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Bienestar

Es bailarina y actriz, pero un encuentro en la playa cambió sus prioridades

Jimena Barrionuevo
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24 de julio de 2018  • 00:40

Fue un encuentro inesperado, de esos que el destino pone frente a algunas personas porque les tiene destinada una noble misión. Victoria Shocrón estaba de vacaciones en la playa con su marido y su hijo de dos años jugando a correr entre las olas, haciendo castillos de arena y disfrutando del sol y la brisa de mar. Hasta que se un nene se acercó y quiso sumarse al juego. "Lo invité a que viniera a jugar con nosotros. Pero no me respondió ni tampoco lo hizo cuando le pregunté su nombre. Pensé que no tenía deseos de contestarme y, por lo tanto, seguí jugando con mi hijito Facundo", recuerda Victoria.

Por ese entonces Victoria y Facundo tenían un juego que estaba entre sus preferidos: ella hacía preguntas y respuestas rítmicas con los baldecitos para jugar en la arena y su hijo le respondía. "Fue en ese momento del juego en que ese niño se acercó a responder copiando los ritmos y así comenzó a jugar y a compartir. A través esa acción me di cuenta que ese niño tenía algo diferente que hacía que no nos entendiéramos con palabras pero sí de otra forma y era a través de la música. Era la primera vez que veía a un niño con esas características y me emocionó mucho que pudiera disfrutar de la compañía de otro chiquito y fue porque se había comunicado a través de los ritmos musicales. Se había podido comunicar".

Victoria estaba familiarizada con el mundo de la música y la expresión. Aunque había pasado su infancia en la localidad de Colón, en la provincia de Buenos Aires, fue a partir de los 13 años que pudo desplegar su pasión por la danza. "Desde muy pequeña bailaba por los rincones de la casa. Cuando regresamos a vivir a la ciudad de Buenos Aires, incluso creo que fue antes de conocer la que sería mi escuela secundaria, me inscribí en la Escuela Nacional de Danzas. Traté de recuperar el tiempo perdido- por haber comenzado de grande- y vivía tomando clases particulares además de las de la escuela. Amé y amo bailar". Ya cuando fue un poco mayor se interesó por la comedia musical con la convicción de que el teatro es un espacio mágico en el que todo sucede con cada nueva función. Sin darse cuenta se estaba formando para ayudar a los demás.

Arte y forma

Aquel verano del encuentro con ese niño que le abrió los ojos marcó un antes y un después en su vida. "Así pasamos un verano jugando y disfrutando de una amistad sin reparos. Recuerdo la emoción de su mamá que me decía que era la primera vez que su hijo tenía un amigo de playa. Fue en ese momento que surgió en mi el deseo de compartir mi profesión artística con personas a las que les pudiera ofrecer caminos de comunicación a través de diferentes disciplinas artísticas".

Cuando pudo poner en papel lo que quería hacer, comenzó a buscar personas que entendieran su idea y que, desde luego, quisieran embarcarse en su proyecto. "En mi estaba la idea bien clara de lo que quería, que era crear un espacio de comunicación a través del arte pero alejado de la visión médica. Nunca me sentí con la capacidad de enseñar, entonces busqué a quienes pudieran trabajar con la música, la danza, el teatro, las artes plásticas"

Una vez conformado el grupo, presentó la idea al Centro Cultural Gral San Martín, donde recibió apoyo para poner en marcha la propuesta. Consiguió además que le prestaran algunas aulas de una escuela y, cuando finalizaba el horario escolar, el grupo de Victoria entraba a sus clases de arte-terapia. Sin darse cuenta había cerado un centro de arte para personas con discapacidad intelectual.

En 1991 le dio forma y, bajo el nombre de Fundación Discar, hoy ofrece herramientas para el desarrollo de las capacidades intelectuales, favoreciendo su inclusión social y/o laboral. "Este proyecto es la puerta que me permitió conocer muchas vidas especiales, darme cuenta que todos podemos ocupar roles de protagonismo en el cambio de vida de otras personas, que todos podemos ayudar a cambiar el mundo, que la vida va más allá de lo que puedas imaginar cuando pensás ¿qué va a ser de tu vida en el futuro?. Porque cada día puede sorprenderte con algo inesperado. Me permitió crecer como persona".

A partir de su experiencia personal en el arte, como actriz y bailarina, Victoria pudo transitar junto a sus alumnos clases de danzas, canto, actuación y ese proceso funcionó a modo de toma de conciencia de la necesidad de abrir caminos de comunicación para las personas con discapacidad. "Lamentablemente no vi más a aquel niño que me inspiró y uno de mis mayores deseos sería encontrarme con él, que ya debe ser todo un hombre, y contarle que fue gracias a ese encuentro que cambió mi vida y, puedo decir que también la de muchas otras personas", concluye Victoria.

La voz del especialista

Liliana Gasull es musicoterapeuta del equipo de Terapias Basadas en las Artes del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y en este audio reflexiona sobre los beneficios de la implementación de herramientas y materiales de artes visuales y audiovisuales, de ejercicios de danza/movimiento expresivo, teatro terapia y la musicoterapia para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual.

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