Vidal otra vez a la ofensiva en una batalla sin final a la vista

Martín Rodríguez Yebra

Columna de Martín Rodríguez Yebra

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27 de julio de 2018  

Roberto Baradel y su apuesta al conflicto interminable devuelven a María Eugenia Vidal a territorio conocido. "Pelea por plata y por cargos, no por los sueldos de los maestros", decía ayer la gobernadora en reuniones reservadas cuando se formalizó el anuncio de un paro de tres días al final de las vacaciones de invierno.

Después de medio año de negociar para nada, dio la orden de pasar a la ofensiva contra los gremios docentes: conciliación obligatoria, más medidas de control y no moverse de la oferta de aumento que presentó a principios de la semana.

No lo admitirá nunca, pero el desafío de Baradel le da algo semejante a un respiro en el momento político más delicado que le toca enfrentar en los dos años y medio que lleva como gobernadora de Buenos Aires. Nunca se había exhibido tan afectada como en las últimas semanas, desde que explotaron la denuncia y la posterior investigación judicial sobre los presuntos aportantes falsos a la campaña de Cambiemos.

Esa tormenta está lejos de haber pasado. Sabe que la esperan semanas incómodas, en las que le tocará demostrar -y no solo con discursos- que su honestidad y la de su círculo más cercano no están comprometidas. Por más que el daño político resulte a estas alturas alto e inevitable.

Conscientes de su hora de debilidad, cerca de Vidal atribuyen el llamado de Baradel al décimo paro del año -y el más largo- a una jugada del kirchnerismo para profundizar la sensación de crisis política.

Por eso espera una disputa prolongada, acaso sin acuerdo en lo que resta del año (algo sin precedente desde que se celebran las paritarias docentes). El año pasado, con una docena de huelgas a cuestas, se alcanzó un acuerdo a principios de julio. Ahora asoma agosto sin distensión a la vista.

Vidal sospecha incluso que Baradel y sus socios desconocerán la conciliación obligatoria que convocará en las próximas horas el Ministerio de Trabajo y pararán igual.

En el gobierno provincial recuerdan que ya lo hicieron el año pasado en una de las medidas de fuerza. Y deslizan un dato que puede anticipar una escalada del conflicto: por aquel incumplimiento, el Ministerio de Trabajo instruye un expediente que podría derivar en una multa multimillonaria como la que se le aplicó días atrás al gremio de Camioneros, de Hugo Moyano. "La justificación en el caso de los docentes es todavía más evidente", dice una fuente muy cercana a Vidal.

En paralelo, la ofensiva incluye perseverar en el rigor de los controles sobre los gremios docentes. La gobernación insiste en revisar los padrones de afiliados, que consideran inflados. Vidal se vanagloria de "haber mandado a las aulas" a unos 600 ñoquis que figuraban en el Ministerio de Educación, mantiene los premios por presentismo y apuesta a terminar con lo que suele llamar "la mafia de las licencias". El gobierno insiste en que este año va a ahorrar hasta 7000 millones de pesos en suplencias al recortar permisos otorgados a docentes de manera irregular.

Los negociadores de Vidal trabajan con la consigna de no volver a tocar la propuesta salarial. Ofreció 15% hasta julio (más 1,7% por materiales didácticos) y volver a discutir dentro un mes por el resto del año. La suba ya se pagó a cuenta y, argumentan en La Plata, cubre la inflación oficial del primer semestre. Baradel pide el 30% por todo 2018 y una cláusula gatillo si el índice finalmente supera ese límite. En medio de la incertidumbre económica, con la recesión a las puertas y sin certeza de cómo va a funcionar la recaudación, la gobernadora se niega a cerrar ahora una paritaria anual.

La batalla depara nuevos capítulos que mostrarán a Vidal en un perfil combativo, reconocible. Distinta a la dirigente a la defensiva de los últimos días. Lo vive como una cruzada personal, a la que la alienta siempre el presidente Mauricio Macri: ayer lo hizo por chat en un descanso de su agenda en Sudáfrica.

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