¿Por qué las mujeres siempre nos vemos gordas?

Ni ser flaca es la clave de la felicidad, ni sinónimo de estar saludable, pero las presiones nos afectan aunque no lo sepamos
Ni ser flaca es la clave de la felicidad, ni sinónimo de estar saludable, pero las presiones nos afectan aunque no lo sepamos Crédito: Shutterstock
Paula Giménez
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26 de julio de 2018  • 12:52

Me dispuse a desayunar liviano porque el fin de semana me maté comiendo harinas. Sé que los lácteos también tienen su mala fama, pero tenía un yogurt en la heladera así que me lo traje al trabajo. Compré unos cereales para meterle. Copitos. Me da culpa porque le puse mil y son azucarados, pero pienso que es mejor eso que un tostado o una de esas donas con chocolate que amo. Tengo tres kilos arriba de lo que me gustaría y quiero conseguir bajarlos para estar flaca, ergo linda y así me enamoro y soy feliz.

¿Qué? ¿No funciona así?

Una vez vi subir al colectivo a una chica flaquísima. Me llamó la atención lo linda que era y la miré mientras sacaba el boleto. Tenía todas las muñecas marcadas por cortes. Me impactó. Evidentemente se autoflagelaba y yo pensé "¡Pero si sos flaca y hermosa! ¡Qué más necesitás!". Mucho pero mucho más necesitamos ella, yo y todas nosotras.

Cada vez que siento culpa por comer un alfajor o una hamburguesa, pienso en esta nota. Jesica Lavia es nutricionista y la obsesión por sufrir lo que se come le preocupa. "El 99% de las consultas que recibo de mujeres es porque quieren pesar menos que su peso saludable . En la primera consulta les pregunto cuál es su peso deseado. Si bien 9 de cada 10 hombres responde un peso mayor al saludable, las mujeres siempre dicen un peso menor. Eso me asusta mucho", detalla.

¿Por qué hasta las flacas más flacas necesitan siempre ser aún más flacas? ¿Por qué si tres kilos no te ubica en un peso peligroso para tu salud se siente tan mal tenerlos encima? ¿Por qué el inocente "qué flaca estás" de Susana Giménez es el reflejo de una sociedad que de inocente nada?

La norma

Laura Contreras, abogada, filósofa y activista gorda, analiza estas cuestiones y sostiene: "Desde hace un siglo se constata que las sociedades occidentales cambian su ideal normativo dominante y ese es cada vez más flaco y fibroso. Se habla de un cuerpo en forma, como sinónimo de saludable, bello y feliz. En este dispositivo de corporalidades en el marco de una sociedad altamente medicalizada como es la nuestra, lo saludable se volvió sinónimo de belleza y felicidad y la delgadez es saludable hace años, entonces todo eso se mezcla y las mujeres terminamos presas de nuestra propia corporalidad, siempre estamos en deuda, siempre nos falta algo".

Ok, sí. Los hombres también sufren la estigmatización de la gordura, los gordos la padecen mucho. El tema es que si sos mujer, no importa si estás flaca o gorda, la comida siempre es un tema.

"La mayoría de las mujeres asiste a la consulta habiendo ya hecho alguna dieta en su vida, con los hombres no sucede lo mismo. Ellas sienten culpa por comer algo no saludable siempre. La mayoría de los hombres no experimenta sentimientos de culpa ante la comida", detalla la nutricionista y agrega "a la mayoría de las mujeres le obsesiona el número de balanza. Así, aunque la composición corporal esté mejor, si la balanza no da menos se sienten desanimadas".

Para medir cómo vas con este temita de las dietas , el ejercicio y demás, hay una regla básica y universal que toma tu peso, tu altura y te tira lo que deberías pesar. Bueno, esa universalidad del peso es una de las grandes complicaciones. "Es muy difícil estandarizar, se discute desde el activismo gordo y ciencias de salud que son más críticas con estas cosas. Se mide sólo una relación entre peso y altura y no habla de otras variables que hacen al cuerpo. No hablan nunca de un peso que sea confortable para cada cual, que no puede solo ser medido por tres estándares, las corporalidades son diversas", explica Contreras.

La mayoría de las mujeres intentó hacer una dieta para bajar de peso, algo que no pasa con los hombres
La mayoría de las mujeres intentó hacer una dieta para bajar de peso, algo que no pasa con los hombres Crédito: Shutterstock

Flacura no es sinónimo de salubridad

¿Ser una persona flaca es sinónimo de ser saludable? SPOILER ALERT: ¡No! Se puede ser flaca y comer pésimo. "No se juzga ni mira mal ni se opina sobre el/la flaco/a que come no saludablemente. Como si ser flaco y tener las arterias tapadas de grasa no fuese posible", reafirma Lavia.

Hay una corriente muy fuerte que confronta al activismo gordo y se aferra muchísimo a la salud como justificación para poder ir por la vida señalando gente gorda . Para la Organización Mundial de la Salud la obesidad es una enfermedad. Una enfermedad como la celiaquía o la hipertensión, por ejemplo. "¿Viste alguna vez a alguien decir hipertenso como insulto? No. Y ahí se nota que no hay, de fondo, una sincera preocupación por la salud sino por la apariencia", refleja.

