Andrés Gómez y su consagración en Roland Garros, el día que Andre Agassi jugó con extensiones capilares

Andres Gomez y el saludo final con Andre Agassi tras vencerlo en la final de Roland Garros 1990
Andres Gomez y el saludo final con Andre Agassi tras vencerlo en la final de Roland Garros 1990 Fuente: AFP
Sebastián Torok
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25 de julio de 2018  • 23:59

Ganar Roland Garros en 1990, a los 30 años, a Andrés Gómez , naturalmente, le cambió la vida. Él mismo apunta que su carrera fue a la inversa de lo habitual, porque cuando logró su primer Grand Slam ya no se veía con mucha más vida en el circuito y, de hecho, había ganado 19 de los 21 títulos con los que se despidió (el último fue en Brasilia 1991). "Había sido número 1 del mundo en dobles en 1986, jugado el Masters en varias ocasiones, ganado Barcelona y Roma dos veces, había sido top ten, ganado títulos en torneos importantes de Estados Unidos. Pero faltaba un título que hiciera la diferencia, que pusiera la corona. Y llegó en París", sonríe Gómez, apodado Gogo por Jimmy Connors , un tiempo después de la batalla tenística que protagonizaron en el US Open de 1981 (ganó el estadounidense en cinco sets).

El sueco Stefan Edberg y el alemán Boris Becker fueron los máximos favoritos de aquel Abierto de Francia 1990. Gómez, 7º del tour, fue el cuarto preclasificado y, Agassi (5º del mundo), el tercero. Luego de vencer al austríaco Thomas Muster (9º) en las semifinales, el ecuatoriano ganó la Copa de los Mosqueteros al imponerse por 6-3, 2-6, 6-4 y 6-4 ante un joven Andre Agassi que buscaba su primera corona grande. "Nunca volví a ver entero el partido, porque nunca quise ver el set que perdí. Pero es inevitable verlo una y otra vez porque cada vez que se juega Roland Garros siempre lo pasan por televisión. La Copa la tengo en mi casa, la conservo con mucho cariño. Tengo la idea de hacer un museo itinerante en los colegios y lucirla, entre otros objetos", le cuenta Gómez a LA NACION.

Los mejores pasajes de aquella final

En "Open", su explosiva biografía, Agassi confesó que durante aquella final en París jugó con extensiones capilares y que estuvo pendiente de que no se le salieran. La anécdota, verídica o no, no minimizó en absoluto la victoria de Gómez. Agassi lavó la peluca la noche anterior a la final, se estropeó y con la ayuda de su hermano Phil le realizaron algunas reparaciones. "Durante el calentamiento previo al juego recé. No por la victoria, sino porque no se me cayera mi cabello postizo", publicó el Kid de Las Vegas, en 2009. Claro que Gómez no le dio importancia: "Leí en su biografía ese tema, sí. Lo tomé como algo periférico al tenis. En el libro, en la parte que se refiere a Roland Garros, sobre todo al partido conmigo, tiene palabras muy buenas hacia mí, para mi carrera y lo que significó ese torneo. A veces hay libros que hay que venderlos y que se crean polémicas para eso. Ese tuvo polémicas con Becker, Connors, McEnroe y obviamente con Sampras. Lo tomo como lo que es: una anécdota más, algo que él pensó que era necesario contar. El resultado es el que queda y eso es lo que realmente importa".

Después de ganar el título en el Bois de Boulogne, Gómez regresó a Guayaquil, su ciudad natal. Tuvo un masivo recibimiento y fue paseado en autobomba. Hasta el presidente de ese momento, Rodrigo Borja, lo agasajó en la casa de Gobierno. El público lo tenía como un gran referente desde hacía casi una década y llenaba los estadios cuando jugaba la Copa Davis.

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