Moscú: aires chejovianos en una obra de Diament

Leni González
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27 de julio de 2018  

Buena / Dramaturgia: Mario Diament / Elenco: Alejandra Darín, Maia Francia y Antonia Bengoechea / Vestuario y escenografía: Paula Molina / Iluminación: Miguel Morales / Coreografía: Mecha Fernández / Música original: Sergio Vainikoff / Producción: Alberto Teper / Asistencia de dirección: Florencia Laval / Dirección: Daniel Marcove / Sala: El Tinglado, Mario Bravo 948 / Funciones: viernes y sábados, a las 20 / Duración: 80 minutos.

La maestra de escuela soltera y sin señal de pretendientes; la casada, sin hijos y con un hombre al que desprecia por mediocre y previsible; y la joven casi adolescente, promesa de un destino diferente. Olga, Masha e Irina son hermanas, conocieron un pasado más lustroso pero ahora viven en un gris pueblo de provincia en la Rusia todavía zarista de principios del siglo XX. Las tres tienen un sueño: volver a Moscú, la ciudad donde las cosas suceden.

Como tantos otros autores y directores, Mario Diament también revolvió en el inagotable arcón de Antón Chéjov (y sin duda, Las tres hermanas es una de las más visitadas) para escribir una obra que pone la lupa en las chicas Prózorov para otorgarles protagonismo absoluto. Solo por sus diálogos, sabremos de algunos de los otros personajes (catorce en el original). El autor respeta y sintetiza la historia pero, a la vez, recrea los encuentros a solas de las hermanas, sus charlas y confesiones cuando nadie observa. El título elegido es Moscú porque representa en primera línea el deseo femenino y aquello que el martillazo del tiempo hace en ese delicado tejido de ilusiones.

Tercera obra que Daniel Marcove dirige de Diament (después de Tierra del fuego y Franz & Albert), la puesta de Moscú pone en el centro del escenario un péndulo y por todas partes, desparramadas y en pilas, una multitud de valijas, intervenidas por el artista plástico Daniel Epstein. En ese lugar, una especie de cuartito o buhardilla, ellas se mueven descalzas (los tres pares de zapatos, uno al lado del otro, quedan expuestos a los espectadores), bailan, lloran, habitan su ensueño y se resisten a olvidar que otra vida es posible.

Con un vestuario de época muy austero con pocos pero certeros cambios de accesorios según el paso de las estaciones, las tres actrices componen con sensibilidad a estas hermanas: Alejandra Darín (protagonista de la premiada Tierra del fuego, de Diament y Marcove) es Olga, conservadora y fatigada por su responsable rol económico en la familia; Maia Francia es la que expresa con más nitidez la contradicción entre la libertad y las reglas: su Masha es adorable, irónica y hondamente triste; y Antonia Bengoechea tiene el encanto fresco del porvenir que ilumina a Irina. Aunque critiquen a la cuñada por vulgar y por manipular a su "débil" hermano Andrei, las dos mayores aún esperan que sea un hombre el que las salve del tedio. Sin embargo, la menor, Irina, ya representa otro modelo femenino, el de la independencia personal, y en ese aspecto, la mirada de Marcove no es pesimista. Tal vez Moscú no esté tan lejos y esa chica, algún día consiga tomar el tren.

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