El anti-rockstar que se convirtió en un oráculo para la energía

El académico checo Vaclav Simil se está volviendo una de las voces más respetadas en la materia; reconoce el deterioro ambiental y sostiene que el mundo está en una transición
El académico checo Vaclav Simil se está volviendo una de las voces más respetadas en la materia; reconoce el deterioro ambiental y sostiene que el mundo está en una transición
Sebastián Campanario
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22 de julio de 2018  

Casi no concede entrevistas, no va a eventos ni da charlas TED ni en empresas. Sus libros -tiene decenas y se la pasa escribiendo todo el tiempo- se vienen vendiendo (hasta ahora) poco y está fuera del circuito de "estrellas" del futurismo. Sin embargo, Vaclav Simil, un académico checo de 74 años que vive actualmente en Winnipeg, Canadá, se está convirtiendo en una de las voces más respetadas en la discusión por el futuro de la energía. En parte gracias a que consolidó un entorno de fanáticos de peso, que incluyen al fundador y dueño de Microsoft, Bill Gates, quien asegura que espera el nuevo libro de Simil con la ansiedad con la que otros aguardan la próxima película de Star Wars. Pero lo que mejor explica su fama creciente es algo más simple: Simil la viene pegando en sus pronósticos, en un terreno hipervolátil y resbaladizo como lo es el negocio de los hidrocarburos y otras formas de energía.

Sin estridencias, el académico tiene una justificación economicista para sus aciertos: "No tengo nada para vender", sostuvo en un perfil que le hizo la revista Science. En un debate en el que defienden posiciones "incumbentes" con intereses económicos (las empresas tradicionales de energía) y donde tallan fuerte las startups emergentes de energías alternativas, Simil sostiene una tercera posición: reconoce (no niega) el deterioro ambiental, pero desconfía de los saltos exponenciales en energías no tradicionales.

Cree que la transición durará varias décadas y que en el medio habrá que explorar otros caminos más simples y concretos para lidiar con el problema del medio ambiente, como por ejemplo que la población mundial coma menos carne. En este sentido, predica con el ejemplo: se volvió vegetariano y construyó una casa que minimiza el consumo energético.

En la década del 50, Simil vivía junto a su familia en un pueblo remoto del bosque de Bohemia. Pasaba varias horas por día de su adolescencia cortando leña para alimentar las cuatro estufas que tenía en su vivienda. Estaba claro que no era una forma eficiente de vivir. Su país pasó a la órbita soviética y Simil creció escuchando estadísticas inverosímiles e infladas de la propaganda en la Guerra Fría: se anunciaba que la producción de vehículos había aumentado en un año un 1000%, "pero se partía de casi cero", o el diario informaba que el plan de alimentos había superado las expectativas, pero no había fruta disponible para la población. "Era un mundo tan irreal y falso que aprendí a tener respeto por la realidad y poca tolerancia por lo que no tiene sentido", dice Simil. En 1969 emigró con su familia a los Estados Unidos, donde tomó un puesto en la Pennsylvania State University.

Por décadas, Simil se dedicó a estudiar las grandes transiciones energéticas de la humanidad. Hubo hasta ahora tres, y estamos inmersos en la cuarta. La primera se dio cuando el Homo sapiens pudo dominar el fuego; la segunda, con la agricultura, que implicó una conversión de energía solar en alimentos. La tercera se dio con la Revolución Industrial y el ascenso de los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), y la cuarta es la actual, en la que se trata de eliminar gradualmente las energías contaminantes.

Todas las transiciones anteriores duraron siglos, o al menos varias décadas, y por varios motivos el académico checo cree que la actual no tiene por qué ser más rápida. Hay un aspecto conceptual que resalta Simil: al contrario de las tres anteriores, en la cuarta transición se invierte la "pendiente de densidad". Hasta ahora, el camino implicaba moverse hacia fuentes de mayor densidad (los biocombustibles producen más energía por gramo de insumo y se extraen de depósitos relativamente compactos). La cuarta transición requiere desandar ese camino, porque tanto la energía solar como la eólica necesitan enormes superficies para empatar la generación de energía de los biocombustibles, y eso genera su propio impacto ambiental.

Simil cree que hay dificultades sistémicas para la masificación de vías alternativas que muchas veces se promueven como salvavidas: energía solar, eólica, nuclear, autos eléctricos, granjas verticales en las ciudades, sustitutos vegetales de la carne, etc. En ninguno ve una dinámica como la de la ley de Moore en computación: el 90% de los 18 terawatts de energía primaria que hoy consume por año la Tierra para generar un PBI global de 100 billones de dólares viene de fuentes tradicionales, y la matriz tardará en cambiar más de lo que los tecnooptimistas estiman.

"Está claro que tendría más impacto que fuéramos menos tontos y comiéramos menos carne antes que esperar a que los avances tecnológicos resuelvan todo, como dice Simil -opina Alexis Caporale, emprendedor, ingeniero y experto en energías alternativas del Instituto Baikal-, pero también es cierto que poco a poco los escépticos van achicando los tiempos de las transiciones. Hace unos años nadie del establishment energético te hubiera dicho que para 2050 el 50% de la electricidad iba a ser renovable, y ahora lo sostuvo Bloomberg hace dos semanas en su último análisis prospectivo del sector".

Para la Argentina, por su matriz de producción y consumo de energía, se trata de un debate de implicancias económicas enormes. YPF fue durante mucho tiempo la empresa local más valiosa, antes de que la destronara Mercado Libre. "Vaca Muerta sigue siendo el foco de interés más fuerte de la Argentina para inversores del exterior", explica Gastón Remy, CEO de Vista, la empresa de gas y petróleo que fundó Miguel Galuccio. Con más de US$900 millones en activos, Vista es la compañía que más cerca está de convertirse en el "quinto unicornio" (firma de más de US$1000 millones de valuación logrados en un promedio de siete años, un club al que pertenecen Despegar, Mercado Libre, OLX y Globant).

En su carrera académica, Simil luchó contra las presiones del mundo universitario para especializarse en algún tema. Le gusta ver el bosque y encarar todo con una actitud de curiosidad permanente. Su próximo libro, de 195.000 palabras, será sobre el "crecimiento" en un sentido amplio: cómo crecen los chicos, las economías, los imperios, las bacterias. "Voy a tratar de encontrar algunos patrones y reglas. Está claro que todo termina, no hay crecimiento hiperbólico".

Si hay algo que odia Simil es que la pidan pronósticos. En un mundo de sistemas complejos, los "cisnes negros" -negativos o positivos- son matemáticamente imposibles de predecir. Una experiencia que lo tocó de cerca: ningún experto en geopolítica anticipó que la caída de la Unión Soviética pudiera ser tan estrepitosa como en su momento lo fue. ¿Colapsarán en algún momento los biocombustibles?, le preguntó al pensador checo la revista Science: "Todo el tiempo estamos colapsando. Y todo el tiempo estamos arreglando".

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