Zárate tiene custodia policial por amenazas de hinchas de Vélez enojados con su pase a Boca

Mauro Zárate llegó a Boca y las amenazas de hinchas de Vélez nunca pararon
26 de julio de 2018  • 21:40

Algún destino exótico en su dilatada carrera, como los pasos por Doha y por Dubai para jugar en Al-Sadd y en Al-Nasr, respectivamente. Pero en general, a Mauro Zárate , hoy con 31 años, le tocó desempeñarse en clubes europeos de países como Italia e Inglaterra. Al margen de las pasiones, en algunos casos más efusivos que otros, sin desbordes irracionales. Nada que lo alterara más allá de lo deportivo. Por eso, no debe creer ni entender lo que le está sucediendo en su regreso a la Argentina. Por ejemplo, tener custodia policial en su casa a raíz de las amenazas que recibió tanto él como su esposa. ¿Cuál fue "el pecado"? Irse de Vélez , el club que lo identificó desde siempre y al que había vuelto hace unos meses "para dar una mano", para sumarse a Boca . Con la sola idea de estar en una entidad de mayor prestigio y de competir por trofeos más importantes.

Los trascendidos que circulaban durante la etapa previa y también en pleno Mundial Rusia 2018 sobre su incorporación al plantel que dirige Guillermo Barros Schelotto encendieron la furia instantánea de los hinchas del conjunto de Liniers. Tildado de traidor, con quema de camisetas con su número y nombre, más amenazas por las redes sociales que ganaron terreno vertiginosamente, de pronto su día a día se transformó. Zárate, un delantero habilidoso, encarador, que supo sobreponerse a marcaciones férreas de sus rivales, llegó a ir a un programa de TV para "aclarar" los motivos de su decisión de dejar Vélez. Casi sin levantar la vista del piso, como si hubiese cometido una herejía. Sonaba hasta a un pedido de perdón a Vélez. Innecesario.

La quema de la camiseta

Hincha de Vélez quema la camiseta de Mauro Zárate - Fuente: Youtube

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Cuando se realizó la revisión médica rutinaria para incorporarse a Boca, la masiva presencia periodística que lo aguardaba en la calle no apuntó a conocer sus ilusiones con la camiseta xeneize, lo que representaba para él su mayor desafío futbolístico en la Argentina, sino a saber qué pensaba de los agravios reiterados de muchos simpatizantes de Vélez. Las amenazas se propagaron y llegaron hasta a la pareja de Zárate, Natalie Weber , que admitió públicamente: "Van a matar a mis hijos y a nosotros también. Recibimos amenazas por las redes sociales, por Instagram y Twitter, y también por WhatsApp. No se puede creer. La gente no entiende que lo de Mauro es trabajo".

Fue la propia Natalie la que, en medio de ese clima intolerable, tomó una decisión: transmitir sus temores por el destino de su familia al entorno de la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich . Al poco tiempo, Weber presentó una denuncia, que recayó en el Juzgado Federal N° 1 de San Isidro, de la doctora Sandra Arroyo Salgado . Tras analizar el caso, la jueza determinó que se le suministrara una custodia domiciliaria a Zárate y su familia, que entró en vigencia hace unos 20 días, brindada por la Policía Bonaerense.

Su primer gol en Boca

Mientras tanto, el futbolista hizo la correspondiente pretemporada con el plantel de Boca en la Florida estadounidense, en Sarasota, y ya está de regreso. Tuvo allá sus primeros contactos con los nuevos compañeros, conoció la idea futbolística del DT Barros Schelotto y lo que necesitaba de él en la Superliga y la Copa Libertadores, y participó en algunos amistosos, convirtiendo un gol frente a Independiente Medellín (victoria por 4-2). A la vez, pensando a la distancia, cómo no, en la seguridad familiar y en la triste realidad que le toca vivir solo unos meses después de haber tomado la decisión de retornar al país, tras cerrar un amplio periplo europeo. Con sueños, también, de ser parte en la nueva selección argentina luego de la debacle en Rusia 2018. Si bien Zárate, que comenzó su carrera en Vélez allá por 2004 después de haber incursionado por las divisiones inferiores del club, conocía los problemas que existían con los hinchas y las barras, ni remotamente imaginaba ser un futbolista custodiado. Con temores justificados por excesos que no entienden de razón.