Jazz para dummies: claves para escuchar este género sin morir en el intento

Este universo es tan vasto que muchos neófitos claudican por falta de conocimiento; sin embargo, hay puertas de entrada para no perderse lo mejor que tiene esta música para ofrecer Fuente: AP
20 de julio de 2018  

Tal vez por ser la más abstracta de las músicas populares, el jazz corre con desventaja a la hora de atraer nuevas audiencias con relación a géneros como el rock, el tango o el folclore. Así, mientras que para el tango existe el lema tranquilizador de que si no te conmueve ahora lo hará en el futuro, porque "el tango te espera", al jazz le caben frases hechas mucho menos amigables, como que "es complicado" o "para entendidos". Pero en sus casi 100 años de existencia el jazz no fue siempre ajeno a la masividad. Sobre todo en la era del swing, las big bands minaron los clubes de jazz y las radios de los Estados Unidos primero y de Europa con la Segunda Guerra Mundial. A medida que fue perdiendo su poder de estimular de un modo más epidérmico y exigió una atención más reflexiva (sobre todo desde la irrupción del bebop) empezó un declive en el interés de las grandes audiencias. Desde entonces, persiste la pregunta de si es un género que requiere un conocimiento previo y para muchos las intenciones se disuelven si se inician en el género por el autor o disco menos indicado.

"El mito existe", reconoce Adrián Iaies, pianista y director del Festival Buenos Aires Jazz. "¿Requiere más paciencia? Sí. Pero primero está la vibración: si cuando escuchás no te pasa nada, no hay explicación que supla lo que no te pasa. Hay algo que tiene que ver con esa vibración y luego con conocer las convenciones".

Por su parte, Carlos Inzillo, historiador, periodista y programador del ciclo "Jazzología" desde hace más de 30 años, agrega que "lo importante, aunque parezca una redundancia, es comenzar a escuchar jazz". Y sostiene que "si bien hoy día no abundan las emisiones radiales o casi no existen las televisivas, que el cine y los medios gráficos, salvo raras excepciones, prescindan del jazz en sus contenidos, si se cuenta con Spotify o YouTube, entre otras vías, que ponen al alcance de la mano prácticamente toda la historia del género. Y por supuesto las ofertas de escucharlo en vivo en clubes especializados, facilitan la cuestión de acercarse, familiarizarse y llegar a tener cierta empatía con el jazz".

En lo que refiere a las convenciones para escuchar jazz a las que hace referencia Iaies, tanto él como Pipi Piazzolla (baterista de Escalandrum, de su propio trío y también conductor del programa radial Ángulos, por Nacional Rock los lunes de 20 a 22) coinciden en que lo primordial es prestar atención a la melodía, no tan casualmente, el fetiche por excelencia de la música popular. "Un consejo es que tengan muy en cuenta la melodía", apunta Piazzolla como primera medida. "Siempre se toca al principio y después la improvisación es arriba de la armonía con la que se compuso la melodía. Entonces, a lo largo de los solistas podés reconocer el tema principal en las improvisaciones".

Yendo más al núcleo del material sonoro, Iaies detalla: "La melodía le da la forma al tema, hay que tratar de reconocer cuántas partes tiene, si tiene una parte A... si hay puente... si hay A y B. Esas cosas te permiten disfrutar de otra manera".

Por el lado del ritmo, otro componente clave, Inzillo describe: "No puede dejarse de lado la rica prehistoria del jazz, que puede sintetizarse en el encuentro de elementos culturales africanos y occidentales. Por eso cobran esencial protagonismo el ritmo, la importancia del solista y del marco orquestal y para muchos el swing, esa 'pulsación constante', según aludió el poeta y dramaturgo Jean Cocteau, miembro del Hot Club de Francia".

Para usar la tecnología como herramienta, Iaies propone un ejercicio bastante lúdico: "Hacé la prueba de escuchar a Stan Getz, por ejemplo, y concentrarte en el sonido antes que en las notas. Después armate un playlist de saxofonistas de jazz en la cual haya tres o cuatro temas de Stan Getz y ponela en modo aleatorio. Y ahí fijate si lo distinguís, porque esa clase de músicos tienen ese sonido característico". Es que, tan distintivo como el qué se esta tocando es el cómo se lo está tocando. A lo largo de su historia, los músicos de jazz pelearon internamente durante todas sus carreras por establecer su sonido distintivo. El salvajismo de Monk, la melancolía cool de Miles, sobre todo en los 50, y el ímpetu de Coltrane son algunos ejemplos de marcas de estilo que aún hoy perduran como definitorias de su lenguaje.

Llegados a la problemática de la improvisación, elemento constitutivo del jazz, tanto Iaies como Piazzolla e Inzillo coinciden en el atractivo de encontrar composiciones que se dan en tiempo real. "Eso es lo cautivante del jazz", afirma el baterista. Inzillo, en la misma sintonía, remarca que "es patrimonio jazzístico el hecho de convertir al ejecutante en compositor, aportando sus propias ideas, se supone que espontáneas, al tema original". Mientras que el pianista explica: "La forma en el jazz es el elemento en común entre músicos y público, como la melodía quedó sonando, uno sabe sobre qué parte se está improvisando, y ahí es un código en común. Aun en el free jazz, hay una forma que se construye al andar, pero está".

Teniendo en cuenta estos parámetros, la actitud del oyente hacia el jazz se torna central. En palabras de Inzillo, la diferencia con otras músicos es que "la atención está puesta en la inspiración y originalidad que tuviera el saxofonista o pianista o solista en el recital o el disco, en la solidez de los arreglos de la banda acompañante, en la base que brinde la sección rítmica y otros factores que en el resto de los géneros toman otros rumbos".

Para Piazzolla, sin embargo, el jazz "no requiere de ninguna actitud distinta". Aunque si destaca que "pasa muy a menudo que la gente que escucha jazz con atención, por lo general son melómanos y conocen de muchos géneros".

Como un nexo entre ambas posturas, Iaies se extiende: "La respuesta es un poco ambigua, necesariamente. Vos ves el programa Desde el Actors Studio y los reportajes son increíbles. Ponele que no entendés inglés, hay algo en la forma que hablan que te atrapa, un swing, hay una conexión previa a cualquier entendimiento intelectual, es seducción pura. Luego podés entender inglés y no tener relación con el cine, mirar cada tanto una peli en Netflix... entonces lo que dice te resulta interesante hasta ahí. Después podés entender las referencias a películas y personajes y entonces entendés más. Acá pasa una cosa parecida, yo le hago escuchar Kind of Blue (Miles Davis) a alguien que nunca escuchó jazz y le va a gustar igual, porque es un masaje sonoro, te atrapa la trompeta de Miles".

Con todo, a la hora de escuchar jazz, el disfrute se impone como con cualquier otra música. Y para alentar la iniciativa de sacarse los prejuicios tal vez no haya mejor conclusión que la pregunta retórica que hace Inzillo: "¿Cómo podrías querer algo que no conozcas?".

Para empezar a explorar

Si bien el universo del jazz se presenta, al menos en primera instancia, como inabarcable, existen ciertos mojones ineludibles a la hora de intentar abordarlo por primera vez. Existen discos clásicos; libros, que pueden ir desde biografías hasta métodos de escucha, y material audiovisual, como documentales o películas de época con bandas de sonido distintivas que gozan de cierta unanimidad por parte de los especialistas.

Discos:

Libros:

Documentales:

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