Rusia , se inició la cuenta atrás hacia la próxima edición, que se realizará en Qatar en 2022. El pequeño emirato comparte rasgos esenciales con las otras petromonarquías del Golfo: una dictadura absolutista, un marcado conservadurismo, la posesión de grandes reservas minerales, o un desarrollo acelerad en las últimas décadas gracias a la mano de obra extranjera barata (y a menudo explotada).

Sin embargo, hay un aspecto que la distingue de los otros pequeños Estados vecinos: su mayor ambición en el escenario internacional, donde quiere jugar el papel de una potencia regional. Precisamente, en esa desacomplejada proyección exterior se halla la raíz de su conflicto con algunos de sus vecinos, con Arabia Saudita a la cabeza, que desencadenó el estricto bloqueo por tierra, mar y aire que padece desde hace un año.

Tras relevar su padre en 1995, el emir Hamad bin Khalifa al-Thani culminó la transición de una atrasada colonia del Imperio Británico a un centro económico de nivel mundial iniciada en los años 70. El emir propició una apertura del país al mundo, que ejemplificó con el establecimiento de la primera cadena de televisión pan-árabe: Al-Jazeera. La cadena revolucionó el tedioso panorama mediático de la región, a la vez anticipando y promoviendo una era de cambios trascendentales.

Una imagen de Doha, la capital del emirato
Una imagen de Doha, la capital del emirato Fuente: Reuters

Al-Jazeera puso a Qatar en el mapa, multiplicando su influencia y las ambiciones de su monarca, sustentadas sobre unos ingentes reservas de gas natural. El país tiene dos millones de habitantes, de los cuales poco más de un 10% son ciudadanos qataríes, y sólo entre ellos se reparten los beneficios de sus yacimientos. El resto son extranjeros, ya sea de trabajadores de cuello blanco venidos de Occidente, o obreros filipinos y del subcontinente indio. Sobres esta bases, Qatar se ha convertido en uno de los país con una renta per cápita más alta del mundo con aproximadamente 125.000 dólares.

Desde que en 1825 la dinastía al-Thani gobierna Qatar, su política exterior se ha basado en preservar su independencia aliándose con una superpotencia mundial, primero fue Gran Bretaña y luego Estados Unidos. Actualmente, es la sede de la base militar naval norteamericana más grande de todo Medio Oriente. Probablemente, sin ella Washington no habría podido lanzar las guerras de Irak y Afganistán tras el 11 de Septiembre .

Qatar Airways, uno de los emblemas del emirato
Qatar Airways, uno de los emblemas del emirato Fuente: Reuters

Su alianza con Estados Unidos no le ha impedido mantener buenas relaciones con algunos de sus adversarios, como Irán . Además, hasta hace poco, también era uno de los pocos Estados árabes en contar con una línea directa con Israel . Su posición independiente le ha permitido jugar un papel de mediador en algunos conflictos, como el de Darfur. Es en Doha, la capital, donde el gobierno sudanés y los rebeldes firmaron el acuerdo de paz vigente, y también donde el gobierno afgano y los talibanes se han sentado en la mesa de negociaciones.

Con la eclosión de las primaveras árabes, sintió que se abría una oportunidad única para ampliar su esfera de influencia. El antiguo orden se tambaleaba, nuevos actores aparecieron en escena, y Doha les ofreció su apoyo inmediato con el objetivo de ganar nuevos aliados para el futuro. Esto significaba apoyar a los rebeldes libios, los Hermanos Musulmanes en Egipto, o en las milicias sirias de la oposición al régimen de Bashar al-Assad .

"Esta política responde a una visión pragmática y no ideológica. Qatar apostó por los que creía que eran caballos ganadores, no porque su ideología fuera islamista ", sostiene Georges Fahmi, investigador del think tank Carnegie Endowment. El emir Al-Thani pudo adoptar esta política al no temer ninguna revuelta dentro de sus fronteras. En el emirato ni siquiera se ha registrado una mayor efervescencia política en los últimos años.

Fue esa decisión de apoyar a los partidos islamistas, junto con sus mejores relaciones con Teherán, las que abrieron el cisma con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto, los cuatro países que aplican un estricto embargo comercial a Qatar. De momento, el pequeño emirato ha sido capaz de capear la tormenta rehaciendo sus alianzas comerciales, y se niega a someterse a los deseos de sus adversarios, que le exigen que alinee su política exterior a la suya.

Una réplica de la copa en un local de Doha
Una réplica de la copa en un local de Doha Fuente: Reuters

En el ámbito económico, Qatar también juega fuerte. Sin duda, su proyecto estrella es la celebración de la próxima Copa del Mundo. Sin embargo, esta mayor visibilidad también conlleva un mayor escrutinio. La prensa internacional ha sugerido que su nominación fue fruto de los sobornos y ha expuesto la explotación de los obreros extranjeros que construyen los nuevos estadios. Más de 400 de estos trabajadores han muerto en condiciones poco claras en los últimos años. Fruto de estas presiones, el gobierno aprobó una ley en 2017 que suaviza sus condiciones de trabajo. No obstante, organizaciones como Human Rights Watch la considera insuficiente.

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