La belleza mística de los nuevos jazzeros

Fuente: LA NACION
Alejandro Lingenti
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20 de julio de 2018  

La música afroamericana se confunde en un único todo. Eso dice Kamasi Washington, nacido hace 37 años en Los Ángeles, aclamado por la crítica especializada como el nuevo mesías del jazz y responsable de encender de nuevo la chispa del género para atraer a un público joven que hasta no hace mucho miraba para otro lado.

En los conciertos de Kamasi -que a diferencia de la mayor parte de los músicos de jazz suele presentarse en auditorios de enorme capacidad y en festivales- se escucha y también se baila. Porque su música es compleja, multifacética y de alto vuelo, pero además tiene magia, erotismo y groove. Toda esa colorida alquimia confluye con más poder que nunca en Heaven and Earth, un disco magnífico y apabullante (es doble y dura 144 minutos, menos que su predecesor, el triple The Epic, que llega a los 172).

Con The Epic, una producción muy ambiciosa en la que trabajó con una banda de jazz de diez miembros, una orquesta clásica de treinta y dos y un coro de veinte, Washington retomó la alucinada mística de John Coltrane y la incorporó a una abarcativa panorámica de esa música afroamericana a la que él ve como un todo (góspel, blues, soul, doo-wop, funk) y en la que caben alusiones al espíritu provocador de personajes tan dispares como Malcolm X y Debussy. Muy pronto, su música futurista llamó la atención de Terrace Martin, pieza clave en la producción de To Pimp a Butterfly, el elogiadísimo disco que consagró a Kendrick Lamar como un talento indiscutido del hip-hop contemporáneo y en el que Kamasi terminó teniendo también un rol fundamental con sus preciosos arreglos de cuerdas y su sinuoso y narcótico saxo tenor. Martin es primo de Stephen Bruner (conocido como Thundercat; tocó este año en Buenos Aires) y los dos son parte de la nueva gran familia del jazz de Los Ángeles que ha logrado que la mirada de los seguidores del género se corra de la costa este a California. Todos estos músicos han integrado alguna vez la Multi School Jazz Band, un seleccionado formado con los mejores de cada escuela de jazz de LA. Para un artista convencido de que la música le llega de alguna parte del cosmos y se transforma, con él como médium, en algo más tangible y terrenal, Heaven and Earth es toda una extensa y atrapante declaración de principios. Dividido en dos partes, el álbum representa en su cara terrestre ( Earth) el mundo tal como Kamasi lo ve externamente, el mundo en el que vive, y su cara celestial ( Heaven), el mundo interior, el que, remarcó él, "es parte de mí". La lujosa edición viene con una agradable sorpresa: un CD agregado como sustancioso bonus que no fue anunciado oficialmente por Young Turks (el sello británico que ha tenido el buen gusto de editar a The xx, Jamie xx y Sampha) y que contiene cinco pistas con casi 40 minutos de música adicional.

Así como The Epic se convirtió velozmente en una de las más sofisticadas expresiones artísticas del combativo movimiento Black Live Matters, Heaven and Earth parece destinado a postularse como manifiesto exuberante de la nueva música negra, diseñado por un nuevo emergente del jazz con perfil y aspecto de estrella pop.

En este abigarrado disco doble hay muchos invitados -algunos habituales compinches de Kamasi, como el pianista Cameron Graves, el baterista Ronald Bruner, hermano de Thundercat, y la cantante Patrice Quinn-, un clima onírico creado por un artista en evidente estado de gracia, más voces y coros espaciales que nunca antes y hasta una versión de diez minutos del tema principal de la película Furia oriental (1972), protagonizada por Bruce Lee, elegida para abrir el fuego y anunciar de entrada que el universo al que ingresan los que escuchan este disco está plagado de sueños, misticismo, atrevimiento, imaginación y, sobre todo, belleza.

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