Crónica de una adolescente sola

La reedición de una sugestiva novela que llega en pleno debate acerca de la despenalización del aborto,
Verónica Chiaravalli
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22 de julio de 2018  

Casualidad o no, esta reedición de Enero (Fiordo), primera novela de Sara Gallardo, publicada en 1958, llega en medio del intenso debate social y legislativo sobre la despenalización y legalización del aborto. Inevitablemente, y más allá de apreciaciones literarias, el contexto da a la obra una nueva densidad. No se trata de que un embarazo no deseado sea el tema de la nouvelle; antes bien lo es la desdicha de una joven pobre, en sus múltiples, marchitas declinaciones: la soledad a la que obligan el temor y la incomprensión, el desamor, los pequeños sueños destrozados.

Nefer, la protagonista, tiene solo dieciséis años, mucho trabajo en el tambo de una estancia y en su propio hogar rural. Durante la fiesta de casamiento de su hermana, uno del pueblo, borracho, la viola. Segura de estar embarazada, el tenue futuro con el que Nefer podía ilusionarse desaparece de golpe: ya no habrá para ella bailes como los que frecuentan las otras chicas, ni esperanzas de que la corteje el apuesto Negro Ramos, su amor imposible. Lo único que Nefer quiere es morirse.

Gallardo pule el lenguaje hasta dejar las palabras lisas y contundentes como piedras, cargadas de una expresividad falsamente cristalina. En el mundo de Nefer se habla poco y se vive en estado de aceptación de lo que la naturaleza impone. Palabras como "violación" o "embarazo" no se mencionan. Tampoco "hijo". Lo que el borracho le hace en el monte, mientras la familia está de fiesta, no viene a ser violencia, sino simplemente algo que sucede cuando una es joven y queda a tiro de un hombre que se ha pasado con el vino y no puede "contenerse". El resultado, en el peor y más común de los casos, es terminar "preñada".

Pero es en la relación que la chica establece con los cambios que se están gestando en su cuerpo donde Gallardo despliega toda su maestría. Pintando el alma de Nefer, brinda a su experiencia individual el alcance universal de la desesperación. En las emociones de la joven, el feto no se diferencia del miedo que le provoca la situación, y todo se reduce a una misma cosa: "Esto que llena sus días y sus noches como un hongo negro y creciente, y que tal vez se le nota en los ojos". Solo de a ratos, cuando percibe, por el trato veladamente respetuoso de su hermana o la gravedad del médico que la revisa que, en ese mundo dominado por la biología, su embarazo la convierte en una hembra adulta con prerrogativas desconocidas, "el que la atormentaba se ha vuelto su amigo"; su "amigo silencioso".

Nefer sueña con liberarse mágicamente del "hongo negro" que la oprime. Galopa hasta extenuarse y -en una escena inolvidable- visita a la vieja curandera del caserío vecino. El drama tendrá por fin un desenlace que no puede (no podría nunca) engañar a la desdicha.

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