Para andar ligero: una creativa propuesta para saber disfrutar de viajes compartidos

Verónica Dema
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20 de julio de 2018  

Muy buena / Libro: María José Colonna, Valeria Zlachevsky, Paula Sánchez / Intérpretes: María José Colonna, Valeria Zlachevsky / Música: Marina Baigorria / Vestuario: Betanha Almendra / Escenografía: Analía Gaguin / Producción: Ligeros de Equipaje / Dirección: Paula Sánchez / Sala: El Camarín de las Musas Mario Bravo 960 / Funciones: domingos, a las 16 / Duración: 45 minutos.

No se abre ningún telón. Al ingresar a la sala de El Camarín de las Musas, bajo una capa de luz de tonos azulados, ya puede verse el suelo alfombrado por una rayuela colorida hecha de tejidos, telas e hilos que ofrecen texturas tentadoras a la vista y al tacto, que invitan a acercarse y tocarlas. O simplemente a sentarse con las piernas cruzadas a disfrutar de estar allí, de andar livianos, de volver a ser niños.

En Para andar ligero, Ramona Simona Catel y Ana Juana Miniplana, protagonizadas por María José Colonna y Valeria Zlachevsky, presentan un "periplo musical". Viajeras de profesión, juntas se disponen al juego de los viajeros, que implica atravesar -valija en mano- casilleros desopilantes, divertidos y cargados de desafíos filosóficos. Si llegan al final, podrán empezar a gozar de viajes sin valijas pesadas, con la ropa que mejor les siente, sin tantos prejuicios, sin enojos ni frustraciones, con tiempo para disfrutar a pleno el aquí y ahora.

No es raro que la función se inicie con un niño elegido del público para pedir por favor que todos apaguen los teléfonos celulares. Si bien esta demanda es habitual en las puestas teatrales, en esta se vuelve particularmente importante porque uno de los ejes de la obra es que hay que "estar estando", que es mejor disfrutar de lo que hacemos gozando con los cinco sentidos, menos preocupados por retratarnos para las redes sociales y más enfocados en el placer de andar.

El diálogo entre las viajeras es una fluida conversación en canciones propias en las que la rima favorece el humor sin resignar esa profundidad que guía toda la propuesta. Tanto chicos como grandes tienen la oportunidad de sumergirse en una especie de juego de la vida en que cada casillero problematiza alguna cuestión filosófica que toca el universo del niño. Y lo que resulta más interesante es que se plantean más preguntas que respuestas y no hay personajes buenos y malos que habiliten moralejas. Cada quien se va barruntando bajito sus inquietudes, entre sonrisas y canciones.

Esta obra es un modo de celebración. Este juego, que es también un viaje, representa de algún modo el camino de la compañía teatral Ligeros de Equipaje, que cumple 10 años de vida artística. Este equipo que se define como una familia por tanto compartido, parece preguntarse: ¿qué se necesita para viajar más liviano, para ser más fluido, para vivir las experiencias de la vida de una manera más alegre?

Esta compañía, afianzada en gran parte por el ajustado trabajo actoral de dos actrices que se conectan mágicamente en el escenario, ya encontró un lenguaje propio reconocible en sus obras y logra siempre salirse de ciertos estereotipos del teatro para niños. El juego, el canto, el trabajo escenográfico como un espacio experimental son un sello distintivo de esta y otras propuestas que aún siguen en cartel, como Carkalata, una macana en cuatro estaciones, Pegamundos e Hilito de un viaje.

Soltar, compartir el tiempo con otros, viajar, disfrutar, jugar. Esa mixtura, que es la vida misma, aparece con creatividad en cada puesta y conecta con la inocencia que cada niño tiene y que a veces de adulto se pierde. Por eso quizá la obra divierta y atrape a grandes y chicos.

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