Ricardo Darín y Mercedes Morán: la pareja más esperada

Darín y Morán interpretan a un matrimonio de décadas que, ante el nido vacío, se cuestiona su felicidad en "El amor menos pensado"
Darín y Morán interpretan a un matrimonio de décadas que, ante el nido vacío, se cuestiona su felicidad en "El amor menos pensado" Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Natalia Trzenko
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2 de agosto de 2018  • 00:13

Si se trazara el mapa de las carreras de Ricardo Darín y Mercedes Morán habría que dibujar dos líneas paralelas, dos caminos profesionales con similitudes y diferencias que comenzaron casi al mismo tiempo y que fueron ganando kilómetros de experiencia, reconocimientos y popularidad entre la TV, el teatro y el cine. Dos caminos que se cruzaron brevemente hace catorce años en algunas escenas de Luna de Avellaneda y que los trajeron hasta acá, hasta El amor menos pensado, la comedia romántica que los tiene como indispensables protagonistas. Como si se tratara de esos encuentros predestinados de los que abundan en el cine romántico, la película - que se estrena hoy - los reúne simplemente porque era el momento preciso.

"Cuando fuimos invitados para darle forma a este proyecto, la sensación que tuve es que a ambos nos pasó lo mismo: que había llegado el momento de hacer algo juntos. No me imagino haciendo esta historia con otra actriz. Y no solo porque cuando leí el libro la vi a ella. Tiene que ver con conocer como es su humor, su pH. Sentí que se habían alineado todos los planetas", dice Darín, que tanto se entusiasmó con el guión que el director Juan Vera escribió junto a Daniel Cúparo que, además de sumarse como actor, decidió que El amor menos pensado sería el primer emprendimiento de Kenya Films, la productora que armó con su hijo, Chino. Y eso sin tener, cuenta, la información crucial que ahora le comparte Morán: "Juan dice que la escribió pensando en nosotros dos".

Trailer de El amor menos pensado - Fuente: Youtube

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Si Darín y Morán fueron la inspiración para los personajes de Marcos y Ana -matrimonio de más de veinte años mirando de frente al abismo del nido vacío-, la historia que cuenta el film parece provenir directamente de las comedias románticas del Hollywood clásico. Relatos de amor y humor que se tomaban el tiempo necesario para presentar lo que querían contar y que confiaban en la construcción meticulosa de cada uno de sus personajes.

"En esta película, el tratamiento del humor y la emoción no están forzados ni tienen golpes bajos. Lo que lo hace un material muy noble, que no especula. Hay un tratamiento clásico de género, pero no hay clichés ni una fórmula efectista", explica la actriz que hace pocas semanas ganó el premio a la mejor actriz en el festival de Karlovy Vary por su trabajo en Sueño Florianopolis de Ana Katz.

Cuentan los actores que, puestos a hacer "el trabajo de escritorio" antes de la filmación, encontraron otra feliz coincidencia en el modo en que querían contar la historia de Marcos y Ana, dos personas maduras, aparentemente más cerebrales que emocionales, que en un buen día comienzan a hacerse preguntas que no saben cómo -o siquiera si deben- contestar.

"Muchas de nuestras sugerencias tuvieron que ver con la economía de recursos. Juan se encontró con dos cultores de esa forma de trabajo, de contar más con menos. Vos podés defender ese estilo cuando tenés confianza, cuando tenés fe en el intercambio, cuando con una mirada te entendés y comunicás lo que pasa. En este caso fue así: creímos en lo que podíamos construir nosotros con el vínculo, en la relación de esta pareja. Confiamos en el camino andado de los personajes para poder transmitirlo más con gestos que con palabras", cuenta Darín. Morán agrega: "Desde el principio, el guión tenía una cualidad que a mí me parecía muy interesante y que reforzaba este criterio compartido con Ricardo. No hay una gran escena de despedida o una gran escena de reconociliación, esos clichés no están. Se desarrollan los pequeños acontecimientos. Porque eso hace todo menos solemne, menos pretencioso. Eso estaba desde la primera versión del guión y por ahí encontramos el camino".

