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Después del horror

KADDISH POR EL HIJO NO NACIDO Por Imre Kertész-(El Acantilado)-Trad.: Adan Kovacsics-147 páginas-($ 15,50)
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4 de julio de 2001  

Los arrellanados en la comodidad de los géneros (literarios) dirían, no sin algo de razón infructífera, que Kaddish por el hijo no nacido no es del todo una novela: casi no contiene narración, apenas el recuerdo deshilachado de un par de episodios que sirve de excusa para la única acción, la de monologar con una lucidez deslumbrante y estremecedora.

Imre Kertész nació en Budapest en 1929. Su asimilación al medio y su carencia de educación cultural o religiosa judía no significaron nada frente a la herencia de sangre (o como se quiera llamarla) que lo llevó, en 1944, a Auschwitz y, de allí, a Buchenwald. De vuelta en Hungría, donde también padeció represalias del régimen comunista, se ganó la vida como traductor, periodista, comediógrafo y guionista cinematográfico. Ha publicado varias novelas, entre ellas, Sin destino . Kaddish por el hijo no nacido llega en una traducción directa del húngaro que da toda la impresión de honrar el original.

Kertész ha declarado que se vale en sus ficciones de elementos autobiográficos pero que, obviamente, sus personajes no son él mismo. La voz que monologa en Kaddish por el hijo no nacido es la de un escritor que se gana la vida como traductor, que ha estado en Auschwitz (aunque no narra prácticamente nada de su estancia allí) y que se siente impulsado a este gran monólogo reflexivo cuando un "filósofo" le pregunta sobre su familia, mientras pasean por un bosque cercano a "una casa que podríamos denominar de reposo". Así irá cobrando forma el tema preanunciado por el título del libro: su relación con la que fue su esposa y ya dejó de serlo, una mujer judía nacida luego de Auschwitz y marcada por su signo, y el fin del matrimonio cuando ella pretende que tengan un hijo y él se niega rotundamente.

El Kaddish es una oración hebrea que elevan por los muertos sus familiares, en primer lugar los hijos, si los hay. El espíritu antitético de este libro viene, pues, dado desde el título: las palabras con que tradicionalmente los hijos conmemoran a sus padres muertos se transforman en las de un padre por su hijo nonato, a quien se dirige una que otra vez en segunda persona. Un frecuente "¡No!" escrito así, entre comillas y signos de exclamación, interrumpe en ocasiones el discurso para pasar al renglón siguiente, en un texto sin puntos y aparte que se resiste a la pausa, aun a la pausa en la lectura.

Frases propias o ajenas que el escritor que monologa había anotado en papelitos aparecen incorporadas en el monólogo, en general para oponerse a sí mismo o a otros, total o parcialmente. Citados o evocados, para argumentar a través de ellos por extensión u oposición, desfilan Kafka, Musil, Wittgenstein, Nietzsche, Bernhard o los sombríos ecos de un epígrafe de Celan. Pero enumerar recursos o atisbos anecdóticos, que allí son meros vehículos al servicio de la reflexión, dice tan poco del valor de este libro como el rótulo de "apenas novela". Al igual que los grandes poemas, se resiste a la paráfrasis y al resumen. Un ejemplo: "sé y percibo desde hace tiempo, desde las primeras vibraciones de mi pensamiento, que una misteriosa infamia va ligada a mi nombre y que traje esta infamia de algún sitio en que jamás estuve y que la traje por causa de un delito que es mío, pero que nunca cometí, y que me persigue durante toda mi vida, la cual no es mía, sin la menor duda, aunque soy yo quien la vive, quien la sufre y quien morirá por ella...".

Es evidente que Kertész no busca ganarse amigos de ningún signo mediante demagogias. Se lanza con idéntico fervor contra los discursos autocompasivos de los judíos, la impostura de una carrera literaria entendida en términos de éxito y no-éxito o los absurdos del poder totalitario: "El poder es incontestable como incontestables son sus leyes que rigen nuestras vidas, pero nunca podemos cumplir estas leyes de una manera total: siempre somos culpables ante el padre y ante Dios"; "las palabras padre y Auschwitz producen en mí las mismas resonancias".

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