Gato encerrado

Carlos M. Reymundo Roberts
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23 de julio de 2018  

Anteayer, una carta de lectores en LA NACION advertía que si bien crece el decomiso de droga -las cifras de los dos últimos años son elocuentes-, no ocurre lo mismo con la detención de narcos. La carta sostenía que se ven muchas más fotos de paquetes de droga que de los delincuentes que la trafican. El año pasado, un funcionario que trabaja desde hace años en la lucha contra el narcotráfico en el norte del país contó a LA NACION que, en efecto, no todo lo que brilla es oro: "Muchas de las incautaciones son pactadas. Los narcos saben que las fuerzas de seguridad tienen que cumplir con ciertas estadísticas, para no levantar sospechas, y entonces entregan cargas. No es difícil descubrir cuáles son porque a cambio se les da la fuga. Si en la información que se entrega a los medios figura que el que llevaba la droga escapó, ahí hay gato encerrado". Y lamentablemente se informa a menudo que fue posible capturar droga y no a los que la traficaban. Otro patrón para evaluar la importancia de un decomiso es su volumen: hasta 1000 o 1200 kilos se considera poco relevante.

El viernes, la Gendarmería encontró 300 kilos de marihuana proveniente de Paraguay en una islita sobre el Paraná, cerca de Itatí. ¿Narcos? Ninguno.

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