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Gente como uno

"Tranquila, tenemos toda la vida por delante", dice Marcos. "Eso es lo que me asusta", le contesta Ana, sumida en un crisis existencial que comienza cuando el hijo de ambos se va a estudiar al exterior y la casa que comparte el matrimonio parece estar llena de cosas a las que ya no le encuentra sentido. Unas máscaras decorativas, un arpón empotrado en la pared, esa taza que sostiene entre sus manos porque no puede hacer otra cosa, pequeños recordatorios silenciosos de que algo -mucho- no va bien.

"Lo que viven los personajes genera mucha empatía, porque lo que le pasa a esta pareja es algo por lo que todas las parejas pasan. Aparece esa pregunta: «¿Esto que tenemos sigue siendo amor?» Estos dos, Ana y Marcos, toman el toro por las astas y contestan el interrogante: «¿Habrá otra vida posible, igual o más feliz que la que tengo?» Y como decimos con Darín: no hay muchas películas que cuenten una historia de amor de gente de nuestra edad. En general parece que el amor fuera un tema de gente joven. A mí personalmente, como espectadora y como mujer, me encanta que se cuenten estas historias porque el amor nos acompaña a todos y no es de una sola edad", dice Morán, que hace maravillas con Ana, una mujer que frente la ruptura de su matrimonio sigue siendo una persona interesante, inteligente y extremadamente graciosa, otra rareza para las comedias románticas más recientes, que suelen relegar a las mujeres en su situación a ser amas de casa desesperadas, el remate de un chiste que no causa ninguna gracia. Todo lo contrario de lo que generan las aventuras y desventuras de Ana. Y las de Marcos, claro, al que Darín le aporta la perfecta medida de desconcierto, emoción y madurez. Pero ya lo dice el actor: "En esta película, las graciosas son las mujeres". Y especialmente Morán. "Para mí, Mercedes hace un trabajo excepcional en la película y lo vengo diciendo desde las primeras tomas", afirma Darín, y mira a su compañera de elenco con una sonrisa porque sabe lo que se viene.

"Lo que pasa es que todo el trabajo que pudimos hacer se consiguió porque hubo un encuentro, coincidencias. Para mí trabajar con Ricardo fue muy placentero y cuando te pasa eso todo resulta más fácil. Rodás una escena donde tenés que mirarte con amor después de veinte años de casados y no es sencillo, aunque tengas al lado un actor al que admirás, a una persona a la que querés como es nuestro caso, sino que además en la instancia de actuar y construir ese vínculo necesitás mucho entendimiento. No se puede hablar de un trabajo individual, es un ida y vuelta que construimos entre los dos", dice la actriz, y Darín se ríe. E insiste: "Dice todo eso porque no me acepta el cumplido. Es cierto que es más facil construir una historia cuando admirás lo que está haciendo el otro, cuando te das cuenta de que estás tocando la nota adecuada. Porque en definitiva es todo una partitura y cuando escuchas que los instrumentos están afinados, que todo está en su lugar y la interpretación lo eleva, sentís que formás parte de algo que está ocurriendo. Y eso es muy estimulante. Va en contra del cansancio, de que se te caiga la energía, de que hace diez horas que estás en el set, que hace calor, hace frío, que tenés hambre, no importa nada". Es que a veces, en el mejor de los casos y con los mejores compañeros de ruta, una película se parece bastante al amor.

Darín, sobre las acusaciones de maltrato: "El tiempo pondrá las cosas en su lugar"

Desde que se conocieron la declaraciones de Valeria Bertucelli y Érica Rivas en las que ambas, con diferencias, hablaban de la mala experiencia que habían tenido trabajando con Darín en la obra Escenas de la vida conyugal, el actor sabe que se le va a preguntar sobre el tema. Y también sabe que todo lo que diga generar más polémica y malos entendidos.

