La difícil lucha de Macri contra el pesimismo

24 de julio de 2018  • 00:01

Hasta algunos de los economistas más ortodoxos desechan la posibilidad de que la presente crisis económica sea equiparable a la de 2001 . Sin embargo, el propio presidente de la Nación sabe que debe enfrentar fuertes prejuicios imperantes en el imaginario social y una ola de pesimismo, alentada desde sectores de la oposición, que vislumbra la idea de que la Argentina podría volar por los aires si no se corrige el actual rumbo.

No fue casual que Mauricio Macri , tanto en la conferencia de prensa como en el diálogo a través de la red social Instagram que ofreció la semana pasada, haya hecho especial hincapié en afirmar que la actual "tormenta" financiera no tiene absolutamente nada que ver con anteriores crisis. Tampoco, que admitiera que si algo le quita el sueño es lograr transmitirles a los argentinos que estamos en el camino correcto.

Distintos sondeos de opinión pública consultaron a la ciudadanía acerca de las semejanzas que percibía entre la situación de 2001 y la actual. Algunos de ellos, como los de Giacobbe y Asociados y de la consultora Reyes Filadoro, llegaron a dar cuenta en los últimos meses de que entre el 55% y el 63% de la población, respectivamente, cree posible que la Argentina pueda terminar en una crisis similar a la que se produjo 17 años atrás.

Claro que, según la primera de las consultoras, ese número baja al 18,4% entre quienes confiesan pertenencia ideológica al Pro y al 32,8% entre quienes se declaran radicales. El 49% de los independientes, el 89% de los peronistas y el 96% de los kirchneristas avalan la idea de que atravesar una crisis como la de 2001 es posible.

Semejantes percepciones van de la mano de la caída en el nivel de aprobación de la forma en que Macri conduce el gobierno nacional. La consultora Management & Fit, en su último relevamiento mensual determinó que solo el 35,1% de la población aprueba la gestión presidencial, mientras que el 54,9% la desaprueba y el 10% no sabe o no contesta.

Hay que aclarar que el pico más elevado de aprobación de la gestión presidencial fue del 52% cuando el oficialismo ganó las últimas elecciones legislativas, en octubre. Es decir que, desde entonces, la imagen del Gobierno disminuyó unos 17 puntos. Según Mariel Fornoni, directora de Management & Fit, no se trata de algo irrecuperable, si se tiene en cuenta que el apoyo a la gestión de Cristina Kirchner en 2007, cuando asumió la presidencia de la Nación, era del 55% y un año después, con la crisis del campo, llegó a descender al 18%, pese a lo cual remontó y fue reelegida en 2011.

La última encuesta de la consultora Reyes Filadoro, llevada a cabo entre el 12 y el 14 de este mes y que comprendió a 800 habitantes de la provincia de Buenos Aires indica que, al medirse la intención de voto, Macri sólo logra retener al 52% de quienes optaron por la boleta de Cambiemos en las elecciones legislativas de octubre último, mientras que Cristina Kirchner retiene a casi todos sus votantes de 2017.

La cuestión central pasa por la caída de las expectativas económicas, que fueron el sostén principal del apoyo al gobierno de Macri durante los dos primeros años de su gestión. Y la percepción de riesgo de terminar como en 2001 se correlaciona con esa disminución del optimismo económico.

Las oleadas de la opinión pública muchas veces no admiten razones. A la crisis social, económica y política de 2001 , que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa , se llegó luego de tres años y medio de recesión y de una fuerte caída de los depósitos bancarios y de las reservas del Banco Central, sumados a un nivel de desempleo muy elevado.

Actualmente, las cosas son diferentes, a juzgar por la opinión de reconocidos economistas. En primer lugar, no hay un dólar convertible ni un tipo de cambio fijo. En segundo término, si bien hay muchos más depósitos en dólares, los bancos solo pueden prestar esas divisas a empresas relacionadas con la generación de dólares mediante el comercio exterior, y el resto de los depósitos dolarizados debe ser conservado como encaje en el Banco Central. Una tercera diferencia es que hoy no sería necesaria una pesificación como la de 2001, por cuanto prácticamente no hay créditos en dólares que devolver.

Un riesgo es que se pueda profundizar una tendencia en función de la cual las entidades bancarias sigan prestándole dólares al Tesoro Nacional. Pero nada de esto alcanza como para establecer semejanzas entre 2018 y 2001 .

Aun así, Macri es consciente de que debe salir a apropiarse del centro de la escena para enfrentar las corrientes de pesimismo y para demostrarle al FMI que también se ocupa de la política, una de las cuestiones que siguen generando incertidumbre en los mercados y en el círculo rojo.