A Dinty le partieron la mandíbula de un palazo: así trabaja el equipo que la ayuda a recuperarse

25 de julio de 2018  • 00:37

Caminaba sin rumbo por las calles de la localidad de Boulogne, en la provincia de Buenos Aires. Tenía tan solo dos años pero su pequeño cuerpo ya había sufrido las inclemencias de la vida en la calle sin lugar donde refugiarse. Dinty era una cachorra de tamaño chico que sólo buscaba comida entre los vecinos del barrio. Hasta que el destino la cruzó en el camino de Graciela Pascoli, una rescatista de la zona que no dudó en alimentarla y llevarla a su casa para darle una nueva oportunidad.

"Cuando llegué a casa, fui al baño y lo primero que vi fue un rollito peludo que me gruñía. ¡Ok, no quiere que la moleste!, pensé. Mi mamá la había instalado en el baño para que pudiera estar tranquila y, con paciencia, poder ir haciendo la adaptación a nuestra casa", recuerda Milagros, la hija de Graciela que se ocupó de rehabilitar a Dinty. "Con el paso de los días dejó de gruñir, empezó a comer y a salir del baño -cosa que le costó mucho- y lentamente pudimos empezar a acariciarla y, desde luego, verla mejor. Entonces nos dimos cuenta que tenía algo en la boca", agrega Milagros.

No perdieron tiempo para llevarla al veterinario y, luego de examinarla, el especialista pudo confirmar que Dinty tenía la mandíbula fracturada, posiblemente por un palazo. La mala noticia era que la lesión era vieja y ya se había soldado. Entonces no quedaba mucho por hacer. Milagros y Graciela decidieron castrarla y seguir con su recuperación.

Aunque Dinty se había mostrado desconfiada desde el comienzo, lentamente comenzó a transformarse en una perrita amorosa y cariñosa. Pero con los días de tormenta y las voces fuertes el panorama cambiaba por completo. "Cada vez que había tormenta, alguien hablaba fuerte o le pasaba muy cerca, Dinty hacía un escándalo increíble. Entraba en pánico, se iba arrastrando a los gritos y se escondía atrás del inodoro. Ni hablar si alguien entraba al baño. Los gritos de Dinty se escuchaban hasta la esquina. Esta suma de reacciones y la mandíbula fracturada nos dieron el alerta del maltrato que había recibido a su corta edad", explica Milagros.

Paciencia y compromiso

Entonces decidieron que era el momento adecuado para que Dinty recibiera la ayuda de un adiestrador. El objetivo era lograr que dejara de tener miedo y que confiara nuevamente en las personas para, en una segunda etapa, poder darla en adopción. "El tratamiento para un perrito que sufrió maltrato no es para nada sencillo, ya que todo lo que hagas, al perro le genera miedo e incertidumbre. Dinty tenía tanto miedo que cuando entraba en pánico lo que hacía instintivamente era morder. Todos sabemos que en el ámbito doméstico es muy malo que un perro muerda. Pero en la calle, aquella reacción de defensa le hubiese servido como mecanismo para sobrevivir y protegerse de lo que ella consideraba una amenaza", aclara Máximo Cereijo, el especialista en comportamiento que está trabajando con Dinty.

En el medio, Mili y Dinty en una jornada de adopción del grupo de voluntarias Bicheras de Boulogne

El plan para comenzar a tratar a Dinty empezó con paciencia. Mucha paciencia. "Con Dinty tuvimos que trabajar desde lo cognitivo y desde lo emocional. Su tratamiento partió de la desensibilización sistemática. Primero tuvimos que reconocer cuál era el estímulo que desencadenaba la mala conducta. En ella claramente era el miedo hacia las personas. Por eso mordía, para alejar a la persona que se acercaba. ¿Qué hicimos? Por unos días evitamos que se cruzara con algunas personas. Luego, gradualmente, aparecieron ciertas personas en su campo visual con comida que dejaban caer a sus pies. La persona tenía que retirarse sin molestarla", explica Cereijo.

El paso siguiente consistió en que una persona entrara nuevamente en su espacio, se agachara al nivel de Dinty con comida en la mano y no hiciera contacto visual con ella hasta que la perrita pudiera comer. Más adelante a esta acción se le agregó una caricia mientras el animal se alimentaba. "Además, se le pidió a la familia que no la retara ni le gritara ante ninguna situación. Y que cualquier conducta que se le pidiera al perro y la cumpliese, llevara aparejada un premio. Incluso a veces simplemente se la premiaba por estar tranquila para reforzar los momentos de calma. También trabajamos con masoterapia, es decir, mimos en determinadas zonas para mejorar el tacto y contacto con ella. Y, por último con contra condicionamientos en la calle cuando entraba en pánico, en estos casos se le pedía alguna conducta para distraerla y sacarla de ese episodio", dice Máximo.

Como tercer escalón en este complejo proceso, Dinty aprendió a compartir su espacio con otros perros. Cuando pudo comprobar que los integrantes de la familia no la lastimaban y los perritos tampoco, ella misma decidió realizar actividades de especie y comenzó a resolver mejor todas las situaciones demandando atención y cariño. "Máximo nos está ayudando desde febrero con Dinty y realmente mejoró muchísimo. Con amor y paciencia la fue estudiando y dándonos tareas para ir sacándole algunos traumas. Hoy Din ya está lista para irse con esa familia tan soñada. ¿Qué pedimos a quien quiera adoptarla? Que respeten sus tiempos y sus espacios, que no la invadan y que tengan mucho cariño para darle. Es una perrita híper cariñosa y juguetona, le gusta mucho pasear, comer y dormir. Después de tanto sufrimiento, se lo merece", concluye Milagros.

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