Christine Lagarde: entre las finanzas, el tango y los tortellis

Fuente: Archivo
Con voces a favor y en contra, Lagarde ocupó el centro de las miradas
Sofía Diamante
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22 de julio de 2018  

No será una reunión más del G-20 para Christine Lagarde, que llegó anteayer a Buenos Aires y se convirtió en el foco de todas las miradas, desde funcionarios del Gobierno hasta la oposición, organizaciones sindicales y medios periodísticos.

La obsesión por lo que hace y dice la directora gerente del Fondo Monetario Internacional ( FMI ) llevó a la organización del G-20 a aumentar considerablemente la cantidad de agentes de seguridad que la acompañan con respecto a la vez pasada que llegó al país, a mediados de marzo.

Es que madame Lagarde, como la presentó Dujovne en la conferencia de prensa que brindaron juntos ayer, ya no es solo la máxima responsable de uno de los organismos con menos simpatizantes en la Argentina: desde el 8 de mayo, cuando el presidente Mauricio Macri anunció que acudirían al Fondo para solicitar ayuda financiera, Lagarde se convirtió en la cara visible del ente que audita las cuentas nacionales.

"Muchas gracias, Nicolás. Es un placer estar en Buenos Aires nuevamente", dijo la directora gerente, en un español afrancesado, en su primera presentación oficial ante los periodistas luego de que se aprobara el acuerdo del FMI.

A un kilómetro de distancia, sin embargo, unas horas más tarde, manifestantes de partidos de izquierda coreaban su nombre y paseaban carteles con su imagen que decían "Fuera FMI".

Lo cierto es que esta vez el paso de Lagarde por el país será de apenas tres días. Hoy, cuando finalice el cierre de la actividad oficial, a las 15.50, la abogada y magíster en Ciencias Políticas partirá de regreso a Estados Unidos.

Muy distinta había sido su visita anterior, cuando llegó a Buenos Aires unos días antes que comenzara la reunión del G-20 y se quedó unos días extras paseando por las Cataras del Iguazú, junto con su marido. También había tenido la oportunidad de ver un partido de River Plate contra Belgrano de Córdoba y se sacó unas fotos con los dirigentes del club.

En esta ocasión, Lagarde tuvo la oportunidad de ver, anoche, el espectáculo de tango de la bailarina Mora Godoy en el Centro Cultural Kirchner (CCK) junto con el resto de la delegación de ministros y presidentes de bancos centrales.

Sin embargo, según deslizaron fuentes oficiales, la exministra de Finanzas de Francia en los gobiernos de Nicolas Sarkozy y François Fillon hubiera preferido ver un concierto de Daniel Barenboim, que, justamente, luego de ocho funciones en el Teatro Colón, hoy hará su despedida. Al maestro, en tanto, lo pudieron disfrutar los deputies -los segundos en jerarquía de ministros y banqueros- que acudieron a su última función en el CCK, el jueves pasado a la noche. En cambio, el jefe de la misión del FMI para la Argentina, Robert Cardarelli, prefirió visitar ayer la exposición de la Sociedad Rural.

La última cena de Lagarde en el país no fue la merluza negra que comieron la mayoría de los comensales internacionales. La directora, de 62 años, es vegetariana, por lo que degustó unos tortellis caseros de ricota ahumada con salsa de hongos, el menú oficial para aquellos que no comen carne. No hubo diferencias con la bebida: compartió anoche con la mayoría de los funcionarios el vino argentino, ya que, como buena francesa, había señalado su admiración por el malbec local.

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