En Mendoza, así es vergel privado de un artista plástico

En el jardín de La Alboroza, su casa de Maipú, el artista plástico Sergio Roggerone creó un refugio energizante,colmado de aromas a lavanda, jazmines, rosas y frutales.
En el jardín de La Alboroza, su casa de Maipú, el artista plástico Sergio Roggerone creó un refugio energizante,colmado de aromas a lavanda, jazmines, rosas y frutales. Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín
(0)
25 de julio de 2018  • 17:33

Sergio Roggerone es un artista mendocino que inició sus estudios en la arquitectura y siguió por el camino del arte. Y parece que la maravilla de la naturaleza se cuela en la sangre y se hereda. Es que su abuela era amante de las plantas y el jardín; su padre también amó el suyo. Así, combinando las tres pasiones nació su hogar La Alboroza -o morada de la felicidad- en el barrio de Maipú, allá por el año 2000.

La entrada de La Alborza y a la derecha, Sergio Roggerone con una de las sotanas que usa para pintar.
La entrada de La Alborza y a la derecha, Sergio Roggerone con una de las sotanas que usa para pintar. Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Luego de traspasar la enorme puerta recortada en el blanquísimo muro, el tiempo pierde su modernidad. La decoración es barroca, recargada, casi de otro siglo. Se accede al jardín y la sensación de transportarse en tiempo y lugar permanece; lo que allí sucede es íntimo, es un pedazo de naturaleza ajena al ritmo exterior. Su jardín, lejos de competir con el imponente paisaje mendocino, respira hacia adentro. Un muro de cuatro metros rodea toda la casa. Al negar las vistas a la montaña, decidió crear un vergel privado que atraviesa los ventanales hacia el interior, o viceversa. Un lenguaje propio, pictórico, personal e inventado. Un mundo casi mágico que encierra la creatividad de la familia que lo habita.

Izq.: El comedor al aire libre, uno de los rincones favoritos de Roggerone pintado de azul ultramar con pigmentos traídos desde España. Una fuente con macetas retoma el azul de otros sectores del jardín.
Izq.: El comedor al aire libre, uno de los rincones favoritos de Roggerone pintado de azul ultramar con pigmentos traídos desde España. Una fuente con macetas retoma el azul de otros sectores del jardín. Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Con una propuesta inicial de Eduardo Vera y la constante incorporación de plantas y perfumes de la mano del propio Sergio y de su mujer Marina, el jardín va mutando como una obra viva. Eso sí: siempre lleno de perfumes y aromas. Una gran variedad de jazmines -incluso una planta trasplantada del jardín de su abuela-, rosas 'Cocktail' y 'Iceberg', árboles frutales. Un clima casi mediterráneo, seco y con sol, entrega una fruta maravillosa.

En el jardín de La Alboroza, su casa de Maipú, el artista plástico Sergio Roggerone creó un refugio energizante,colmado de aromas a lavanda, jazmines, rosas y frutales.
En el jardín de La Alboroza, su casa de Maipú, el artista plástico Sergio Roggerone creó un refugio energizante,colmado de aromas a lavanda, jazmines, rosas y frutales. Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Los comienzos -cuenta Vera- fueron sin requerimientos del cliente, acoplándose a la arquitectura, a una casa española con aires moriscos. Por eso los cipreses con su verticalidad y las palmeras con su gran carácter fueron protagonistas en la primera hora. El jardín es un gran espacio central verde y energizante, delimitado por la casa en uno de sus bordes, por el estudio del artista en otro y, el tercero, aún en proyecto, por un estudio más grande, independiente.

El jardín central, que rodea a la pileta es una mezcla de verdes y texturas. Los cipreses y las palmeras acompañan el estilo hispan árabe de la construcción
El jardín central, que rodea a la pileta es una mezcla de verdes y texturas. Los cipreses y las palmeras acompañan el estilo hispan árabe de la construcción Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

La pileta se apoya sobre uno de los muros en este gran jardín central y se rodea también de palmeras y lavandas. La amplia galería se convierte en un comedor al aire libre, rodeada de ornamentos y piezas de arte, cada una con su historia y muchas de ellas con el espíritu religioso que caracteriza la obra de Roggerone.

Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Uno de sus rincones favoritos es el patio azul. Un azul ultramar, el mismo que colorea Majorelle, inventado en África por su poder de ahuyentar a las moscas. Un azul intenso que, aunque frío, tiene una temperatura visual fuerte. Para que mantenga su vibración, lo retoca todos los años con los pigmentos originales traídos de España. El lugar suma agua para atraer a las aves, enredaderas y plantas como un marco verde, objetos de su autoría que exponen su alma de coleccionista, de recolector. Y también, es lugar de encuentro, un living exterior para compartir con la gente más querida.

"El arte es la noticia del alma", dice la leyenda sobre la puerta de entrada. Der.: Obetos de colección, algunas con influencias religiosas.
"El arte es la noticia del alma", dice la leyenda sobre la puerta de entrada. Der.: Obetos de colección, algunas con influencias religiosas. Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Mientras todos duermen, Sergio atraviesa el jardín descalzo. Es hora de alimentar a los perros y de caminar por la hierba bien fresca, bien fría, antes de acostarse. También, junto con su mujer, suelen recorrerlo en busca de nuevas flores, posibles cambios y de disfrute. Sin duda es un lugar de inspiración para el artista, para luego volver a la intimidad absoluta de su taller, a la búsqueda interior antes de plasmar cualquier información en la tela.

Izq.: grandes maceteros con malvones, suman color. Der.: una pajarera antigua que Roggerone pintó del mismo azul ultramar del comedor al aire libre.
Izq.: grandes maceteros con malvones, suman color. Der.: una pajarera antigua que Roggerone pintó del mismo azul ultramar del comedor al aire libre. Fuente: Jardín - Crédito: Archivo Revista Jardín

Plantas, flores y conjuros

Actualmente su trabajo de artista incluye el jardín. No el propio, uno inventado, uno posible. Junto con la poeta, también mendocina, Claudia Bertini, están creando un herbario de flores, plantas y conjuros. De mezclas que pasan entre estas hierbas. De propiedades que redestinan las líneas de la mano, que controlan los agentes del caos, que avistan la tierra firme. Están inventando un mapa que lleva al vergel furtivo, pero un mapa incompleto. Pocos serán los que perciban los vientos, los aromas, los colores que vienen del paraíso oculto en la obra o utopía de sus autores, y quienes se animen a transitar la experiencia.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.