"Con toda esta controversia que se generó recibí opiniones muy diversas, recomendaciones muy distintas, consejos de todo tipo. Y atento y respetuoso del momento de movilidad social, sobre todo en el colectivo femenino, he entendido algo claramente: hay que ser muy prudente con lo que digas porque puede parecer que te querés victimizar para defenderte o que se entienda mal y que parezca que estás ofendiendo o atacando para defenderte. O sea la clave es que siempre es defenderte. Y lo que a mí me cuesta mucho es tener que defenderme de algo de lo que no me siento culpable. Para ser claro y concreto, creo que necesariamente tengo que confiar en que el tiempo ponga las cosas en su lugar. Por supuesto, nunca va a ocurrir lo que yo quisiera que suceda, que es que alguien salga a decir «No es verdad, me equivoqué», pero sí confío en que a la larga la verdad generalmente aparece", dice Darín de la situación, de "la nube de lluvia" que tiene sobre la cabeza por el tema que, para sorpresa de nadie, se tornó en un tópico que recorrió y recorre las redes, donde la especulación y la manipulación mandan.

"Lo pernicioso es que las cosas queden flotando, y se vaya modificando y tergiversando. Entonces lo que aparecía como un destrato ahora, como leí en alguna red social es un comentario tipo «No puedo creer que Ricardo Darín sea un abusador». Cuando ves que esas cosas ocurren, se te paran un poco los pelos de la nuca y no sabes muy bien qué hacer ¿A quién le hago caso? ¿A los que me dicen que esto es para hacer una demanda o esto es para esta otra cosa?. Yo no quiero hacer nada de todo eso. No tengo intenciones revanchistas ni le deseo daño a nadie, lo único que me gustaría es que en algún momento mi nombre quedara un poco más en paz", razona el actor, a sabiendas de que es poco probable de que esa paz llegue en lo inmediato. "No es un buen consejero sentirte herido, sentirte calumniado. Creo que necesito que pase más tiempo, donde se pueda hablar sin que las cosas sean malinterpretadas".

En la presentación del film; detrás, el logo de Kenya Films, la productora que estrenó Darín junto a su hijo Chino
En la presentación del film; detrás, el logo de Kenya Films, la productora que estrenó Darín junto a su hijo Chino Crédito: Gerardo Viercovich

El film, debut como productor de su hijo Chino

Si El amor menos pensado muestra el esperado encuentro entre Darín y Morán en pantalla, otra reunión existió fuera de cuadro. "La productora es una idea descabellada del Chino que yo seguí. Fue una inquietud suya con la que me taladró el cerebro durante años. Aunque era una necesidad más de él que mía, nobleza obliga: si el tipo decidió ir por este camino de la actuación influenciado por lo que vivimos juntos, mínimamente lo que yo podía hacer era devolvérselo con confianza y acompañarlo en esta gestión. Hay un momento de la vida en que lo que querés es laburar menos, no más. No estoy hablando de jubilarme, pero sí de tomarse las cosas con más calma, disfrutar de la vida, desprenderse de ciertas cosas. A mí no me ocurrió, todo lo contrario. Estoy contento por él y por mí".

Morán, premiada en el exterior

Cuando le contaron que Sueño Florianópolis, la película de Ana Katz que también protagoniza, iba a competir en el festival de Karlovy Vary, confiesa Morán que tenía una idea equivocada, prejuiciosa de lo que se encontraría en el festival de cine checo, en la que ella ganó el premio a la mejor actriz y la película, otros dos galardones.

Trailer de Sueños de Florianópolis - Fuente: YouTube

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"Fue una experiencia hermosa. Nos encontramos con un festival maravilloso, con una programación fantástica, con una organización espectacular. Uno se imagina un festival de Europa del Este con una cierta solemnidad, y nada estuvo más alejado de lo que vivimos", recueda Morán que se fue del lugar con un consejo muy valioso. "El premio en sí mismo es una escultura preciosa pero enorme, y ellos mismos se ríen de eso. Me dijeron enseguida que no me olvidara de despacharlo porque si lo llevaba en el equipaje de mano me lo iban a sacar por ser un objeto contundente".

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