Lejano y cercano oeste

Sergio Suppo
Sergio Suppo LA NACION
(0)
23 de julio de 2018  

En el primer segundo aparece Robert Redford para avisarnos de qué irá The West. Por si hiciese falta, con ese nombre. Los que elegimos ver ese documental, porque antes nos lo seleccionaron los algoritmos que usa Netflix para darnos con el gusto, ya sabemos que veremos la versión histórica de nuestras películas infantiles preferidas, las de vaqueros e indios peleando en el lejano oeste.

En ocho capítulos, The West revisa nuestras creencias originales, por momentos las confirma y de a ratos las desmiente bajo un formato combinado de testimonios de especialistas y caras conocidas que dan versiones distintas sobre un mismo hecho. Esa narración plural está vestida por escenas ficcionadas que reconstruyen ese pasado.

En ese viaje por la llamada "conquista del oeste" de los Estados Unidos, The West une lo interesante con lo importante, los datos desconocidos con la información incorporada a fuerza de ver películas de Hollywood y series en blanco y negro. Es así que las historias de bandidos legendarios como Jesse James y Billy the Kid aparecen relacionadas con procesos históricos como la dolorosa posguerra civil en la que los gobiernos de Washington comienzan la aventura política, social y económica de extender las fronteras del país a costa de los territorios indígenas.

Desde el primer capítulo es imposible evitar el puente que cruza desde aquella historia con la conquista del desierto en la Argentina. Propósitos similares, los mismos años, el impulso fundacional de una generación política que surge vencedora luego de un enfrentamiento interno, la iniciativa privada como motor del desarrollo económico y el fenomenal crecimiento del ferrocarril como herramienta esencial de la construcción del progreso.

Con casi cincuenta años de antelación, tal vez sin saberlo, Estados Unidos se preparaba para convertirse en la primera potencia mundial del siglo siguiente. La Argentina hacía cosas bastante parecidas por entonces. El siglo XX rompería aquellos paralelismos que la serie ofrece en forma tácita y sin proponérselo a sus espectadores argentinos.

The West cuenta con el interés de entretener, sin bajadas de línea ostensibles ni sentencias definitivas sobre los hechos ni los personajes. Y deja abierto a la discusión y a la interpretación lo que se relata.

No hay indios malos ni blancos buenos. Caballo Loco y Toro Sentado son retratados en sus miserias y grandezas, tal como el presidente Ulysses Grant, con quien negocian y se enfrentan por las tierras que ocupaban los sioux. Tampoco los bandidos son criminales arrastrados al abismo por ser simplemente crueles. Jesse James se convierte en un temible asaltante de bancos luego de regresar derrotado de la guerra de secesión. Imposible no acordarse de las rebeldías de Martín Fierro, en cualquier caso mucho más acotadas y para nada dañinas.

La formidable decisión geopolítica de unir el país, integrarlo, desarrollarlo económicamente y someterlo bajo una misma ley no aparece sola. También incluye el acompañamiento de las miserias humanas más notorias de esos 40 años finales del siglo XIX. Dos ejemplos: los negociados de algunas constructoras de ferrocarriles que arrastraron al país a su primera gran crisis y el rompimiento del acuerdo de paz con los sioux en nombre del oro de las Black Hills (Colinas Negras), en Dakota del Sur y Wyoming.

A la serie le faltan la información y los datos que el deseo de saber más sobre esa época nos encendió en quienes la estamos viendo. Por el momento alcanza con el consuelo de disfrutar de una narración histórica sin los maniqueos tironeos entre el mal y el bien con los que con tanta frecuencia nos bombardearon en tiempos recientes algunos difusores de la historia interesados en favorecer al célebre relato de un gobierno que, como es regla, también se convirtió en pasado.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.