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Un diálogo acertado y meticuloso entre el cine y la música

Martín Matalón musicalizó tres clásicos de Luis Buñuel
Martín Matalón musicalizó tres clásicos de Luis Buñuel
Virginia Chacon Dorr
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24 de julio de 2018  

Buñuel + Matalón. Tres películas de Luis Buñuel con música original en vivo de Martín Matalón. Compositor y director: Martín Matalón. Solista: Odile Auboin (viola). Ciclo: Colón contemporáneo. Teatro Colón, función: 21 de julio. Nuestra opinión: muy bueno

Martín Matalón no es un compositor ajeno al diálogo entre la música y el cine. Ya hace más de veinte años incursionó en este desafío con la música para la versión restaurada de Metrópolis, de Fritz Lang. Esta vez, el diálogo se estableció con Luis Buñuel, director emblemático del surrealismo. En forma de tríptico, Matalón compuso para tres películas cruciales dentro de esa estética: Un perro andaluz (1929) -manifiesto cinematográfico por excelencia del surrealismo-, Las Hurdes (1933) y La edad de oro (1930).

El trabajo de Matalón considera el montaje y el hilo discursivo de cada una de las películas de modo meticuloso. De particular profundidad y sutileza fue la exploración sonora en la partitura para Las Hurdes, en la que la violista Odile Auboin puso en relieve su soberbia destreza técnica y musicalidad. Víctor Torres fue el encargado de la narración, con una voz sin afectaciones de ningún tipo, lo que fue efectivo para el devenir de esta obra con impronta documental. Esto, sumado al sutil trabajo de la electrónica, puso en eje el perturbador malestar que genera la desoladora miseria denunciada en el film.

En Un perro andaluz, la música está íntimamente ligada a los cambios rápidos de situaciones abstractas que se presentan, a veces convergiendo con el contenido visual y otras irrumpiendo para reforzar el extrañamiento que generan las escenas. Así, la partitura colabora activamente en la comprensión de la forma de la película.

En La edad de oro, en donde se percibe la maduración del estilo surrealista de Buñuel, el hilo narrativo permitió a Matalón componer brumosas capas sonoras ligadas a una suerte de ensoñación, en la que los percusionistas tuvieron un lugar central que supieron resolver con la mayor corrección.

Originalmente, Buñuel eligió fragmentos de la Sinfonía Nº 4 de Brahms para acompañar a Las Hurdes. Esta música representaba para el director los valores burgueses que el surrealismo combate y violenta activamente. En el concierto, al finalizar cada proyección, las luces se encendían para desnudar la suntuosidad del espacio. La dialéctica establecida entre las obras y el auditorio del Teatro Colón (originalmente construido para deleitar el gusto burgués) hacía que el surrealismo estalle con más fuerza, tal como ocurría con Brahms originalmente. Esta experiencia rescata un espíritu de confrontación que, lejos de domesticar a una corriente estética, hace que la reflexión tome un carácter imperativo.

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