El gato de Schrödinger: magnífica recreación de una comedia uruguaya

Carlos Pacheco
(0)
22 de julio de 2018  

Autor: Santiago Sanguinetti / Intérpretes: Horacio Acosta, Facundo Aquinos, Pablo Cura, Juan Isola, Guido Losantos, Mauro Malaspina, Emanuel Parga / Vestuario: Magda Banach / Realización disfraces mascotas: Ricardo Rosas / Escenografía: Ariel Vaccaro / Iluminación: Matías Sendón / Diseño sonoro: Zypce / Asistente de dirección: Arturo Alonso / Dirección: Pablo Seijo / Sala: Timbre 4, México 3554 / Funciones: lunes, a las 21 / Duración: 80 minutos / Nuestra opinión: muy bueno.

El dramaturgo uruguayo Santiago Sanguinetti se ha transformado en los últimos años en una de las voces jóvenes más destacadas de la escena de su país. En sus últimas piezas es muy notorio como sigue una línea de trabajo que lo emparenta con autores como Sergio Blanco y Gabriel Calderón (ambos en cartel en Buenos Aires en este momento). Del primero toma el interés por investigar un tema a fondo y trasladarlo al texto teatral con un lenguaje siempre exquisito. Mientras que del segundo, se apodera de cierto gusto por estructurar situaciones caóticas con mucho desenfado, obteniendo unos logros singularísimos.

Sanguinetti se conoció por primera vez en esta ciudad en 2014 cuando, en el marco del Festival Latinoamericano de Teatro organizado por el Nacional Cervantes, presentó Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución en el Caribe, una experiencia sumamente atractiva, no exenta de delirio, que mostraba a cuatro cascos azules de la ONU resistiendo en Haití a una revolución que invadía las calles mientras ellos, encerrados, se enfrascaban en la lectura de Hegel.

En El gato de Schrödinger el autor sigue ciertas líneas de creación que aparecían en aquel material. Sin duda, posee un interés particular por enfrentar a individuos muy poco intelectuales con cuestiones científicas, filosóficas y hasta psicoanalíticas.

La teoría del caos aparece aquí y de la mano de un jugador de fútbol que se escapa de un partido en pleno desarrollo. A través de YouTube el muchacho conoció la paradoja del gato de Schrödinger y necesita aplicarla a la vida cotidiana. El busca refugio en el vestuario pero no tendrá el descanso que ansía. Allí pelean dos hombres vestidos de gato que cumplen el rol de mascotas del equipo; el entrenador viene a increpar a su jugador e intenta convencerlo de que regrese a la cancha; el director del club acaba de separarse de su mujer y ni las técnicas de shiatzu que practica le mejoran el ánimo. Y cuando el descalabro emocional de todos llega al paroxismo hace su aparición la barra brava de Tigre, unos zombis acosan el estadio, algunos personajes se duplican y las referencias a Lacan, Max Planch y el anarquismo de Mijail Bakunin no podrán restablecer el orden o, lo peor, modificarlo para bien.

Como un gran mago, Santiago Sanguinetti saca de su galera discursos que pone en boca de estas criaturas alucinadas y lo hace con una coherencia extraordinaria. Ningún tema que propone queda sin resolver. Y gracias a los cruces que realiza el humor se impone durante todo el espectáculo.

El director Pablo Seijo concibe una experiencia muy destacada. Logra dar cauce a esta trama de manera desopilante, con buen ritmo. El grupo de intérpretes se anima a jugar con ganas y van dando forma a unas situaciones muy ricas dramáticamente. Personaje de cualidades muy diferentes son develados por esos actores en su justa medida ante una platea que, con gran sorpresa, va descubriendo la realidad de una historia en la que se cuela también la ciencia ficción. Muy reconocidos resultan los trabajos de Horacio Acosta (el director del club) y de Facundo Aquinos (el jugador de futbol).

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.