Cómo Ferrari volvió apasionante el Mundial de Fórmula 1

Hamilton y Vettel
Hamilton y Vettel Fuente: Archivo
Pablo Vignone
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26 de julio de 2018  • 23:59

Excitante, impredecible, apasionante: la Fórmula 1 está ofreciéndonos en 2018 su mejor campeonato en años. Los duelos entre Mercedes y Ferrari , y entre el campeón Lewis Hamilton y el desafiante Sebastian Vettel , son tan apretados como nunca se habían visto en la era de los motores híbridos, implantada en 2014. Hay que remontarse décadas en el historial para encontrar tres Grandes Premios consecutivos, como lo fueron las últimas carreras en Austria, Inglaterra y Alemania, tan atractivos, con fantásticas maniobras y golpes de escena. Desde que arrancó el campeonato, en el que tanto Hamilton como Vettel buscan emular a Juan Manuel Fangio conquistando una quinta corona, se intercambiaron la punta del torneo en cinco oportunidades. Este domingo, el GP de Hungría cerrará la primera parte del torneo, antes de las tradicionales vacaciones estivales en Europa, una oportunidad propicia para repasar las razones del saludable suceso.

Entre 2014 y 2016, Mercedes transformó el Mundial en un feudo. Hamilton y su compañero de entonces, Nico Rosberg, dominaron a voluntad, repartiéndose el 86 por ciento de los triunfos (51 de 59) y todos los títulos.

La reacción de Ferrari coincidió con el retiro de Rosberg, a fines de 2016. Durante la temporada pasada Vettel condujo un auto muy mejorado a nivel de potencia (aunque con unos 15 HP menos que los Mercedes) y que brillaba en los circuitos más lentos; pero un error en la largada del GP de Singapur -que desencadenó una colisión múltiple- y la falla de una bujía en Japón sentenciaron su suerte. Este año es distinto.

El primer Gran Premio, en Australia, estableció los parámetros: la Ferrari SF71H era más veloz que el Mercedes W09 en las rectas, pero los coches plateados transitaban más rápido las curvas. La casa de Maranello asimiló las enseñanzas de la temporada anterior y produjo un auto 12 centímetros más largo entre ejes respecto del modelo 2017, para no quedar tan atrás de Mercedes en los circuitos veloces.

Con ese panorama, Vettel ganó las dos primeras carreras del año (Australia y Bahrein) y fue segundo en Mónaco. Después de la cita en el Principado -un escenario propicio para Red Bull, el tercer mejor equipo de la F-1- el alemán, Hamilton y Daniel Ricciardo se habían repartido equitativamente las seis carreras disputadas. El campeonato ya (tenía) un sabor irresistible

El panorama cambió a partir de Canadá, cuando Ferrari introdujo una evolución de su motor, mucho más potente. Vettel se impuso en Montreal (una pista de 220 km/h de promedio) y pasó a liderar el certamen por un punto sobre Hamilton.

La sucesión de circuitos veloces que vinieron a continuación favoreció la actuación no solo de los autos rojos sino de las escuderías satélites de la casa de Maranello, como Haas o Sauber, que están equipados con el mismo motor. Según mediciones hechas por Mercedes, las mejoras se focalizan en el sistema híbrido, en la batería que almacenan la energía recuperada en las frenadas (se sospecha que usan una batería doble, una que almacena y otra que entrega energía) y en la manera en que se aplica esa potencia adicional, que la casa alemana estimó esta semana en 38 CV.

"Ese es un valor que tarda dos años en alcanzarse normalmente", aseguró el director deportivo de Mercedes, Toto Wolff. "Pero si Ferrari pudo hacer eso en tan poco tiempo, tenemos que ser capaces de hacerlo". Para Cyrtil Abiteboul, de Renault, "es realmente extraño lo que Ferrari está haciendo (con su motor), pero extraño no quiere decir que sea ilegal". Para la FIA, la operación híbrida de los italianos es perfectamente legal.

En Silverstone, el GP "local" de Mercedes, el rendimiento de las Ferrari fue superlativo. Un circuito en el que el 88 por ciento de la vuelta se transita con el acelerador a fondo puede considerarse como prácticamente una recta durante el 88 por ciento del recorrido. Los coches italianos, que desde el arranque del año habían mostrado superioridad en línea recta, encontraron las condiciones ideales para desarrollar toda su capacidad. En la clasificación había cinco autos equipados con el V6 italiano (las dos Ferrari, los dos Haas y el Sauber de Leclerc) entre los diez primeros. En el Gran Premio, Vettel fue primero, delante de Hamilton, y estiró su ventaja transitoria en el Mundial (ver infografía).

Se esperaba que en Hockenheim, el último fin de semana, el dominio se atenuara: solo se acelera a fondo en el 55 por ciento del recorrido de la pista alemana. Sin embargo, las Ferrari les sacaban medio segundo a los Mercedes en cada uno de los tres tramos (rectos) del escenario. Según los ingenieros alemanes, la diferencia estaba en la aceleración a partir de los 200 km/h, lo que sostiene la idea de que la mejoría de Ferrari viene por el lado de la manera en que aprovecha la energía eléctrica.

Sin embargo, el punto débil de la candidatura ferrarista es la tendencia de Vettel a fallar cuando es presionado. Este año ya rifó un triunfo en Azerbaiján y complicó su chance en Francia con un toque en la vuelta inicial. Su tremendo error en Hockenheim, cuando regaló una victoria que parecía asegurada, acaso tuvo que ver con la evidencia de que Hamilton podía descontarle hasta tres segundos por vuelta bajo la lluvia. Quizás el inglés lo habría vencido de todas maneras, aún sin despiste. "Hay errores que no deben ocurrir, otros que no deben volver a pasar. Intento minimizar los fallos", dijo ayer en Budapest.

Mercedes acusa el golpe: la Ferrari es más veloz en el transcurso de una vuelta, su motor no supera los 1.000 HP como el del rival, las fallas mecánicas se repiten sospechosamente (se cree que el problema hidráulico que obligó a Hamilton a largar 14° en Alemania es el mismo que dejó fuera de carrera a ambos Mercedes en Austria), el coche no siempre extrae el mejor rendimiento de los neumáticos y en el fragor de la carrera su estrategia falla a menudo. Aún así, lidera ambos campeonatos, el de marcas y el de pilotos. Sin dominar como en el trienio 2014-2016, cuenta con una tremenda carta de triunfo: la confianza de su campeón.

Hamilton se marchó de Hockenheim con un triunfo increíble, el liderazgo en el Mundial por 17 puntos (la máxima ventaja del certamen, la misma que le llevaba Vettel después de Bahrein) y un aura mística que no se veía en la Fórmula 1 desde la época de Ayrton Senna. Mercedes regaló el triunfo en China por un error estratégico, que repitió en Austria e Inglaterra. Pero su campeón ya sumó cuatro victorias en la temporada (una más que Vettel) y parece mucho menos propenso a quebrarse bajo presión que el alemán. "La presión es enorme este año", reconoció ayer. "Las demandas hacia mí y Sebastian, son más altas que nunca".

Ferrari puede dar otro golpe este domingo en Budapest, un trazado lento, dónde Vettel ganó dos de las últimas tres carreras. Su gran rival no será Mercedes, que no suele correr bien allí, sino RedBull, que no se verá tan penalizado por la falta de potencia.

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