El contorsionista

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
Crédito: Edición fotográfica: Dante Cosenza
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23 de julio de 2018  

SACRAMENTO, ESTADOS UNIDOS.- La postura, imposible pasarlo por alto, puede llamarle la atención al espectador casual, sobre todo si no está familiarizado con los felinos domésticos. Pero los gatos son contorsionistas natos. Aquello de que caen parados es, en la mayoría de las ocasiones, un hecho irrefutable. Mientras se despeñan, giran en el aire usando la cola como balancín y ahí terminan, de pie y como si nada. Usan las uñas de sus patas delanteras como guía y las traseras para impulsarse. ¿Cómo no envidiarlos, nosotros, que tenemos dos pies? Son capaces de vencer la gravedad saltando a más de dos metros de altura. Y sus bigotes, llamados vibrisas, son precisos sensores táctiles, y los tienen no solo en el morro, sino también en la frente, las mejillas, el mentón y las muñecas. La posición del minino de la foto es típica de su diario ritual de limpieza. Y algo más: tiene sobrepeso. Doble mérito, entonces.

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