El amor por nuestro propio cuerpo es un tema recurrente dentro del feminismo , el movimiento busca quitarle angustias a las mujeres respecto a casi todo lo que se nos exige por serlo y desarmar, como se pueda, la fuerte opresión estética en la que vivimos sumergidas. "La opresión estética, es una presión que pesa sobre todo en las feminidades. Esta vigilancia de género tan estricta, de cómo tiene que ser ese cuerpo femenino, sucede en todos lados, es un entramado, desde la industria de la moda hasta la millonaria industria médica de la dieta. En este sistema, que nos pone siempre en dentro de régimen y deuda permanente, más allá de la imagen que nos devuelve el espejo, vamos a sentirnos siempre gordas", se refiere Contrera.

Crecí viendo cómo la generación de mi madre cuenta las calorías de todo lo que come y creyendo que la alimentación era simplemente ingesta de calorías, mayores o menores, pero siempre una suma a mis kilos y mis culpas por ser mujer y no ser flaca. Acá viene otro spoiler alert, menos dramático, pero igual de real: la alimentación no son calorías, así como también depende de muchísimas más variables que peso por altura.

"El famoso peso ideal en el que solo se toma de referencia la altura quedó viejo e incompleto. Por eso sugiero consultar a un o una profesional del área para hacer una evaluación nutricional completa y poder constatar cuál es el peso saludable. Antes de preocuparnos por el peso o cualquier otro aspecto de nuestra salud, sería ideal hacer un chequeo anual en el que se incluya un chequeo nutricional", detalla Lavia.

Un camino posible

Comer variado es la clave y son muchísimos los y las profesionales de la salud que insisten con esto, lo ideal no es dejar de comer, es comer mejor. ¿Pero qué es comer mejor? ¿Cómo puedo aflojarle a la neurosis que me da amar tanto a la comida pero a su vez odiarla con fuerza? "Creo que se puede rebatir con información y mucha crítica, con una idea de algo simple y revolucionaria, respetar el cuerpo que tenemos y cuidarlo. Que eso no implica seguir recetas a raja tabla y obsesionarse. Aunque no estemos a dieta, el vivirse ´cuidando´ se aleja del verdadero cuidado, que tiene que ver con la sabiduría e idioma del propio cuerpo en cuanto a la elección con los alimentos", sostiene Contrera.

Pero la comodidad con nuestro cuerpo no pasa sólo por cómo nos alimentamos ni por cómo nos percibimos, el problema mayor es la discriminación y la sociedad gordofóbica en la que vivimos. Porque el mensaje positivo de "amate que como te ven te tratan", se pulveriza al salir a la calle. Si bien el movimiento body positivity nos da herramientas para calmarnos, no es suficiente. "Si en la sociedad sigue habiendo una mirada estigmatizante y violenta de toda gordura, que yo me quiera, que yo respete mi cuerpo, no alcanza. Porque voy a una consulta médica y me van a imponer una dieta para bajar los kilos que ellos consideran que tengo de más sin hacerme un estudio previo, por ejemplo. O cuando quiero comprarme ropa y no encuentro los talles indicados me van a decir gorda en el local, o en la vía pública y ahí el amor propio no alcanza. El cambio tiene que ser colectivo, no sólo individual", reflexiona la filósofa.

Por su parte, Lavia, agrega punzante: "Dejemos de opinar qué tienen y qué no tienen que hacer los demás con su cuerpo y tomemos conciencia de la importancia de hacernos cargo de nuestro cuerpo".

Cuando hablaba de esto con mi mamá, me contó que hace poquito fue al cine a ver "Cuando ellas quieren", una película que trata de cuatro viejas amigas que arman un club de lectura y les cambia la vida leer un libro erótico. En una escena, la actriz Jane Fonda, que tiene 80 años, se encuentra con un gran amor que no veía desde su juventud y lo primero que él le dice es "qué linda estás, qué flaca". Así, casi casi sin que te des cuenta, una frase rapidita de una película llena de ellas, te dice que JAMÁS vas a poder relajarte. Esta sociedad, hasta en tus últimos años, mujer, te va a exigir un certificado de delgadez.

Cuando veo a chicas jóvenes que tienen las medidas que este mundo te dice que tenés que tener si sos mujer, operarse o sentirse gorda, me espanto. Es tan alto el patrón de belleza que debemos conseguir, que ni siquiera sus representantes lo consiguen. "Llevamos años y años viviendo en una sociedad gordofóbica, principalmente hacia las mujeres. Las publicidades, la falta de talles, el famoso 90-60-90, las influencers alimentándose a claras, avena y edulcorante, etc, etc. Todos parámetros de belleza que nos imponen ser ´perfectas´ y si no entramos en estos parámetros, somos ´imperfectas´ y estamos mal", indica Lavia.

Y si bien hablo, escribo, cuestiono y repienso todas estas ideas hace años, la papada que me veo en las fotos me trauma. La tarea, creo, es entender que el chip que llevamos en nuestra cabeza, además de, en muchos casos, deformar la imagen que nos devuelve el espejo, es cultural y lejos está de ser saludable.

Tal vez escribir estas notas ayude a aflojarle un poco al castigo y nos de un respiro, aunque sea pequeño, en el que podamos clavarnos una porción de torta de chocolate sin pensar en las grasas para concentrarnos en las endorfinas que son, en definitiva, lo que realmente nos hace feliz.

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