Nicolás Maduro continúa demoliendo Venezuela

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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26 de julio de 2018  • 01:42

Un alto dignatario eclesiástico venezolano acaba de señalar que Nicolás Maduro es un personaje peligroso, por ser incapaz de gestionar, desde la presidencia de su país, a Venezuela. Porque no tiene las condiciones de preparación, ni los conocimientos mínimos requeridos para ello. En otras palabras, porque no está dotado de las condiciones necesarias para la responsabilidad que tiene en sus manos. Como esto es así, no es sorpresivo que -de pronto- hayan comenzado las explosiones y problemas en los sectores más sensibles de la sociedad venezolana. Entre ellos, nada menos que en el sector de la salud.

Desde hace casi un mes, Nicolás Maduro enfrenta una muy extraña rebelión: la de las enfermeras de su país que protestan insistentemente por la falta de medicamentos e insumos imprescindibles para poder atender y tratar a los pacientes en los hospitales. A lo que adicionan reclamos salariales que, en un país cuya inflación cerrará en el 14.000% anual, a fines del año en curso, son absolutamente inevitables.

En pocas palabras, las enfermeras venezolanas no pueden ejercer su profesión con responsabilidad y tampoco pueden vivir con dignidad. Si el grave conflicto existente no se resuelve, los médicos y enfermeras amenazan con renunciar masivamente a trabajar en el sector público. Los medios locales sugieren que el 60% de las enfermeras podrían de pronto dar ese duro paso.

En los hospitales venezolanos no hay camillas. Ni insumos. Ni medicamentos. Tampoco, con frecuencia, hay electricidad. Ni agua. La situación es entonces, simplemente, de horror.

Lo que ocurre con los salarios de las enfermeras evidencia el desastre. En promedio esos salarios están en un orden de los 5 dólares mensuales. En esencia, lo que de pronto está en juego es nada menos que garantizar el derecho a la vida y a la salud. Nicolás Maduro se rasga las vestiduras sugiriendo que es víctima de una "agresión económica". No es así. Es tan sólo víctima de su enorme incompetencia, con la que castiga constantemente a sus connacionales.

Para hacer las cosas aún más complejas, muchos profesionales del sector de la salud se unen a la ola de emigrantes que prefiere dejar atrás a su propia Patria, en procura de vivir con un mínimo de dignidad y predictibilidad. El régimen autoritario de Nicolás Maduro expulsa entonces población. Constantemente.

Por todo esto, es hora de defender a la sufrida población venezolana. Al menos difundiendo las intensas penurias a la que está expuesta.

No todos parecen estar de acuerdo con esto. De hecho, hace pocos días, desde el entorno del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, uno de sus asesores al que se tiene como futuro Canciller después del 1º de diciembre, hablando de la catástrofe humanitaria venezolana, tomó distancia de la misma definiéndola como parte de los "asuntos internos" de los venezolanos. No obstante, lo cierto es que desde el exterior se puede ejercer alguna presión sobre la infausta gestión de Maduro, en procura de que al menos modere la dura tragedia por la que transita su pueblo, obligado a convivir con la escasez de todo, perdiendo constantemente nivel de vida.

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