Un saludo de cumpleaños a Mick Jagger: 75 años de simpatía por el demonio

Por qué el ícono más elusivo del rock es también el más gracioso
Rob Sheffield
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26 de julio de 2018  • 14:14

Hagamos un brindis de cumpleaños por Mick Jagger , quien hoy cumple 75 -a más de 50 años de cuando cantaba “Las líneas alrededor de mis ojos están protegidas por leyes de copyright”, en Aftermath-. Después de todos estos años en el ojo público, sigue siendo el embustero máximo del rock & roll. Es el más visible de los rock stars, y al mismo tiempo uno de los más misteriosos e insondables, por no mencionar el más gracioso. Es el más elusivo de los Rolling Stones . Cualquiera puede darse cuenta de inmediato qué hay de cool en Keith o Charlie o Woody, pero Mick se enorgullece de guardar sus secretos. “¡Encantado de conocerte! ¡Espero que hayas adivinado mi nombre!”, lanza con lascivia en uno de los clásicos más famosos de los Stones, “Sympathy for the Devil”, y él jamás hizo que ese juego de adivinanza fuera fácil. ¿Quién podía colgarle un nombre a él? El es el “Jigsaw Puzzle” que nunca nadie resolverá. Bendito sea por ello.

Mick se pasó la vida componiendo canciones geniales, llenas de emociones intensas: canciones desgarradoras como “No Expectations” o “Child of the Moon” o “Miss You”, canciones hilarantemente pendencieras como “Shattered” o “Who’s Driving Your Plane” o “Dead Flowers”, canciones aterradoras como “Sway” o “Play With Fire” o “Memo From Turner”. Pero nunca se revelaba del todo. En las imágenes legendarias en el Madison Square Garden en 1969 para Gimme Shelter, se serpentea en una malla ajustadísima y anuncia: “Creo que rompí un botón del pantalón. Espero que no se me caigan. No quieren que se me caigan los pantalones, ¿no?”. El público grita en un frenesí orgásmico. Pero él no deja que se le caigan los pantalones, del mismo modo que no deja que se le caiga ninguna de sus máscaras -incluso cuando las deja sangrar-.

Obviamente, Jagger nunca fue un recluso - quizás lo viste la semana pasada en la TV en el Mundial, haciendo muecas durante el partido entre Francia y Bélgica-. Tampoco nunca le bajó un tono a su ostentosa vida personal -tiene un hijo más joven que su bisnieta-. Su energía en el escenario sigue siendo una maravilla -cuando lo ves girar y contonearse en el escenario, te preguntás si Lucifer no habrá sido su instructor de Pilates-. Pero nunca permitió que el mundo entrara en el laberinto de su alma. En su entrevista definitiva “Jagger recuerda” de 1995 para Rolling Stone junto a Jann S. Wenner, recordar su vida es la cosa que menos le gusta a este tipo. “Los diarios de ayer son malas noticias”, cantaba en 1967 -antes de haber visto 25 años de ayeres-.

Desde el principio, Mick tuvo cero interés en fingir la clase de sinceridad a la que aspiraban otros rockeros. En su lugar, era el maestro del disfraz. Oh, ese momento en “Beast of Burden” en el que Mick se lame los labios y brinca en la frase “pretty pretty pretty pretty girrrrrls” -como si supiera que, para hacerle justicia a todo el deseo de esa canción, tuviera que transformarse en la chica más linda del planeta. ( Pretty pretty! Such a pretty! Prit-taaay prit-taaay girrrrrrl!). El siempre fue más Oscar Wilde que Howlin’ Wolf.

Podés escuchar ese ingenio letal en una canción como “Ride On, Baby”, que los Stones grabaron a fines de 1965: una sátira del Swinging London en la que Mick mira a los chicos mod de la escena a su alrededor y los analiza en detalle, junto al groove silbante del clave de Brian Jones. Ve a groupies, modelos, freaks del speed (“El rojo alrededor de tus ojos dice que ya no sos un niño”) como petulantes. La música es imposiblemente glamorosa y ominosa al mismo tiempo, con los adornos de marimba, autoharp, y una Rickenbacker de 12 cuerdas de Brian. Pero después Mick da el golpe de gracia, agrupando todo en un suspiro: “Para cuando tengas 30, vas a parecer de 65/No vas a tener más belleza, y tus amigos te van a haber dado el beso de despedida”. Todo acerca de ese momento es sorprendente: el modo displicente con el que Mick lanza la indeseable edad de 30, el uso casual del tiempo futuro perfecto, pero sobre todo la manera en la que, cuando entrás en la canción, él se alejó bailando en la distancia. No se queda a ver cómo termina la historia -la noche es joven y Mick tiene otras fiestas a las que incendiar-. Encantado de conocerlo. Ojalá hayas adivinado su nombre. No tiene ninguna expectativa de volver por acá otra vez.

