Llega una aplicación para buscar compañía y no cenar solos

Crédito: Shutterstock
Amanda Jot
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19 de julio de 2018  • 17:12

Mientras la OMS empieza a considerarla una epidemia planetaria, la soledad se reafirma como materia prima de los desarrollos tecnológicos más rentables del siglo.Todos los inventos pergeñados con el fin de facilitar la vida de solos y solteros (no son lo mismo) intentan convencernos de que el estatus civil ya no es un estigma sino una feliz "elección", pues mejor andar así que mal acompañados.

Claro que mejor andar así, pero siempre que se trate de una cosa u otra. Admitámoslo: entre las muchas actividades sociales para hacer sin pareja , salir a comer sin otra compañía que la del teléfono celular sigue siendo una experiencia incómoda, cuando no dolorosa, para miles de personas que no logran sostener la pose del soltero superado. A veces no hay vino ni frase hecha que le quite dramatismo a la imagen del comensal solitario sacándole una selfie al plato de ravioles. Al cabo de unas copas no hay Facebook, Twitter ni Instagram que alcancen a llenar ese lugar vacío en la mesa.

Pero (¿felizmente?) hoy casi no quedan aspectos de nuestra vida cotidiana que se realicen 100% por fuera de la nube, dice un interesante artículo de la BBC de Londres, y publicado en este diario, sobre el fenómeno de las suscripciones. Trabajamos, estudiamos, socializamos, consumimos, investigamos, hacemos deporte y ahora también tenemos una app para conseguir con quien compartir una comida sin padecer la mirada compasiva del mozo y el resto del salón. Ya ven, hasta eso tiene solución. Una bodega de España acaba de lanzar Tarsus match, la versión gastronómica de Tinder que funciona como el resto de las aplicaciones de citas: una vez que los usuarios consiguen un match, acuerdan la elección del restaurante, hacen la reserva a través de una página Web..y voilá ¡habrá con quien cenar esta noche!. Eso sí, a no ponerse exquisitos. Si el invitado no habla una palabra, o si lo hace hasta por los codos, si hace fufis y muerde el tenedor en cada bocado, o es un fóbico (como uno), paciencia. Así es la lotería.

Como sea, el invento (disponible para Android e iOS, no sé en Argentina) viene a responder una demanda creciente y tangible. Según un estudio del Grupo Hartman, consultora especializada en consumo de alimentos y bebidas, el 46% de la población adulta de Estados Unidos come sola; y en Inglaterra, donde el año pasado se creó el Ministerio de la Soledad (o algo así) las estadísticas oficiales confirman que existen cerca de 7 millones de hogares unipersonales, léase, una fortuna en potencia para las arcas de los emprendedores. Atentos a esa jugosa realidad hace tiempo algunos restaurantes empezaron a contemplar estrategias de inclusión, como la famosa mesa comunitaria y el área de la barra con vista a la cocina para distraer y generar situaciones de socialización. Un paso más allá está la propuesta de Eenmaal, en Ámsterdam, el primer restó exclusivo para gente sin acompañante.

Con todo, comer en soledad no es saludable, recuerda un estudio reciente de la Escuela de Economía de la Universidad de Oxford. No estoy tan segura de eso, pues la percepción de ciertos hábitos cambia cuando se está a gusto con uno mismo. A veces no hay nada como lanzarse por las callecitas de alguna ciudad amable y sentarse en una mesa soleada para dejar que los pensamientos se detengan frente a una cerveza fría y a una suculenta ensalada, sin apuros ni condiciones. De noche la perspectiva cambia, pero no dejo de imaginar una aventura al estilo de Perdidos en Tokio. Saborear la independencia y estar solos son dos cosas muy distintas, aunque a veces cueste aceptarlo.

Por: Amanda Jot

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