Alta Fidelidad. El oído de la juventud maravillosa

Una de las fotos en la muestra de Sara Facio en el Malba
Una de las fotos en la muestra de Sara Facio en el Malba Crédito: Sara Facio
Fernando García
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20 de julio de 2018  • 16:09

"Llevo en mis oídos la música más maravillosa", había dicho Perón el viejo desde el balcón en su último discurso en junio de 1974. Ahora lo está diciendo de nuevo en un archivo mp4 que se proyecta en la biblioteca del Malba donde Sara Facio y Ataúlfo Pérez Aznar presentan "Sara Facio-Perón" el libro que recoge el trabajo de la fotógrafa entre 1972 y 1974, período que cubre el regreso al país y la muerte del líder de masas. El libro reúne y amplia la muestra que, entre otras cosas, hizo que la palabra "Perón" estuviera estampada en el gran vidrio de la explanada del museo desde su inauguración en marzo. Esto es Avenida Figueroa Alcorta y Salguero, Barrio Parque: Peronismo cero. En la sala donde se distribuyen las fotografías que conforman un monumental ensayo socio-histórico del país de los 70 (alto arte también cuando el documento adquiere independencia estética) no hay sonido. La concentración en las imágenes hace que se hagan audibles los chisporroteos de la iluminación. Sin embargo estas imágenes están llenas de ruido. Han congelado bocinazos, gritos, llanto, bombos, el estruendo catártico de la marcha peronista al fin. Toda la sala es un escándalo acústico en potencia.

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¿Qué música llevaría en sus oídos la juventud maravillosa que la lente de Facio eternizó en su intensidad? ¿Sandro, Palito, Favio? ¿Cafrune, Hernán Figueroa Reyes, Larralde? ¿Sabú, Cacho Castaña? La foto que ilustra la tapa del libro y es la imagen de la muestra se llama "Muchachos peronistas" y muestra a cuatro pibes de ropas raídas y miradas torvas alineados como un banda de rock dickensiana y "firestone" como se decía en la jerga de esos años por lumpen. Sospechado de imperialista y escapista, el rock de los 70 no era la música de la militancia revolucionaria y sin embargo sus imágenes acústicas evocan estas escenas de una juventud emancipada. Es la tercera vez que vengo a ver estas fotos contemporáneas a mis años de jardín de infantes (sí, he llorado sin un motivo conciente frente a alguna de ellas) y siempre suena en mi cabeza Pescado Rabioso. Sobre todo el segundo disco, conocido como Pescado 2, cuya sonoridad se corresponde extrañamente con el espesor dionisíaco y dramático que captó tan bien Facio. Y sobre todo la suite orquestal que cierra el disco doble: "Cristálida". ¿Cómo no traer en este contexto la voz de Spinetta a punto de quiebre diciendo eso de "Todo gigante muere cansado de devorar a los de abajo"?

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Una investigación en curso me ha traído hasta la casa de Carlos Cutaia en Villa Urquiza. Cutaia, formado en la música académica, era el tecladista de Pescado Rabioso y los arreglos orquestales de "Cristálida" le pertenecen. Todavía guarda en su escritorio la partitura escrita sobre la letra original de Spinetta. "Cristálida" no fue interpretada en vivo así como había sido concebida sino hasta el homenaje que se le hizo a Spinetta en el CCK en diciembre de 2015. Lo estamos viendo ahora con Cutaia en su i-pad. Emilio Del Guercio toma el lugar de la voz y, como en Almendra, es una variación del mismo color. Son voces casi gemelas. Pasaron cuarenta años para que "Cristálida" pudiera ser escuchada en vivo tal como había sido grabada. El mismo tiempo que tuvieron que esperar las fotografías de Facio sobre Perón para ser desplegadas en un espacio acorde a su dimensión.

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"No ves que el tiempo se quedó a vivir" cantaba Del Guercio con Almendra en "Camino difícil", una de las joyas más inadvertidas del rock argentino. La canción que coqueteaba con la juvenilia filoperonista dificílmente haya ido a parar a los oídos de la juventud maravillosa y mucho menos del avejentado general. Pero aquí y ahora funciona: Vemos, en efecto, que en estas fotos monumentales de Sara Facio el tiempo se quedó a vivir.

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