Esa vena canalla es parte del encanto de los discos de los primeros Stones, como Aftermath y Flowers. Mick la comparte con Lou Reed, uno de sus colegas rockeros de los sesenta a los que admiraba abiertamente. “Incluso nosotros tuvimos influencia de la Velvet Underground”, le dijo Mick a NME en 1978. “Te voy a decir exactamente lo que le robamos a él. ¿Viste ‘Stray Cat Blues’? Todo el sonido, el ritmo, se lo robamos al primer disco de Velvet Underground. Viste, el sonido de ‘Heroin’. Con una mano en el corazón, se lo robamos.”

Ese sesgo no sentimental es la razón por la que Mick se mantuvo sagaz, mientras otras leyendas se ponían rancias. Es también la razón por la cual podés contar con que él va a ser gracioso. Si no hubiera sido más que un comediante, de todos modos lo saludaríamos hoy. Su contoneo autoparódico con Peter Tosh en “(You Got to Walk and) Don’t Look Back”. Su competencia de baile con Bette Midler en el video de “Beast of Burden” en 1983. (Bette: “Quedate a escuchar cómo canto tu canción. ¡La canto mejor que cualquiera!”. Mick: “Bueno, que casi cualquiera”). Su desafío con Bowie en MTV en “Dancing in the Streets”, uno de los momentos más bizarros en las carreras de cualquiera de los dos. Pero siempre está buscando una broma, razón por la cual el Sr. Amor en Vano está tan enamorado de ser vano. Quizás por eso Carly Simon le pidiera a Mick Jagger que hiciera voces de acompañamiento en “You’re So Vain”. Lo podés escuchar gimiendo junto a Carly -“¡Apuesto a que creés que esta canción es sobre vos! ¡No lo creas! ¡No lo creas!”- y te das cuenta de que Mick canta como sólo podés cantar si sinceramente creés que todas las canciones son sobre vos.

Uno de los mejores momentos de Mick es el famoso concierto gratis de los Stones en el Hyde Park en Londres en julio de 1969. Se suponía que sería el gran debut de su nuevo guitarrista Mick Taylor; trágicamente, Brian Jones, a quien acababan de echar, arruinó sus planes ahogándose en su piscina. (Brian en estado puro: encontrar nuevas formas de ser un grano en el culo hasta el final). Así que lo transformaron en un tributo a Brian, un festival hippie con seguridad de los Hells Angels. (Una idea que funcionó exactamente una vez). Mick empieza leyéndole al público un poema, “Adonais”, de Shelley, su elegía para John Keats. Está parado con su libro con una camisa con volados blancos. Podría haber sido un momento ridículo, pero él se compromete hermosamente. Es el último momento en su carrera -quizás en su vida- en el que aparece en público tomándose en serio los ideales utópicos de otra persona. Después empieza el show y podés ver a Mick deshacerse a las sacudidas de todo el mito de los sesenta. (Otro detalle loco de esta interpretación: abrió King Crimson, así que en las imágenes de la película, podés ver a Robert Fripp al costado de escenario mirando a Mick como un chaperón estricto).

Amo a tantos Micks: Mick el joven bromista del blues (“The Spider and the Fly”, “Down Home Girl”), Mick el mago psicodélico (“Dandelion”, “Citadel”), Mick el libertino de los setenta (“Rocks Off”, “Hand of Fate”). Tengo un cariño especial por el Mick Sórdido de los Ochenta, en discos de exquisita mala reputación como Emotional Rescue y Undercover, desde “She’s So Cold” hasta “She Was Hot” (su respuesta a “Mother of Pearl”, de Bryan Ferry). La mayoría de estas identidades son poses que dejó atrás, más mierda que se limpió del zapato.

Pero si hay un disco que resume su genio para mí tiene que ser Some Girls, del verano de 1978. (¿Por qué le pusieron Some Girls? Como explicó Keith en la época: “No nos podíamos acordar de sus jodidos nombres”). Es el disco más Mick de ellos porque compuso la mayoría de la música: Keith estaba muy atrapado en las drogas, justo antes del arresto en Toronto que casi termina con la banda. Es su disco más malvado, grosero y gracioso -por no mencionar que fue el más vendido de su historia-. Fue uno de los primeros discos que me compré cuando era chico, que me explotó mi cabeza de muchacho, de a un “shedoobie” por vez. En la controvertida canción del título, Mick no es tímido a la hora de hablar del alto costo de ser un mujeriego. Se explaya en detalle: seguro, muchacho, podés perseguir esa fantasía si realmente querés, pero te va a costar. Y probablemente no puedas pagarla, porque no sos Mick Jagger. “Some Girls” me introdujo a conceptos adultos exóticos como demandas de paternidad, enfermedades sociales, arreglos de divorcios. Es una canción que no podía haber compuesto nadie más -ni nadie se habría animado a cantar-. Pero es todo él. Después de todos estos años, Mick Jagger se sigue presentando, desafiándonos a que lo entendamos. Pero nunca nadie va a adivinar verdaderamente su nombre.

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